Este jueves 8 de diciembre El Financiero le rindió un homenaje al economista Eduardo Lizano Fait, en el marco del 15 aniversario del galardón “El empresario del año”. Comparto aquí las líneas que escribí para esta ocasión:
Hablar de don Eduardo Lizano Fait es hablar del economista que sin duda alguna ha marcado el norte de la política económica y el sector financiero de Costa Rica en las últimas décadas.
Un ser humano excepcional, de mente brillante, pensamiento serio y profundo, exhaustivo en el estudio de la realidad. Un hombre sumamente estudioso al servicio del país, un erudito generoso con el conocimiento, maestro de una importante y brillante generación de economistas, un costarricense con una privilegiada visión estratégica y de largo plazo.
Es hablar también de una persona pragmática, tenaz, rigurosa, paciente, ejecutiva, negociadora, meticulosa, de decisiones y acciones, flexible cuando se puede y firme cuando se debe, abierta a la confrontación de ideas, aguda observadora de hechos y personas, sin poses, con un agudo sentido del humor, que sabe escuchar, distinguir entre lo cosmético y relevante y con una alta dosis del cada vez menos frecuente sentido común.
Como ávido lector, don Eduardo es un consumado devorador de libros, revistas, estudios, periódicos y cuanta página de interés llega a sus manos, así como un escritor incansable de libros, artículos, ensayos, reflexiones, investigaciones, proyectos, ideas, propuestas que germinan, crecen, florecen y dan fruto en el fecundo terreno de su mente. Por cierto, no utiliza computadora, escribe a mano y sus apurados trazos tienen más de jeroglíficos que de palabras.
De ello pueden dar fe su esposa, doña Teresita Di Mare, mujer inteligente que ha sido su punto de apoyo, y sus tres hijas.
También destaca como profesor universitario, consultor empresarial, asesor presidencial, consejero y guía, y ha dejado una huella indeleble en organizaciones e instituciones como el Banco Central de Costa Rica, Consejeros Económicos y Financieros S.A. (Cefsa), la Academia de Centroamérica y el Incae, solo por citar algunos casos.
De todos es conocida su gran capacidad didáctica y de comunicación. No todos los economistas gozan de la destreza de transmitir conceptos técnicos con la claridad y sencillez con que lo hace este maestro. Para ello se vale de frases populares que ejemplifican a la perfección lo que pretende decir; entre ellas, la del famoso “nadadito de perro”, así como “zapatero a tus zapatos” y “la jarana sale a la cara”.
Sería una mayúscula omisión no reconocer que don Eduardo Lizano Fait es, asimismo, un forjador de diálogos, entendimientos, acuerdos y alianzas políticas y económicas. Cuando se mueve en este campo puede hacerlo comandando la batalla o bien echando mano a una herramienta que sabe utilizar con sutileza maestra: insinuar, sugerir o susurrar al oído de quienes ostentan el poder. En otras palabras, saca el ajedrez del armario, lo desempolva, lo coloca sobre la mesa y —como quien no quiere la cosa— se aleja y permite que sean otros quienes jueguen y ejecuten el jaque mate.
Es justo y necesario agregar, con el permiso del vocabulario religioso, que este insigne ciudadano de nuestro país es un apóstol del cambio, un discípulo del progreso, un profeta de las transformaciones, una voz en el desierto de las modernizaciones.
Se trata del padre e impulsor por excelencia de dos reformas vitales, sustanciales, para el desarrollo de Costa Rica: la del modelo de desarrollo económico que marcó la segunda mitad del siglo XX, la de promoción y diversificación de las exportaciones y de la atracción de inversión extranjera directa (tendiente a lograr una economía más abierta, competitiva y que beneficie a los consumidores) y la del sector financiero (enfocada en promover la solidez del sistema mediante la apertura al capital extranjero privado y a la competencia). Dos paradigmas que prepararon mejor al país para afrontar los retos de la globalización.
De hecho, don Eduardo fue designado por EF como la “Figura pública 2002”, precisamente por ejecutar una tarea que sabe hacer bien: mantener la estabilidad de la política económica. Así lo hizo en un año de variables complicadas: cambio de gobierno, moderada actividad productiva y un importante debate en torno al recurrente tema de la reforma fiscal.
Imposible olvidar que también fue la pieza clave en la difícil renegociación con los banqueros internacionales de la deuda externa costarricense durante los gobiernos de 1982 a 1990, con lo cual el país reestableció relaciones con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Don Eduardo Lizano Fait ha sido siempre sinónimo y garantía de confianza y estabilidad.
En fin, es —sin duda alguna— el economista más influyente en nuestro país en las últimas décadas, alguien que encarna uno de los versos que nos heredó don Rodrigo Facio (a quien don Eduardo admira): “Vivir es mirar hacia delante, pensar, soñar, creer en que hay mañana”.