30 de junio de 2011 por Katiana Murillo

Una comunidad que vive del bosque

Para nadie es un secreto que las áreas silvestres protegidas del Estado no cuentan con el personal necesario para atender todas sus necesidades, incluyendo el patrullaje, y que una de sus amenazas tradicionales ha sido la incursión humana para cacería y extracción de vida silvestre. Los oreros en el Parque Nacional Corcovado, allá por los años 80, son un buen ejemplo de qué tan seria puede llegar a ser esta incursión, así como resolverla.

Lo interesante es que desde octubre del pasado año se está experimentando con un nuevo modelo de gestión de áreas protegidas en tierras patrimonio natural del Estado, que parece ser una buena opción para los locales. En este modelo son grupos comunales los que garantizan directamente la conservación de los recursos naturales en estas áreas por una sencilla razón: se benefician también directamente.

Este es el caso del Refugio de Vida Silvestre Tapiria, ubicado en Puerto Viejo de Sarapiquí y creado en octubre del 2010, día en el que también la Asociación Agroecoturística Lago Jalapas estrenó el primer permiso de uso para ecoturismo en terrenos patrimonio natural del Estado, con el  objetivo de realizar tours por el lago del mismo nombre y utilizar un sendero natural para observación de vida silvestre.

De este acuerdo entre la asociación y el Ministerio de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones (MINAET) se benefician  7 familias del asentamiento Rojomaca, todos parceleros del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), la institución estatal que tradicionalmente ha otorgado tierras a campesinos para labores agrícolas. Lo que sucede es que muchas de estas tierras como Tapiria, debido a la importancia de sus recursos boscosos, son patrimonio natural del Estado y no se pueden cambiar a otros usos. Entonces, la asociación, cuyos miembros incluso deforestaron en el pasado, se ha convertido en la principal vigilante del estado de estos recursos gracias a que una parte de los ingresos de sus afiliados depende de la protección del área silvestre.

Esta simbiosis, para que funcione bien, ha venido acompañada del aporte de otras  organizaciones en recursos y capacitaciones.  El objetivo del grupo es vivir cada vez más de la actividad turística, lo cual no ha sido fácil, pero que complementan con la producción y comercialización local de productos como tubérculos y granos en sus parcelas familiares, que se ubican en otros sitios.

La asociación cobra unos 20 dólares por cabeza para nacionales por una visita guiada de cerca de cuatro horas, cuya principal atracción es el recorrido en bote por el Lago Jalapas, llamado así por esa vistosa flor amarilla (Mirabillis jalapa) que abunda en sus riberas. Uno de los guías es William Castro, quien emigró del sur del país a Sarapiquí a los 18 años de edad para trabajar como agricultor y constructor y hoy, a sus 37 años, está capacitado para mostrarles a los visitantes la riqueza natural de Tapiria, labor de la que se benefician también su esposa y sus tres hijos.

Las 129 hectáreas de bosque muy húmedo tropical del refugio Tapiria albergan animales como la lapa verde, el mono colorado y las ranitas venenosas. El sitio está solo a hora y media de San José y, si quiere apoyar al grupo y visitar su bosque, resulta perfecto para un paseo de domingo.

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