4 de octubre de 2011 por Gabriela Mayorga

¿Tiene casa o se lo gasta en zapatos?

Momento. No se recrimine. Para ahorrar lo importante es empezar y para hacerlo hay que partir de cuatro puntos básicos.

Les voy a facilitar la tarea a quienes, como a mí, les tocó la experiencia de crecer en medio de una familia de pocos administradores, también a todos los que como yo, no tuvimos  una idea clara sobre el concepto del “dinero” durante todos los años de escuela y más. Es también para quienes ahora (con familia, pagando alquiler, con ropa sucia pendiente y una deuda en la tarjeta) les parece que la tarea de hacer un presupuesto se asemeja a sacar un doctorado en finanzas.

Tuvimos poca o nada educación financiera  y eso nos pesa. Es una carga que lleva la sociedad porque somos un montón los mal educados. Pero, tome nota mental de estos cuatro rubros  y ya sabrá qué poner primero en la lista de prioridades de su presupuesto personal o familiar.

1. Invierta lo antes posible en una casa propia: aunque todo es relativo a la condición de cada persona, para la mayoría el contar con casa propia debe ser una prioridad. El pago mensual de la hipoteca funciona como un plan de ahorro y además le garantiza una mejor calidad de vida.

2. Asegure lo que tiene: no se arriesgue a perderlo todo, tener la casa y otras cosas protegidas con un seguro es una necesidad básica que debe considerar siempre y sin excusas.

3. Cotice para la pensión: la realidad que usted vive hoy  (su trabajo y su salario), puede no ser la misma mañana. No cometa el error de pensar que siempre el futuro será mejor. En las condiciones actuales es racional pensar que no será así, por tanto invierta en su futuro.

4. Como tarea adicional, trate de acumular ahorros que logren subsanar todos los gastos prioritarios de su casa por un período de tres meses y si lo logra, trate de que esos ahorros alcancen para seis meses de gastos.

Silencio total. Nada fácil…  ¿y a ver si alcanza para zapatos?.  Son solo cuatro puntos, sencillos de recordar y suficientes para sentarlo en la mesa y, ahora sí, empezar a hablar en serio de su presupuesto y su dinero.

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