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Adaptarse o morir

12 de enero de 2012 por Katiana Murillo

Una noticia interesante surgió en los primeros días del año cuando un grupo de científicos anunció haber descubierto los primeros tiburones híbridos del mundo en aguas australianas; signo, según ellos, de que estos escualos se adaptan al cambio climático. Se trata de la reproducción cruzada del tiburón australiano de punta negra con la del tiburón de punta negra de otros lugares del mundo, lo que le permite a estos tiburones híbridos vivir en aguas más temperadas y, por lo tanto, aumentar su hábitat natural.

Ya lo dijo Charles Darwin: “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino las que se adaptan mejor al cambio”.

No es la primera vez que el clima del planeta está cambiando y que las especies deben adaptarse o morir. Sin embargo, es la primera vez en la historia que el clima lo está haciendo de manera tan vertiginosa debido a la influencia humana, responsable de la alta emisión de gases que causan el calentamiento global.

Y esto, pese a ser un problema planetario, presenta sus mayores impactos a escala regional y local. Efectos del cambio climático en las especies en Costa Rica, según la Segunda Comunicación Nacional sobre Cambio Climático, incluyen, por ejemplo, la conocida desaparición de anfibios como el sapo dorado y la rana arlequín debido al hongo Batrachochytrium dendrobatidis, cuyo crecimiento es favorecido precisamente por ambientes más húmedos y noches más calurosas.

Por su parte, el aumento de sequías, aunado al fuerte uso de plaguicidas, está amenazando  a muchas especies de murciélagos y aves residentes y migratorias (que son importantes polinizadores de plantas); y el incremento en la temperatura está provocando que el bosque nuboso pierda humedad, poniendo en riesgo servicios ambientales como el agua. Muchas especies adaptadas a vivir en bajas temperaturas ya no tienen un nivel superior al cual emigrar.

El calentamiento, asociado al fenómeno de El Niño, también afecta el hábitat, el metabolismo y la capacidad de desplazamiento de animales como las tortugas marinas y altera la proporción de sexos en los nacimientos, fenómeno que igualmente lo sufren cocodrilos y caimanes y que altera sus poblaciones (más hembras para las primeras y machos para estos últimos). Por stress climático en eventos extremos ya se han dado muertes masivas, como el caso de monos de nuestras cuatro especies en el Parque Nacional Corcovado durante un fuerte temporal. Y científicos de la Estación Biológica La Selva han encontrado, además, que el calentamiento dificulta el proceso de fotosíntesis y disminuye el grosor de los árboles.

Indudablemente con la amenaza a la biodiversidad también nos quedamos sin sus beneficios. ¿Pero, qué pasa, además, con nuestra especie? Sin duda, una de las preguntas clave es si estamos preparados para adaptarnos. Escenarios para el país muestran que Costa Rica se verá sometida irremediablemente a fenómenos extremos del clima, que causarán tanto grandes sequías como graves inundaciones en distintas zonas. Habrá, por ejemplo, menos precipitación en el norte del país en regiones como Guanacaste y más lluvia en el Caribe y la Zona Sur.

Vidas humanas en peligro, destrucción de infraestructura e inseguridad alimentaria son algunas de las consecuencias en potencia frente a un escenario de débil gestión del riesgo. ¿Será que lograremos ser como los tiburones australianos y adaptarnos al cambio?

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¿Es su vida sostenible?

2 de enero de 2012 por Katiana Murillo

Inicia un nuevo año y muchos lo hacemos con una avalancha de nuevos propósitos y metas. Pero, quizá la pregunta más retadora de todas no es exactamente cómo logramos lo que nos proponemos, sino con qué equilibrio lo perseguimos.

Solo las personas satisfechas con su vida, lo que por cierto no es sinónimo de tener dinero, son las que pueden hacer más por los demás, crear un impacto positivo en su comunidad (nacional y global) y dejar huella. Es decir, realizarse y trascender.

Una de las blue zones o zonas del planeta donde investigadores han detectado que existe una extraordinaria longevidad, es la península de Nicoya, en Guanacaste. Muchos de sus pobladores han superado los 90 años y viven más que la gente del resto del país. Otras zonas azules en el planeta son las islas de Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón) e Ikaría (Grecia), así como el valle de Loma Linda (California, EE.UU). En estos sitios se ha encontrado que la gente no solo vive más, sino que cuenta con mejor salud que mucha de la población que los rodea.

Lo que resulta aún más sorprendente son los motivos por los cuales esto sucede. En el caso de Nicoya, además de factores propios de la región, como el agua rica en calcio que fortalece los huesos y una dieta tradicional rica en frutas y nixtamal con presencia de antioxidantes y aminoácidos, entre otros, existen secretos adicionales más enfocados en cómo las personas toman su vida.

El vivir integrados en familia y con amigos, tener espiritualidad y realizar un trabajo físico que los mantiene en forma, son parte de ese secreto de longevidad de los nicoyanos, pero también el contar con un plan y propósito que los empuja a asumir la vida con pasión y más allá de ellos mismos. Por último y no menos importante, está el vivir en conformidad con lo que se es y se tiene, que al fin de cuentas da felicidad y, como valor agregado, eleva los niveles de endorfinas y lleva a un fortalecimiento del sistema inmunológico.

Al parecer la gente de Nicoya no solo está interesada en ellos mismos, sino también en los demás y se mantienen aprendiendo a lo largo de su vida. Y esto es suficiente para poder apagar una candela más cada año.

Según sostienen los científicos, menos de un 25% de cuanto vivimos es dictado por los genes; es decir, la longevidad de nuestros padres y abuelos. El resto depende del estilo de vida y los hábitos cotidianos que tengamos. Es por eso que los resultados de Nicoya quizá lo sorprendan y aunque usted no viva allí, ni tampoco en Cerdeña, Okinawa, Ikaría o Loma Linda, muchos de estos pueda que lo inspiren a tener una vida no solo más prolongada sino feliz y, por lo tanto, sostenible.

¡Qué tenga un buen y próspero Año Nuevo 2012!

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Deseos ambientales para Año Nuevo

12 de diciembre de 2011 por Katiana Murillo

Siguiendo la tradición de la mayoría de los ticos, en la que se le pide al Niño Dios lo que se quiere para Navidad, ¿qué tal si hacemos una carta con los deseos ambientales para el 2012? La cosa es que cumplirlos, eso sí nos toca a todos…

Algunos de estos deseos podrían ser:

  • Que TODAS las municipalidades del país cumplan con la Ley para la Gestión Integral de los Residuos y todo lo que se pueda reciclar, así se haga.
  • Que contemos finalmente con una estrategia de ordenamiento territorial, la cual mitigue los impactos negativos de las actividades productivas sobre los suelos, recursos hídricos, ecosistemas y biodiversidad y nos ayude a reducir nuestra deuda ecológica, producto de utilizar recursos más allá de la capacidad del territorio para satisfacer esa demanda.
  • Que dejemos de contaminar nuestros mares y protejamos más efectivamente sus recursos, tomando en cuenta que nuestra extensión marina es 10 veces más grande que la terrestre.
  • Que el Programa de Pagos por Servicios Ambientales tenga más fondos para cubrir la demanda y que más comunidades, grupos y pequeños propietarios puedan recibir un ingreso por los servicios que prestan sus bosques y tengan acceso a otras formas compatibles de generación de recursos.
  • Que consumamos lo necesario (esta es una de las más difíciles) y seamos consumidores ambiental y socialmente más responsables. Con esto, también, que el comercio sustituya materiales no reciclables y altamente contaminantes, como el estereofón, y ofrezca productos que no vayan en detrimento de nuestros recursos, como las especies marinas en peligro.
  • Que nuestras áreas silvestres protegidas cuenten con más recursos para enfrentar sus necesidades y sectores como el turismo aporten más y lo vean como la inversión que es.
  • Que contemos finalmente con una nueva ley de gestión integral del recurso hídrico, que responda a las necesidades actuales.
  • Que realicemos más  investigación científica y le demos mayor valor agregado a nuestros recursos naturales sin perder de vista la distribución justa de sus beneficios.
  • Que se reduzca el uso de plaguicidas y consumamos productos agrícolas más sanos, con adecuados estándares ambientales y una retribución justa para el productor local.
  • Que el transporte público sea más eficiente y existan más opciones que nos permitan reducir nuestra huella de carbono.
  • Que desarrollemos opciones de energías alternativas, en especial para el sector transporte, y realmente nos encaminemos a una economía baja en carbono.
  • Que exista una verdadera planificación urbana que, entre otras cosas, evite la construcción en zonas de alto riesgo y la contaminación de acuíferos.
  • Que la nueva norma C-Neutral logre crear un mercado local efectivo del carbono, el cual promueva y de valor a proyectos de energías limpias, reforestación y protección de bosques, entre otros.
  • Que tengamos una estrategia nacional efectiva de adaptación al cambio climático, la cual nos prepare ante los efectos del calentamiento global y mejore la gestión del riesgo de desastres, y a la que se le de tanta importancia o más que a los instrumentos de reducción y compensación de emisiones.
  • Que tengamos más empresas ambiental y socialmente responsables con una visión de desarrollo a nivel de país.
  • Que protejamos efectivamente nuestros ecosistemas más ricos y vulnerables, como los humedales y los arrecifes, así como las especies en riesgo de extinción y sus hábitats.
  • Que construyamos un destino turístico sostenible, no depredador de los recursos naturales de los cuales dependemos.
  • Que promovamos un tipo de desarrollo  que haga un uso racional de los recursos naturales y tengamos la tolerancia y la capacidad de diálogo para llegar a un consenso sobre lo que más nos conviene, sin estancarnos y oponernos sin soluciones.
  • Que el tema ambiental sea finalmente un eje transversal de las políticas de desarrollo del país, que seamos consecuentes con la imagen de país verde que pregonamos en el exterior y no perdamos nuestra capacidad de llevar a cabo iniciativas ambientales que vayan de la mano con el desarrollo.

¿Cuáles son los suyos?

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La lección de Crucitas

1 de diciembre de 2011 por Katiana Murillo

Con la histórica y celebrada sentencia de la Sala Primera, que confirmó la anulación de la concesión al proyecto minero a cielo abierto Crucitas, en San Carlos, así como del decreto de conveniencia nacional y la viabilidad ambiental, está más que claro que la minería no es de interés público en este país aunque decretos ejecutivos se empeñen en lo contrario.

Pero lo importante es que esta sentencia nos haga reflexionar una vez más sobre el tipo de desarrollo que queremos para Costa Rica y ser también consecuentes con lo que pregonamos ser.

Somos reconocimos en el mundo como un país innovador en el uso de los recursos naturales, donde la actividad turística está basada principalmente en estos y le da de comer a muchas comunidades del país, donde los servicios ambientales de los bosques se pagan y se le ha dado valor a la  biodiversidad para diferentes usos, entre otros tantos ejemplos.

Pero también tenemos contradicciones y la minería para Costa Rica, en vez de representar una ventaja,  pone al país en entredicho y empaña nuestros logros ambientales que, se vale recordar, también han servido para nuestro beneficio económico y tienen impacto social.  Es desalentador cuando es el mismo Estado el que genera conflictos ambientales, según lo señala el último Informe Estado de la Nación, y precisamente el pasado año registró el mayor número de denuncias ambientales de los últimos 13 años.

Sin embargo, en un periodo de gran descontento social y desconfianza en las autoridades políticas (y judiciales), como el que vivimos, las luchas ambientales del 2010 han tenido su fruto y el más importante con esta sentencia ha sido volver a creer que la justicia ambiental es posible y con ella también otro tipo de desarrollo.

La pregunta es si lo leerán así nuestras autoridades…

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Pensar globalmente, actuar localmente

28 de noviembre de 2011 por Katiana Murillo

Estamos en la primera semana de una nueva cumbre climática y el panorama no puede ser más negro: las emisiones de gases de efecto invernadero van en aumento, también la temperatura del planeta con todos su efectos (aun cuando no vaya a ser tan alta como se pensaba) y justo en el 2012 se acaba el periodo de vigencia del Protocolo de Kioto, el único instrumento que compromete jurídicamente a los países firmantes a la reducción de emisiones, y sin que hasta la fecha se visualice un acuerdo concreto en el horizonte para sustituirlo.

No sucedió en Copenhague hace dos años, cuando el gobierno danés pretendía ponerse una flor en el ojal por eso, tampoco pasó en Cancún y la crisis económica actual poco ayuda a la situación. Por esta misma razón, el incipiente mercado del carbono, para comercializar reducciones de emisiones, es difícil que despegue por lo menos en el corto plazo.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Sentarnos a ver los toros desde la barrera o prepararnos y actuar?

Una frase muy utilizada últimamente es la de “pensar globalmente y actuar localmente”.  En realidad tiene mucha razón. Es la suma de esfuerzos locales la que verdaderamente puede cambiar el mundo y si esperamos a que los líderes mundiales tomen las decisiones que hace tiempo debieron haber tomado, va a ser demasiado tarde.

¿Qué puede hacer entonces un país como Costa Rica, que por su tamaño se pierde en la geografía mundial? En realidad mucho. Ya ha tenido grandes logros, como ser pionero en darle valor a los servicios de los bosques. Pero la lista de retos es grande. Así que hay mucho trabajo por delante.

Basta con ver el último Informe Estado de La Nación en Desarrollo Humano Sostenible: tenemos la mayor brecha ecológica negativa desde el 2002, el tercer registro más alto de muertes por desastres naturales en cuarenta años, una expansión urbana en zonas de alto riesgo, una matriz energética insostenible con alta huella de carbono (nuestro sistema de transporte sigue siendo  ineficiente), muchos de nuestros  humedales (los ecosistemas que más fijan carbono) están amenazados y la variable ambiental no es todavía un componente básico de los instrumentos de planificación territorial. A todo esto se suma el estancamiento de la pobreza y el incremento en la desigualdad.

Sin embargo, también tenemos logros como el aumento del área sembrada con productos orgánicos certificados; el mejoramiento en la conectividad de áreas protegidas con corredores biológicos; la creación de nuevas áreas de protección marina; un incremento del área sometida a conservación privada, donde también se promueve el ecoturismo y la investigación; el lanzamiento de la norma C-Neutral, con su potencial de impulsar en primera instancia un mercado local de carbono; el Programa de Pago por Servicios Ambientales, que ha protegido el 14% del territorio nacional en 13 años; y la nueva Ley de Gestión Integral de Residuos, que está empujando a los municipios a manejar el tema.

Como escribió nuestro poeta Isaac Felipe Azofeifa: “Nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer”. El punto es que hay que hacer que amanezca.

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Sostenibilidad y Malpaís

20 de noviembre de 2011 por Katiana Murillo

La sostenibilidad también tiene que ver con la expresión cultural y la capacidad de construir la identidad nacional más allá de estratos sociales, generaciones y formas de pensar, y eso es precisamente lo que ha logrado el grupo Malpaís, a propósito de su concierto del pasado viernes 18 de noviembre en el Estadio Nacional.

La sostenibilidad ambiental y la económica son solo dos patas de un banco de tres, porque la sostenibilidad social también tiene su parte y en un país donde la brecha social es cada vez mayor y contribuye a la inestabilidad de ese banco, la expresión artística, como la música de Malpaís, tiene la capacidad de cerrar esa brecha, hacer soñar y llorar (por Fidel) y hacernos sentir orgullosos de ser costarricenses, más allá de cuando juega la “Sele”.

Qué rico es cuando la música tiene el poder de trascender estereotipos, prejuicios y divisiones para dejarnos llevar por el talento de algunos de los mejores artistas musicales de este país, como despedida y homenaje a otro grande que ya se fue y que se extraña como a un amigo del alma.

En el nuevo Estadio Nacional, convertido prácticamente en un símbolo más del país, no solo el partido Costa Rica-España marcó un hito, sino también las 30.000 personas que se reunieron el viernes en lo que ha sido la concentración más grande para un concierto de un grupo nacional y que, dicho sea de paso, fue económicamente accesible para su variado público.

Y es que en la música de Malpaís todos reconocemos a nuestra tierra, la cotidianeidad, nuestros variados ritmos y sentimientos, cosas que también encantan a otros que no son de aquí.

¡Qué bueno que Costa Rica no sea solo belleza natural, sino también talento, arte y cultura viva que une en la diversidad! Es en este caso, por medio de la música, que se contribuye al proceso de construcción permanente de nuestra identidad como nación.  Hay “rosas de un día”, pero no Malpaís.

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Ser sostenible paga

15 de noviembre de 2011 por Katiana Murillo

Ser sostenible puede sonar a “tener buena voluntad porque me importan el planeta y la gente”, pero lo cierto es que también puede traer beneficios directos a la productividad de las empresas, su facturación y competitividad.

Una encuesta realizada entre agosto y septiembre de este año por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) a cerca de 90 tour operadores y hoteles que han obtenido el Certificado para la Sostenibilidad Turística (CST), muestra ventajas interesantes que han obtenido estas empresas gracias a sus prácticas de sostenibilidad.

Por ejemplo, la mitad de los tour operadores  y el 58% de los hoteles disminuyeron el consumo de metros cúbicos de agua luego de la implementación del CST. Igual sucedió con el consumo de electricidad, rubro que lograron reducir el 75% de los tour operadores y el 71% de las empresas de hospedaje.

El 82% de los tour operadores y el 76% de los hoteles disminuyeron el consumo de resmas de papel y las prácticas de sostenibilidad llevaron también al 53% de los primeros y al 73% de los segundos a aumentar la compra de productos  amigables con el ambiente en cocina y restaurantes; el 61% de los tour operadores y el 69% de los hoteles también aumentaron el uso de productos de limpieza biodegradables, y el 62% y el 67%, respectivamente, favorecieron la adquisición de productos orgánicos.

El 52% de los tour operadores y el 60% de los hoteles también incrementaron la compra de alimentos producidos localmente, estimulando a la economía regional, y el 57% y el 38%, en cada caso, aumentaron la producción de energías limpias.

Es de resaltar también que el 60% de los hoteles recuperaron sus áreas verdes y el 74% aumentó la reforestación con especies nativas luego de la certificación. El 62% de los tour operadores y el 47% de los hoteles también cambiaron sus prácticas de recolección de residuos para reciclar.

Ahora bien, ¿cómo se reflejan estos cambios en la competitividad del negocio?

El 46% de los tour operadores y el 58% de los hoteles reportaron un aumento en los negocios o contratos con mayoristas reconocidos luego de la certificación. El 47% y el 43%, respectivamente, señalaron un incremento en el número de clientes.

Los porcentajes más altos están, no obstante, en el rubro de satisfacción, que sin ninguna duda es medular en la industria turística. El 64% de los tour operadores señaló un aumento en el nivel de satisfacción de sus clientes, mientras que así lo hicieron el 81% de los hoteles; reforzando lo que ya empresas reconocidas de viajes como Travelocity habían afirmado con respecto al predominio de las compañías verdes en este tema. Esto redunda también en la motivación de los colaboradores, que se sienten más comprometidos con su labor.

El 59% de los tour operadores también reportó un aumento en el reconocimiento internacional por contar con la certificación y lo mismo señaló el 61% de los hoteles.

Una certificación en sostenibilidad como la del CST en el sector turismo lo cierto es que por sí sola no va a cambiar la realidad de una empresa, pero lo que muestran estos resultados es que, bien aprovechada, puede generar un retorno interesante de la inversión y constituirse en un elemento diferenciador incluso en épocas de crisis.

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Un viaje para sobrevivir

9 de noviembre de 2011 por Katiana Murillo

Al llegar el otoño en el hemisferio norte, se lleva a cabo uno de los espectáculos naturales más sorprendente cuando millones de animales, ya sea por agua, tierra o aire, migran a través del continente americano y más allá en busca de climas más cálidos, alimento más abundante o un medio adecuado para reproducirse.

Se trata de una odisea repleta de obstáculos que viven especies de ballenas, murciélagos, aves, peces, tortugas marinas e incluso insectos; obstáculos que se agravan cada vez más debido a amenazas como el cambio climático, la deforestación, la cacería, la contaminación y la pérdida y fragmentación de hábitats. Por ejemplo, en el caso de las aves el 15% de las cerca de 1800 especies migratorias existentes se encuentran amenazadas, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente.

Las especies migratorias huyen del crudo invierno norteño hacia el sur del continente y regresan cuando la primavera hace brotar nuevamente el alimento. Así sucede con especies tan pequeñas como el colibrí garganta de fuego, que solo mide 10 cm pero vuela 26 horas desde Canadá y Estados hasta Centroamérica a una velocidad de 45 km/h para una travesía de 1,050 km en la que, incluso, atraviesa el Golfo de México.

El gavilán de Swainson, en su viaje de Norteamérica al Cono Sur, llega a alcanzar alturas superiores a los 6,000 m, compitiendo con la aviación comercial en ese aspecto, y recorre distancias de hasta 60 km sin perder esa altitud para un viaje total de 10,000 km en poco más de dos meses. Los gavilanes brindan todo un espectáculo en nuestro país incluso por el hecho de que viajan de día.

Pero no solo las aves son sorprendentes: una de las migraciones individuales más extensas conocidas en un mamífero fue la de una ballena jorobada, vista inicialmente en la península Antártica y luego en la península de Santa Elena, en Costa Rica, para un recorrido total de 11,500 km.

Con la amenaza a estas especies, no solo perdemos un recurso turístico importante sino beneficios que van más allá. Un ejemplo son los murciélagos que, no obstante su aspecto y los mitos que los rodean, dispersan semillas de una gran variedad de especies de plantas logrando el mantenimiento y la recuperación de bosques y ayudando a muchas plantas a sobrevivir incluso en ecosistemas áridos. Además, son importantes controladores de plagas de cultivos.

Las ballenas  dejan por la actividad de observación la sorprendente cifra de dos billones de dólares anuales a nivel mundial y Costa Rica es una de las áreas de avistamiento que más está creciendo.  Muchos peces que llegan a nuestra mesa, como atunes y dorados, también realizan migraciones. Algunos, cuando se aparean, viajan incluso al límite de la plataforma continental.

De ahí la importancia, entre otros, de crear y proteger corredores biológicos terrestres y marinos, reforestar, regular la pesca y controlar la cacería, producir café arbolado, proteger las fuentes de agua y evitar la contaminación por agroquímicos y otras sustancias dañinas para el ambiente.

Precisamente por su movilidad, conservar este frágil recurso que trasciende fronteras no es tarea fácil pero sí vital si queremos seguir contando con sus beneficios.

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Y el lobo sopló y sopló…

2 de noviembre de 2011 por Katiana Murillo

¿Quién no recuerda el cuento de los tres cerditos que decidieron construir su casa con distintos materiales  y cuando llegó el lobo a tratar de derribarlas, solo la de cemento quedó en pie para protegerlos?

La casa de madera fue una de las que sucumbió al soplido del lobo, pero la realidad es que no solo es muy resistente, cambiando al lobo por los sismos, sino la más ecológica.

Si la madera proviene de plantaciones o de un manejo forestal sostenible, no hay un problema ambiental, al contrario: no existe otro material de la construcción de uso común que requiera tan poca energía para su producción y resulta, entonces, de gran importancia si queremos enrumbarnos hacia una economía baja en carbono.

Cada metro cúbico de madera usado como sustituto de otros materiales de la construcción, como es el caso del acero, el aluminio, el hormigón o los plásticos, reduce las emisiones de CO2 a la atmósfera en una media de 1,1 toneladas de CO2
. Si a esto se le añade el aproximado de 0,9 t de CO2 que ya está fijado en la madera gracias al proceso de fotosíntesis, cada metro cúbico de madera ahorra un total de 2 t de CO2.

Según datos de la Oficina Nacional Forestal, en el 2010 la construcción de viviendas en Costa Rica representó un área de 1.630.560 m2 y el 66% del total de las obras.  Si las viviendas se hubieran construido en madera, se habría evitado la emisión de un total de 978.336 t CO2 a la atmósfera.

Por ejemplo, una casa de 100 m2 que utilice ventanas de madera en vez de aluminio; armazón de madera frente a concreto, piso de madera en vez de terrazo, y muros y tabiques de madera y tablero, sin ladrillo, evitaría la emisión de 60 t CO2 hasta por 200 años.

Y los beneficios de la madera no se detienen allí: también es fuerte, duradera, fácil de trabajar y genera una cantidad mínima de desechos, posee belleza natural, es acogedora, se puede usar para fabricar una multitud de productos y es flexible.

También presenta un buen aislamiento térmico natural, lo que hace que en climas fríos las habitaciones se calienten más rápido y que en climas cálidos la madera tenga la capacidad de disipar el calor acumulado durante el día. Este beneficio del aislamiento térmico prevale a lo largo de la vida útil de un edificio con su consecuente capacidad para ahorrar energía.

Incluso en un incendio, una de las grandes dudas que muchos podrían tener para usar este material, la madera se comporta de forma predecible formando una superficie carbonizada que le brinda protección a la estructura interna, de forma tal que los elementos de madera pueden permanecer intactos y seguir soportando la carga total durante un fuego. Esto no sucede con un armazón de acero, que perderá su estabilidad de repente y sin previo aviso.

Al final de su vida útil, la madera o un producto derivado de esta puede ser reutilizado o reciclado.

Así que aquel cerdito que construyó su casa de madera, no solo pensó en su seguridad, sino también en el planeta.





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Una deuda ecológica creciente

20 de octubre de 2011 por Katiana Murillo

De igual forma que alguien que gasta más de lo que genera, todos en el planeta estamos creando una deuda ecológica creciente y echando mano cada vez más del capital natural que, por cierto, no es ilimitado.

En términos de biocapacidad; es decir, el área de tierra y ecosistemas acuáticos requerida para producir los recursos que la población mundial consume y para asimilar los desechos que esta produce, hay disponible en promedio solamente 1.8 hectáreas globales por persona en la Tierra, mientras que la demanda actual per cápita es de 2.7 hectáreas globales; es decir, ya tenemos un exceso en la capacidad de carga de aproximadamente un 50%.

Y con los efectos crecientes del calentamiento global, cambiar de rumbo dejó de ser una opción y hay dos posibilidades: que esto sea catastrófico o planeado de forma integrada como humanidad, señaló William Rees, uno de los creadores del concepto de huella ecológica, a los cerca de 100 periodistas reunidos en el IX Foro Internacional sobre la Protección de la Naturaleza, que lleva a cabo esta semana la organización Greenaccord en la región del Piemonte, Italia.

Con los actuales niveles de consumo, en países de alto ingreso económico el promedio de hectáreas globales requeridas por persona es de diez mientras que la gente más pobre del planeta solo tiene disponible un tercio de hectárea global. Por ejemplo, los europeos utilizan de dos a tres veces su porción equitativa de biocapacidad global y los norteamericanos, de 3 a 4 veces.

La lista de países con la mayor huella ecológica la encabezan Estados Unidos, Australia, Canada, Grecia y el Reino Unido. Lo mas irónico es que sus niveles de desarrollo no han evitado la crisis económica ni los han hecho más felices o reducido la pobreza de los más vulnerables.

La situación es más compleja si se toma en cuenta que los países con mayor capacidad económica no solo agotan los recursos dentro de sus fronteras, sino también los de otros países, agravando la inequidad ecológica y también la social. Según los indicadores de desarrollo 2008 del Banco Mundial, el 20% de la población más rica del mundo consume el 76.6% de los recursos, en tanto que la población más pobre, el 1.5%. Esta última es forzada a habitar las áreas más degradadas de la Tierra, que además sufren de contaminación, escasez de recursos y son grandemente impactadas por los efectos del cambio climático. Pronto habrá una nueva categoría de refugiados, los del clima, que serán millones en el futuro.

Según Rees, para una sostenibilidad con equidad las naciones desarrolladas deben reducir su huella ecológica de un 50% a un 80%. Esto implica, entre otras cosas, asumir los costos ecológicos y sociales y darle un valor justo a los servicios de los ecosistemas. En este último aspecto, Rees rescata la experiencia de Costa Rica con el pago por servicios ambientales que, según dice, es un modelo que debe difundirse en el mundo.

No está mal saber que algo estamos haciendo bien, pese a que nosotros también hemos sobrepasado la biocapacidad y adoptado los patrones de consumo de aquellos países que precisamente agotan en mayor cantidad los recursos del planeta.

Al final, hacer un uso racional del capital natural puede parecer un punto de vista idealista, pero en realidad es el único camino.

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