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Esta gente me fastidia

17 de Marzo de 2010 por José David Guevara

“Me fastidia la gente que tiene siempre una historia de desgracias”.

No lo digo yo, lo dijo el escritor irlandés James Joyce en su novela “Ulises” (publicada en 1922), pero yo secundo esa cita. En serio, a mí también me resultan gravosas las personas que se la pasan todo el tiempo contando tragedias, compartiendo desdichas, ventilando infortunios. No puede uno saludarlas y preguntarles cómo están porque responden con una antología de desgracias.

Pero no solo ellos. Lo mismo me pasa con quienes tienen vocación de quejosos. Aquellos que se quejan de absolutamente todo. Nunca se les queda bien. Nunca están contentos. No hay nada a lo que no le encuentren pelos en la sopa. Estos individuos me cansan y roban energías.

Tampoco me hacen mucha gracia los que siempre cargan con una buena provisión de “peros” en los bolsillos. Es fácil reconocerlos, pues tienen peros para todo. Peros para las ideas. Peros para las sugerencias. Peros para las decisiones. Peros para los cambios. Pero para todo. Eso sí, rebusque sus bolsillos en busca de propuestas y verá que estas brillan por su ausencia.

Del mismo club forman parte los acapara conversaciones. Esos tipos que monopolizan los diálogos y tertulias, como si solo ellos tuvieran algo que decir o algo importante que aportar o señalar. Como decimos los ticos, no sueltan el churuco. Nacieron para el monólogo, no para el intercambio de opiniones.

Sin embargo, a todos ellos los tolero y trato de entender, en primer lugar porque no soy perfecto, también tengo defectos que fastidian a otros, y en segundo lugar porque ¡qué aburrido sería este mundo si toda la gente estuviera cortada a mi medida!

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Dos palabras engañosas

11 de Marzo de 2010 por José David Guevara

En la novela “Ulises”, del escritor irlandés James Joyce, el profesor MacHugh hace la siguiente advertencia: “No nos debemos dejar engañar por las palabras”.

Debemos hacerle caso a este académico literario.

Para muestra, dos palabras que se las han ingeniado para engañar a quienes hablamos español: Tramitología y privar.

El uso erróneo de la primera de ellas para referirse al empleo exagerado de trámites, es de uso frecuente en nuestro país. Sin embargo, este hábito o práctica se llama, más bien, tramitomanía.

Tramitología es, en buen castellano, el “arte o ciencia de resolver, perfeccionar o facilitar los trámites”.

En cuanto a privar, esta se mal utiliza –hasta la saciedad– como sinónimo de “prevalecer, predominar o sobresalir”, cuando en realidad significa “despojar, quitar, destituir, prohibir o vedar”.

Y para evidenciar que incluso en materia del idioma al mejor mono también se le cae el zapote, les cuento que el escritor mexicano Carlos Fuentes cayó en la trampa de este vocablo en la página 60, párrafo tercero, de su reciente novela “Adán en Edén”: “Cuando estoy con Ele, privan la emoción y la estética”. Lo correcto en este caso, reitero, es priman.

Concluyo con una cita del escritor portugués José Saramago, en “La caverna”: “No juegues con las palabras, por favor, tú tienes esa habilidad, pero yo no”.

Discrepo de Saramago. En mi opinión, hay que jugar con las palabras, divertirse con ellas; lo que hay que evitar es que nos engañen.

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Me parece razonable

4 de Marzo de 2010 por José David Guevara

Escribo estas palabras a las 10:25 a.m. del jueves 4 de marzo del 2010, hora y día en que el sondeo de este blog en torno a la pregunta “¿Está de acuerdo en aumentar sustancialmente los salarios de los ministros?” registra un total de 78 votos: 61 para el Sí (78%) y 17 para el No (22%).

Pero más allá de lo que dicen estos números, me llama la atención la propuesta que plantean cinco lectores, la cual resumo de la siguiente manera: Que se le aumente el salario a los ministros (en aras de contar con un Gabinete de alto nivel), pero que el incremento no sea un cheque en blanco, sino una remuneración que se gana por medio del cumplimiento de metas y objetivos claramente definidos.

La pregunta de Javier F. Solís lo resume así: “¿Cómo es que en la empresa privada se tiene que hacer un Plan Estratégico para dos o más años, con metas claras e indicadores a evaluar en forma mensual, trimestral y anual, y en el gobierno a los ministros y demás jerarcas del Estado nadie les conoce uno?”

En la misma línea, Pablo Torre recomienda un sistema de bonificación sujero a que los ministros tengan que dar la talla primero. Por su parte, Alberto Bremner llama a “pedir cuentas y transparencia”.

¿Qué pienso al respecto? Estoy de acuerdo; me parece una posición razonable.

Y agrego: Eso sí, que las notas que obtengan los ministros tras la evaluación de sus indicadores, y los criterios que condujeron a tal calificación, sean del conocimiento público de manera automática; es decir, que no haya necesidad de estar presionando ni presentando recursos de amparo para obtenerlos.

Otra cosa: que haya un solo evaluador (lo más razonable es que sea el Ministerio de Planificación; quizá asesorado por alguna institución académica prestigiosa), con el fin de evitar el manoseo, las “sacadas de clavo” y el show politiquero.

¿Qué le parece?

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Don Óscar, cómprese este pleito

26 de Febrero de 2010 por José David Guevara

Don Óscar, vamos al grano, sin rodeos: ¿Qué le parece si en la recta final de su segundo Gobierno se compra el pleito de aumentar sustancialmente los salarios de los ministros y los viceministros?

Disculpe que apele a usted para poner esta brasa en sus manos, que sin duda levantaría algunas voces en su contra, pero el país necesita –en su ruta hacia el desarrollo– contar con jerarcas mejor remunerados en aras de atraer a la función pública a personas competentes, brillantes, de mucho prestigio, visión y dotados con herramientas gerenciales de primera línea.

Por supuesto que esto no se logra únicamente con buenos sueldos, pero usted sabe que las abismales diferencias existentes entre el sector público y el privado en materia de ingresos (hoy día el salario promedio de un ministro es apenas un 20% del de un presidente senior, y un 40% del de un gerente general bien remunerado) son, sin duda, una barrera que desestimula a profesionales talentosos que dependen de su sueldo.

No faltará quién le aconseje que actúe a lo tico; es decir, que le herede este problema al próximo Gobierno. Sin embargo, no es políticamente correcto, ni elegante, que un Poder Ejecutivo se recete un importante –o al menos digno– incremento salarial apenas iniciando labores. Además, sería conveniente que la próxima presidenta pueda concentrarse en la atención de otros desafíos, en lugar de desgastarse con este asunto.

Don Óscar, no sería la primera vez que usted se compra un pleito. Ya lo hizo en pro de la aprobación del TLC y la consiguiente apertura de los mercados de seguros y telecomunicaciones, el traslado de la embajada de Costa Rica en Israel de Jerusalén a Tel Aviv, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con China, la construcción de la carretera a Caldera y, actualmente,  la concesión de los muelles de Limón.

En otras palabras, herédenos un nuevo pulso y un nuevo pleito en un país donde abundan los políticos aficionados –por no decir fanáticos– a gastar la bola mejengueando en vez de anotar el gol. ¿Qué le parece? ¿Se anima?

(Y a usted, estimado lector, lo invito a participar en la encuesta de mi comentario anterior en este blog, precisamente sobre el tema del aumento de los salarios a los ministros).

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Iván Ilich no quiere ser Ministro

22 de Febrero de 2010 por José David Guevara

En efecto, me refiero al personaje del cuento largo “La muerte de Iván Ilich”, del escritor ruso León Tolstoi (1828-1910).

Para entender porqué este personaje literario no quiere ser Ministro del próximo gobierno de Costa Rica, hay que hacer primero un repaso por su pasado laboral.

Iván Ilich estudió en la Escuela de Jurisprudencia, en donde brilló por sus capacidades, su alegría, bondad y sociabilidad. De allí partió a su primer trabajo: asistente del Gobernador de una provincia.

Luego fue ascendido a juez de Instrucción, en donde ganó un sueldo más alto que el anterior. Gracias a su buen desempeño tres años después lo nombraron sustituto del fiscal, desde donde dio el salto al cargo de fiscal, lo que le deparó un salario aún más jugoso: 3.500 rublos.

Posteriormente subió dos puestos en el escalafón del Ministerio de Justicia, con un incremento salarial muy importante: 5.000 rublos de sueldo y 3.500 rublos de dietas.

Es decir, Iván Ilich era un abogado con fuertes aspiraciones laborales y salariales. Por eso pienso que no le gustaría ser parte del próximo Gabinete, ya que un ministro gana –en nuestro país– ¢2,53 millones mensuales en promedio.

De seguro que a Ilich lo tentaría más la posibilidad de ser presidente de la Corte (¢5,35 millones), presidente ejecutivo de la Caja Costarricense del Seguro Social (¢5,74 millones), superintendente financiero (¢7,08 millones) o presidente ejecutivo del Banco Central (¢7,43 millones). De estas cifras da cuenta la edición de El Financiero de esta semana.

Este es uno de los desafíos que afronta la presidenta electa, Laura Chinchilla: ¿Cómo atraer a su equipo de gobierno a profesionales exitosos, prestigiosos y competentes –al estilo de Iván Ilich– que ganan salarios mucho más seductores que los de los ministros?

En este contexto, lo invito a participar de la encuesta adjunta, basada en una sola pregunta: ¿Está usted de acuerdo en aumentar sustancialmente los salarios de los ministros?

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¿Sísifo diputado?

17 de Febrero de 2010 por José David Guevara

Ojalá que no. Es decir, espero que el espíritu de este personaje de la mitología griega no prevalezca entre los 57 diputados que asumirán funciones a partir del próximo 1° de mayo.

Me explico: Recordemos que Sísifo fue condenado a empujar eternamente en los infiernos una enorme y pesada roca hasta la cumbre de una colina, desde donde esta rodaba de nuevo hasta la base, por lo que “el más astuto de los hombres” se veía obligado a empujarla una y otra vez hasta la cima.

Así las cosas, si el espíritu de Sísifo se impusiera en la Asamblea Legislativa del próximo cuatrienio, los legisladores se verían condenados a empujar la pesada roca de las eternas y estériles discusiones hasta la cúspide de los debates sin acuerdo ni votación, por lo que esta caería nuevamente hasta la base desde donde habría que empujarla una y otra vez, una y otra vez…

Para que Sísifo no se salga con la suya, las fracciones legislativas deben perderle el miedo a la votación. No se trata de anular la discusión ni de reducirla a niveles de suma insignificancia, sino de que una vez que se ha debatido durante un período razonable, los proyectos e iniciativas sean votados, se tomen acuerdos, se decida algo –sea a favor o en contra–.

Esto es lo más sano, razonable, responsable y políticamente maduro en una democracia; todo lo contrario ocurre cuando los temas se dejan en el limbo, en tierra de nadie, a la deriva.

En mi opinión, los resultados de las elecciones pasadas son una clara señal de que los costarricenses estamos cansados de los diputados y partidos sisifianos que gustan de pasársela empujando rocas (proyectos) eternamente.

¿Sísifo diputado? Ojalá que no.

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La biblioteca de doña Laura

12 de Febrero de 2010 por José David Guevara

No conozco la biblioteca personal de la presidenta electa, Laura Chinchilla, por lo que no sé con cuáles aliados de papel y tinta cuenta ella para hacerle frente a las tareas y desafíos que asumirá a partir del próximo 8 de mayo.

Sin embargo, deseo recomendarle la adquisición de algunos textos literarios que –a juzgar por sus títulos– pueden serle de mucha utilidad:

“El arte de dirigir la orquesta”, de Hermann Scherchen, podría servirle de guía a la hora de presidir los consejos de gobierno.

“Los de abajo”, de Mariano Azuela, es vital para tener presente a las clases sociales menos favorecidas.

“Las amistades peligrosas”, de Pierre Chordelos de Laclos, la mantendría alerta ante algunos oscuros y malintencionados personajes que sin duda intentarán acercársele.

“La historia interminable”, de Michael Ende, la retará a entrarle de lleno a algunos de esos asuntos y problemas que se discuten eternamente en nuestro país pero no se resuelven ni someten a votación.

“Anatomía de la crítica”, de Northrop Frye, es esencial para aquellos momentos en que surja la tentación (o el mal consejo) de querer acallar las voces de la discrepancia.

“Mensajero del miedo”, de Richard Condon, elemental para afrontar las profecías apocalípticas que de cuando en cuando se escuchan en Costa Rica.

“La realidad y el deseo”, de Luis Cernuda, para tener los pies bien puestos sobre la tierra en relación con lo que se sueña y lo que sí es posible realizar.

“A puerta cerrada”, de Jean-Paul Sartre, útil, muy útil en algunas circunstancias…

“Sobre los ángeles”, de Rafael Alberti, sobre todo para que no olvide lo que la experiencia nos ha enseñado a los costarricenses: que hay demonios vestidos de ángeles.

“Pequeños equívocos sin importancia”, de Antonio Tabucchi, importantísimo para decidir cuáles pleitos comprarse y cuáles no.

“Años de penitencia”, de Carlos Barral, para que ella y su equipo de gobierno tengan presente algo que ningún costarricense desea vivir en los próximos cuatro años.

Cualquier otra recomendación puede ser agregada a esta lista.

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Hay dos tipos…

10 de Febrero de 2010 por José David Guevara

Dice el escritor portugués José Saramago que hay dos clases de libros: “Para que uno se duerma y para que uno se despierte”.

Aprovechándome de esa oración, y tomando en cuenta que no todo en la vida es cuestión de extremos –siempre hay matices, estados intermedios–, comparto las siguientes paráfrasis:

Hay dos clases de políticos: Los que negocian y los que se aferran de manera obcecada a sus opiniones y posiciones.

Hay dos tipos de presidentas: Las que actúan con liderazgo y las que dejan que cada idea, proyecto, problema o desafío corra su propia suerte.

Hay dos variedades de gobiernos: Los que establecen un norte con prioridades y los que avanzan al garete, al ritmo de los acontecimientos.

Hay dos clases de exmandatarios: Los que respetan a su relevo y los que pretenden perpetuarse como el poder detrás del trono.

Hay dos tipos de excandidatos: Los consecuentes con lo que prometieron y defendieron durante la campaña electoral y los que evidencian que lo suyo fue puro discurso demagogo y populista.

Hay dos variedades de partidos: Los de amplia y sana vocación democrática y los que tienen dueño.

Hay dos clases de diputados: Los que dejan huella y los que pasan sin pena ni gloria.

Hay dos tipos de ministros: Los que el país desea que continúen en sus cargos luego del traspaso de Poder y los que se queman por no soltar el puesto.

Hay dos variedades de gremios: Los que se preocupan solo por llevar agua a sus molinos y los que actúan con visión país.

Hay dos clases de críticos: Los que aportan o sugieren soluciones alternativas y los que simple y sencillamente despotrican contra todo.

 

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La hora de los porqués

8 de Febrero de 2010 por José David Guevara

Independientemente de las interpretaciones que hagan los medios de comunicación, algunos analistas y la ciudadanía en general, los partidos políticos deberían abrirle un espacio en sus agendas a la tarea de buscar respuestas para varios porqués que surgen cuando los resultados electorales aún están calientes.

Me refiero a autoexámenes críticos y serios tendientes no a encontrar respuestas fáciles, chivos expiatorios ni los consabidos calma conciencias, sino razones de peso –aunque duelan– que expliquen parte del comportamiento de los votantes en los comicios del domingo pasado.

Aporto algunos ejemplos: ¿Por qué Laura Chinchilla obtuvo una autopista de lujo hacia Zapote pero un camino de lastre hacia Cuesta de Moras? ¿Por qué el músculo legislativo de Otto Guevara se tornó más fibroso y vigoroso en tanto que el presidencial –que parecía crecer– terminó fláccido y fofo? ¿Por qué el globo rojiamarillo de Ottón Solís, que en las dos campañas electorales anteriores gozó de buena salud aérea, perdió tanto aire en esta ocasión? En cuanto a Luis Fishman, si bien logró que su partido continúe conectado al respirador artificial, los angelicales porqués saltan a la vista; en este caso no es necesario invertir mucho seso. Y, para todos estos partidos, ¿por qué Oscar López logró salirse con la suya y arrebatarles cuatro curules?

La búsqueda responsable de respuestas a estas y otras preguntas podría servirle a los partidos para evitar errores del pasado –no solo de la campaña electoral, sino de su comportamiento y actitud habital–, rectificar y administrar de manera más madura y constructiva la cuota de poder y confianza que los ciudadanos han depositado en sus manos.

Esto, por supuesto, beneficiaría a los partidos, pero en especial al país.

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Me gusta elegir

4 de Febrero de 2010 por José David Guevara

Me gusta elegir mis lecturas, las películas que veo, la música que escucho, las revistas que compro, los programas de televisión, los juegos con que me divierto, mis equipos de futbol, los deportes con que me ejercito, los ríos donde pesco, los lugares donde tomo fotos, si bailo o no, si me gustan las corridas de toros o no.

Me gusta elegir mi espuma de afeitar, el café, la pasta dental, el desodorante, la tinta para mis plumas fuente, el sustituto de azúcar, el aceite para cocinar, el sabor de la mermelada, los helados, el teléfono celular, la barbería, si fumo o no, si tomo licor o no, los sitios que frecuento.

Me gusta elegir a quién le compro pólizas, servicios de telecomunicaciones, servicios médicos, servicios de educación, el arroz que consumo.

Me gusta elegir a mis amigos, a quien querer, a quien amar, a quien admirar, a quien respetar, con quien compartir, en quien confiar, en quien depositar mi lealtad, a quien contarle mis secretos, con quien caminar, con quien despertar.

Me gusta elegir si creo en Dios o no, si acepto y acato lo que dice la Biblia o no, lo que pienso acerca del aborto, la eutanasia, la fecundación in vitro, la infalibilidad papal, la legalización de las drogas, la reproducción de células madre, el matrimonio tradicional, el matrimonio gay, las uniones de hecho, la sexualidad, la fidelidad, si me enamoro o no, si me caso o no, si tengo hijos o no, si me apego a los guiones convencionales o no.

Me gusta elegir presidentes, diputados, regidores, modelos de desarrollo, equipos de gobierno, visiones de futuro, programas de gobierno, estilos de liderazgo, trayectorias políticas.

Por eso, porque me gusta elegir –y no que otros lo hagan por mí– voy a votar este 7 de febrero.

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