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Dengo y Figueres

2 de febrero de 2012 por Jose David Guevara

Muchas coincidencias entre dos reconocidos costarricenses: don Jorge Manuel Dengo Obregón y José María Figueres Olsen. Detallo algunas…

Ambos figuraron en portadas de periódicos el domingo 29 de enero del 2012; Dengo, en la de El Financiero (“¿Puede surgir otro Dengo?”), y Figueres en la de La Nación (“Mayoría no creyó en las explicaciones de Figueres”).

Los padres de cada uno de ellos son destacados personajes en la historia de nuestro país: el poeta y educador Omar Dengo y el tres veces presidente de la República, José Figueres Ferrer (“Don Pepe”).

Uno y otro experimentaron lo que es ser inquilino de la Casa Presidencial en Zapote. Dengo en calidad de vicepresidente (1986-1990); Figueres, como mandatario (1994-1998).

Ambos forman parte de la historia del Partido Liberación Nacional (PLN).

Cada uno de ellos ha sido noticia en muy diversas ocasiones, y por muy distintas razones, en los principales medios de comunicación de Costa Rica.

Tanto Dengo como Figueres han dejado huella, cada uno a su manera, en el desarrollo de las telecomunicaciones  en el país.

Ambos son ingenieros de profesión.

Los nombres de los dos empiezan con las mismas letras: JM.

Tomando en cuenta tantas coincidencias, me pregunto si Dengo y Figueres serán recordados por las mismas razones por los costarricenses y la Historia. Tengo la sospecha de que no…

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Un acróstico para don Jorge Manuel Dengo

24 de enero de 2012 por Jose David Guevara

Recurro a esa composición literaria llamada acróstico para rendirle un homenaje póstumo a don Jorge Manuel Dengo Obregón…

Joya

Organizado

Recto

Genio

Estratégico

Maestro

Adelantado

Noble

Util

Estudioso

Líder

Digno

Ejecutivo

Negociador

Generoso

Osado

Oportuno

Bondadoso

Responsable

Empecinado

Garante

Orientador

Notable

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Palabras bandidas

10 de enero de 2012 por Jose David Guevara

Las palabras son bandidas, pícaras, mal portadas, juguetonas, bromistas. Se divierten maquillándose, cubriendo sus cabezas con pañuelos o luciendo un antifaz tan solo para causar confusión entre quienes las leemos no de pies a cabeza, sino entre sílabas y consonantes.

Por eso, porque estas inquietas criaturas se prestan para malentendidos y desatinos, debería existir una obra que podría titularse Diccionario de Palabras Bandidas.

En caso de que alguien se anime a emprender esta tarea, le sugiero de una buena vez considerar los siguientes vocablos y definiciones:

Estadista: Político estratégico yvisionario en vías de extinción por culpa de depredadores como el cortoplacismo, el populismo, la demagogia y el mero cálculo electoral.

Política: El arte de entrabar, obstruir, atorar, pensar más en los intereses personales o partidarios que en los del país.

Negociación: Término que con el paso de los años perdió las letras o (de oír) c (de calidad) y la i (de integridad) hasta convertirse en el vocablo negación.

Comparecencia: Convocatoria a un show politiquero abundante en preguntas pobres, poses y pleitesías, que en honor a la verdad no le aporta nada importante a los ciudadanos.

Liderazgo: Palabra de uso exclusivo en los ámbitos empresariales y deportivos.

Reforma: Parche, remiendo, curita o aspirina.

Visión: Nombre comercial de una óptica.

Largo plazo: Tiempo que abarca desde una semana hasta tres meses a lo sumo.

Tamal: Plato navideño que se prepara con diez tazas de cinismo, una botella de llanto y un paquete de show político en polvo.

¿Y usted cuáles palabras y definiciones sugiere incluir en el Diccionario de Palabras Bandidas?

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¿Llegaremos a Ítaca?

6 de enero de 2012 por Jose David Guevara

Hay un país, no voy a decir cuál, que cada día se me parece más a Odiseo, el héroe griego de quien escribió Homero en La Ilíada y en Odisea.

Primera semejanza: La nación en cuestión fue capaz, al igual que el rey de la isla Ítaca, de realizar grandes hazañas. Así como el esposo de Penélope logró vencer a los troyanos —tras diez años de guerra—, gracias a la astuta idea de obsequiarle a sus enemigos un “trofeo” que consistía en un gigantesco caballo de madera (donde se escondían soldados), el país que tengo en mente se anotó —también con esfuerzo e ingenio— grandes victorias en materia de salud, educación, electrificación, agua potable, carreteras, etcétera; en otras palabras, supo vencer —en determinado momento— a la Troya del subdesarrollo.

Segunda similitud: Odiseo, así como el país cuyo nombre no revelaré, han vivido durante muchos años en la memoria de quienes lo admiran por los éxitos que cosecharon. En efecto, uno y otro han sido objeto de reconocimientos y aplausos a lo largo del tiempo; se les ha visto como un modelo a imitar.

Tercer parecido: Sin embargo, tanto Odiseo como la susodicha nación han enfrentado múltiples obstáculos en su retorno a la “tierra prometida”.

En el caso del héroe griego, el paraíso era Ítaca, donde lo esperaban Penélope y su hijo Telémaco. Allí se propuso regresar tras el sitio de 10 años a Troya; sin embargo, tuvo que lidiar otra década con los vientos, tormentas y tempestades que una y otra vez alejaron sus barcos del destino final.

Así, en lugar de arribar a las costas de su hogar, llegó a sitios como el país de los Cícones, el país de los Lotófagos (quien devoraba un loto olvidaba el regreso a su patria), la isla de las Cabras, la isla de los Cíclopes (gigantes fuertes que poseían solo un ojo), la isla de los Lestrígones, la isla de Ea (donde la maga Circe transformó en cerdos a los compañeros de Odiseo), el país de los Cimerios, la entrada del Hades, la isla de las Sirenas, la isla Trinacria y la isla de Calipso, entre otros lugares.

En el caso de la nación (reitero, no diré cómo se llama), Ítaca representa el retorno a la ruta del desarrollo, a aquellos tiempos en los que la Troya del subdesarrollo era sitiada y derrotada con visión de largo plazo, estrategia, clara definición de prioridades, ingenio, ideas y sueños.

Y es que en vez de dar un certero golpe de timón, el país sin nombre navega a la deriva, arribando una y otra vez a las islas de las Ocurrencias, los Obstáculos, los Disparates y la Politiquería, así como a la tierra de los Ciegos, los Demagogos, los Populistas, la Gradería de Sol y del Nadadito de Perro.

En el caso de Odiseo, este logró su cometido… ¿hará lo mismo el país cuyo nombre me reservo?

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Tamal literario…

23 de diciembre de 2011 por Jose David Guevara

Había una vez un pequeño país tan politizado que hasta la literatura estaba llena de politiquería…

Así, por ejemplo, en las librerías abundaban los libros de cuentos y cuentazos de Guevara (supongo que del español José García Ladrón de Guevara). La impresión de estas obras se llevaba a cabo en los talleres de las editoriales Mano Dura y Populista Empedernido.

También se encontraban los libretos del gran hombre de teatro Calderón (imagino que del también español Pedro Calderón de la Barca); solo que en este caso las ventas empezaron a disminuir notablemente en cuanto la gente se cansó y dejó de creer en los guiones de este autor. Este hombre es recordado por el serio perjuicio que le causó a la Caja (registradora) de la Editorial Democracia.

Es célebre lo mucho que se puso de moda, en determinada época, el escritor José María F. (ha de ser el costarricense José María Figueroa), cuyos principales best-seller fueron “Tamalito navideño”, “Eso es realizable” y “Manual de ética para asesores y consultores”; todos ellos de exquisito apego a las normas del idioma, pues fueron revisados por una empresa cuyo nombre evidenciaba su gusto por el dólar: Va al verde.

¿Cómo no mencionar a Miguel Ángel (de seguro, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias)? Este literato pintaba bien, tenía futuro, pero de repente se ahogó en un MAR de escándalos y cuestionamientos que arruinaron su carrera. Lástima porque parecía que iba a ser uno de los autores estrella de la editorial OEA (Olvidemos Este Asunto).

Muy famoso fue un escritor de boleros rancheros, de apellido Solís (al parecer, el mexicano Javier Solís). No obstante, poco a poco fue cayendo en desgracia debido a que el exigente público se cansó de sus cantaletas de siempre.

No podemos dejar de mencionar en este relato cien por ciento ficticio al engreído de Oscar (Oscar Wilde, por supuesto), recordado por sus novelones “Manual del perfecto humilde”, “Dejé la mesa servida”, “La herencia del déficit fiscal” y “Las llamadas de mi hermano”, todas publicadas por Editorial Crucitas.

Dicen los entendidos que hay muchos escritores más, pero de ellos hablaremos más adelante. No hay que destapar todo el tamal de una vez, porque se enfría…

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La danza de los pavos reales

21 de diciembre de 2011 por Jose David Guevara

Se impone, para empezar, una aclaración: esto no es una recomendación turística ni una experiencia grata; es, simplemente, el registro de una experiencia que viví hace unos años fuera de Costa Rica en calidad de periodista de La Nación.

Ocurrió durante el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002). Resulta que en un viaje oficial que el entonces presidente de la República hizo a Guatemala, me correspondió presenciar —¿o sufrir?— una sesión solemne del Parlamento Centroamericano (Parlacen).

Me gusta utilizar el adjetivo “solemne”, no solo porque así estaba consignado en el programa de mano de aquella ceremonia, sino también, y en especial, porque el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define esta palabra como “Celebrado o hecho públicamente con pompa”.

¿Y qué significa “pompa”? De acuerdo con el DRAE, es un “acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato, que se hace en una función”.

Ese diccionario agrega —entre otras— una definición que me gusta aún más: “Rueda que hace el pavo real, extendiendo y levantando la cola”.

Así las cosas, aquella fue, sin ninguna duda, una sesión pomposa, de pavos reales políticos extendiendo y levantando la cola.

Trate de imaginar esta escena: Cada vez que uno de los parlamentarios centroamericanos hacía su ingreso al salón de reuniones, un locutor lo introducía con el estribillo “Hace su ingreso a este recinto el excelentísimo señor…” De inmediato el preclaro prócer de turno caminaba hasta su curul al son de las notas de una marcha marcial.

Entre uno y otro parlamentario, el locutor repetía oraciones como estas: “Hoy es día de fiesta en la patria grande que soñó Morazán” o “desaparacen las fronteras; hoy Centroamérica está más unida que nunca”.

Sin embargo, no era toda esa fanfarria y bombetería de chinamo la que me molestaba, sino el hecho de que entre aquellos preclaros próceres había algunos que pese a su danza de pavo real enfrentaban serios cuestionamientos y acusaciones en sus países por presuntos actos de corrupción. Claro, eran intocables gracias a la inmunidad que gozaban por pertenecer al Parlacen.

Recordé este episodio ahora que la Corte Centroamericana de Justicia, otra insigne e independiente institución de la integración centroamericana —mejor dicho, de la “patria grande que soñó Morazán— sale con un “domingo siete” (someter a Costa Rica a todo el peso de la ley por su decisión de construir una vía paralela al río San Juan).

Por fortuna, nuestro país no forma parte de esta danza de pavos reales.

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Eduardo Lizano

9 de diciembre de 2011 por Jose David Guevara

Este jueves 8 de diciembre El Financiero le rindió un homenaje al economista Eduardo Lizano Fait, en el marco del 15 aniversario del galardón “El empresario del año”. Comparto aquí las líneas que escribí para esta ocasión:

Hablar de don Eduardo Lizano Fait es hablar del economista que sin duda alguna ha marcado el norte de la política económica y el sector financiero de Costa Rica en las últimas décadas.

Un ser humano excepcional, de mente brillante, pensamiento serio y profundo, exhaustivo en el estudio de la realidad. Un hombre sumamente estudioso al servicio del país, un erudito generoso con el conocimiento, maestro de una importante y brillante generación de economistas, un costarricense con una privilegiada visión estratégica y de largo plazo.

Es hablar también de una persona pragmática, tenaz, rigurosa, paciente, ejecutiva, negociadora, meticulosa, de decisiones y acciones, flexible cuando se puede y firme cuando se debe, abierta a la confrontación de ideas, aguda observadora de hechos y personas, sin poses, con un agudo sentido del humor, que sabe escuchar, distinguir entre lo cosmético y relevante y con una alta dosis del cada vez menos frecuente sentido común.

Como ávido lector, don Eduardo es un consumado devorador de libros, revistas, estudios, periódicos y cuanta página de interés llega a sus manos, así como un escritor incansable de libros, artículos, ensayos, reflexiones, investigaciones, proyectos, ideas, propuestas que germinan, crecen, florecen y dan fruto en el fecundo terreno de su mente. Por cierto, no utiliza computadora, escribe a mano y sus apurados trazos tienen más de jeroglíficos que de palabras.

De ello pueden dar fe su esposa, doña Teresita Di Mare, mujer inteligente que ha sido su punto de apoyo, y sus tres hijas.

También destaca como profesor universitario, consultor empresarial, asesor presidencial, consejero y guía, y ha dejado una huella indeleble en organizaciones e instituciones como el Banco Central de Costa Rica, Consejeros Económicos y Financieros S.A. (Cefsa), la Academia de Centroamérica y el Incae, solo por citar algunos casos.

De todos es conocida su gran capacidad didáctica y de comunicación. No todos los economistas gozan de la destreza de transmitir conceptos técnicos con la claridad y sencillez con que lo hace este maestro. Para ello se vale de frases populares que ejemplifican a la perfección lo que pretende decir; entre ellas, la del famoso “nadadito de perro”, así como “zapatero a tus zapatos” y “la jarana sale a la cara”.

Sería una mayúscula omisión no reconocer que don Eduardo Lizano Fait es, asimismo, un forjador de diálogos, entendimientos, acuerdos y alianzas políticas y económicas. Cuando se mueve en este campo puede hacerlo comandando la batalla o bien echando mano a una herramienta que sabe utilizar con sutileza maestra: insinuar, sugerir o susurrar al oído de quienes ostentan el poder. En otras palabras, saca el ajedrez del armario, lo desempolva, lo coloca sobre la mesa y —como quien no quiere la cosa— se aleja y permite que sean otros quienes jueguen y ejecuten el jaque mate.

Es justo y necesario agregar, con el permiso del vocabulario religioso, que este insigne ciudadano de nuestro país es un apóstol del cambio, un discípulo del progreso, un profeta de las transformaciones, una voz en el desierto de las modernizaciones.

Se trata del padre e impulsor por excelencia de dos reformas vitales, sustanciales, para el desarrollo de Costa Rica: la del modelo de desarrollo económico que marcó la segunda mitad del siglo XX, la de promoción y diversificación de las exportaciones y de la atracción de inversión extranjera directa (tendiente a lograr una economía más abierta, competitiva y que beneficie a los consumidores) y la del sector financiero (enfocada en promover la solidez del sistema mediante la apertura al capital extranjero privado y a la competencia). Dos paradigmas que prepararon mejor al país para afrontar los retos de la globalización.

De hecho, don Eduardo fue designado por EF como la “Figura pública 2002”, precisamente por ejecutar una tarea que sabe hacer bien: mantener la estabilidad de la política económica. Así lo hizo en un año de variables complicadas: cambio de gobierno, moderada actividad productiva y un importante debate en torno al recurrente tema de la reforma fiscal.

Imposible olvidar que también fue la pieza clave en la difícil renegociación con los banqueros internacionales de la deuda externa costarricense durante los gobiernos de 1982 a 1990, con lo cual el país reestableció relaciones con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Don Eduardo Lizano Fait ha sido siempre sinónimo y garantía de confianza y estabilidad.

En fin, es —sin duda alguna— el economista más influyente en nuestro país en las últimas décadas, alguien  que encarna uno de los versos que nos heredó don Rodrigo Facio (a quien don Eduardo admira): “Vivir es mirar hacia delante, pensar, soñar, creer en que hay mañana”.

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¿Qué es ser tico?

25 de noviembre de 2011 por Jose David Guevara

Me hago esta pregunta porque tengo la impresión de que para algunos coterráneos ser costarricense significa única y exclusivamente haber votado contra el TLC (Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana) oponerse a la llegada de inversión extranjera directa (IED), contratar nada más los servicios de telefonía e Internet que brinda el ICE (Instituto Costarricense de Electricidad) y contar solo con pólizas del INS (Instituto Nacional de Seguros).

Además,  despotricar contra todas las instituciones, descabezar a todos los políticos, criticar y atacar cualquier idea e iniciativa, consumir solamente el arroz que se produce en Costa Rica —aunque sea más caro—, oponerse a la instalación de una escultura de John Lennon y abogar por una de Carmen Granados u Olegario Mena, y disparar a diestra y siniestra contra la globalización.

La definición no acaba allí: criticar, chotear y burlarse de quienes festejan el Thanksgiving Day y el Halloween, aprovechan los descuentos del Black Friday o decoran sus casas en diciembre con Colachos y muñecos de nieve.

¿Es todo esto —y otras actitudes y posiciones por el estilo— lo que nos define como costarricenses? Pregunto porque percibo que para algunas personas quienes no cumplan con estos requisitos son malos patriotas, vendepatrias, traidores y otros epítetos de moda.

Confío en que ser costarricense signifique mucho, muchísimo, más que eso —y más profundo—, porque de lo contrario ¡qué pobreza de nacionalidad!

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De primera no pasa…

12 de noviembre de 2011 por Jose David Guevara

Esta historia es real; me la contó un buen amigo el pasado 7 de noviembre en un local donde un músico frustrado y bastante ebrio atormentaba a la concurrencia con los sonidos-aullidos-lamentos de una armónica mal tocada…

Resulta que el padre de mi amigo es un octogenario que a estas alturas de su vida se mantiene laboralmente activo: es un pequeño productor de café.

Lo interesante del relato no es que este hombre se dedique al cultivo de nuestro grano de oro; tampoco el hecho de que cada día se movilice entre su casa y la finca en un camioncito de carga al que le caben 15 fanegas de café (lo cual equivale a 690 kilos).

¿Y sabe usted quién conduce ese vehículo? Pues nada más y nada menos que este abuelo de canastos y beneficios, inviernos y veranos. Sin embargo, en este otro detalle no radica el interés de la historia.

Lo interesante es que este personaje maneja su camioncito única y exclusivamente en primera. Así como lo lee; la caja de cambios no ha estrenado las otras marchas, lo cual ha deteriorado al vehículo.

Los hijos del cafetalero insisten en contratar un chofer que conduzca para su padre, pero este se niega rotundamente a ceder el volante.

Por suerte, le presté toda mi atención a mi amigo mientras me contaba esta historia; de lo contrario, es probable que por distraído hubiera imaginado que me hablaba no de un camioncito que circula siempre en primera, sino del Gobierno, la Asamblea Legislativa, el futbol nacional, las guías sexuales, la fecundación in vitro o algún otro tema de esos que en Costa Rica avanzan a duras penas.

Esos temas corren hoy día no solo la misma suerte del camioncito, sino también la de la armónica que mencioné en el primer párrafo: desafinan que es un gusto.

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El país de la “P”

26 de octubre de 2011 por Jose David Guevara

¿Conoce usted el país de la letra pe?

Estoy seguro de que sí; sin embargo, le brindo algunas pistas…

Es la tierra de la platina (eterna), los pactos (condenados), los proyectos fiscales (tema recurrente), la politiquería (deporte y pasatiempo de algunos), las pensiones (siempre en peligro), los puertos (poco competitivos), las prisiones (sobrepobladas) y el vicio de patear la bola hacia adelante (“le heredo el problema al que viene”).

También hay precandidaturas (prematuras), presas (parte del paisaje), palancas (sinónimo de influencias),  palanganas (que quedan bien con Dios y con el Diablo), presagios (apocalípticos), pasarelas (¡hay modelos por todas partes!), y patrullas descompuestas (para variar).

La lista continúa: polémicas públicas (efímeras), presupuestos del Gobierno con dimes y diretes (disco rayado), placas “gemeleadas” (negocio de algunos vivillos), piratas y porteadores (¿por qué no liberalizar todo el transporte público?), puentes en mal estado (pobre mantenimiento), pasos peatonales (que muchos no usan), la paloma de la paz (que de cuando en cuando aletea) y —no podía faltar— Pocho (lágrimas de cocodrilo).

¿Verdad que sí conoce al país de la “P”?

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