El techo de la Corte
7 de febrero de 2012 por Paola GutiérrezEl Poder Judicial figurará pronto entre los primeros puestos del ranking de mejores lugares para trabajar en Costa Rica, no solo por los beneficios laborales in crescendo, sino también por la facilidad con que estos son aprobados haya o no haya disponibilidad presupuestaria.
No se preocupe, ahí vamos viendo en el camino.
Usted pida… que seguramente lo complacerán: el que no llora no mama. Además en este país de flaca memoria para este tipo de asuntos, es cuestión de esperar unos días para que la próxima noticia del momento borre cualquier cuestionamiento.
El que los magistrados en Corte Plena hayan votado a favor de romper el techo de la cesantía, actuando simultáneamente como juez y parte, favoreciendo de manera directa su propia situación laboral, lo deja a uno pensando.
El tope para los más de 9 mil empleados judiciales ya no son 8 sino 12 años. Y con el escudo de que la Sala Constitucional da el aval, pues entonces apague y vámonos porque la acciones están libres de pecado original.
¿Acaso los magistrados constitucionales no son también parte del paquetazo de beneficiados?
Bueno, y es que además hay cada justificación que lo vuelve a uno loco: ¿cómo es eso de que por estar en la Asociación Solidarista el levantamiento del tope no beneficia al trabajador?
O que como en otras instituciones se reconocen hasta 20 años, entonces algo había que hacer en el Poder Judicial para no quedarse muy atrás, escupiéndole en la cara al criterio de oportunidad.
Al menos 2 de los votos en contra de la medida corresponden a integrantes mujeres de la Sala Segunda, que se ocupa de los temas laborales: la magistrada Villanueva y la suplente Carro Hernández.
Y es que cuando la persona que decide se favorece de la decisión, se está frente a un mojón fronterizo muy bizarro que confunde la mente y los sentidos: el límite entre el bien y el mal.
¿Es imparcial juzgar en beneficio propio? Ser benevolente y generoso con uno mismo cuando no son recursos propios es un tema de cuidado.
No estoy en contra de los beneficios laborales que superan los mínimos legales, pero no se justifican en tiempos de crisis, cuando hay que socarse los pantalones y amarrarse la faja.
Se están haciendo ampliaciones en el techo de la Corte sin planificación suficiente, y cuando empiecen las lluvias muchos se van a mojar bajo las goteras, en cambio otros ya se habrán ido a sus casas a gozar de buenas pensiones.
















