Reconozco que tengo dos tarjetas de crédito y así las uso



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No es que las recomiende, pero no puedo ser hipócrita yo tengo dos. Una existe en mi billetera desde que inicié mi vida laboral, apenas el salario deja prueba de su existencia y ¡ZAZ! decenas de vendedores se aparecen en la puerta de la casa y en los pasillos de la oficina ofreciéndolas como confites.

Acepté una, con esa misma me he mantenido ya por 16 años, la segunda es hija de la primera, llegó apenas hace dos años y me justifico al tenerla porque es la misma línea de crédito que la otra, es decir es como una sola tarjeta pero partida en dos plásticos, la segunda de marca distinta.

Confieso que he tenido dos más, pero ninguna sobrevivió más de un año, al primer cobro de anualidad, que me juraron no cobrar, la devolví y otra vino disfrazada de tarjeta de débito pero NOOOO, en realidad era de crédito ¡Cuidado!

Las que mantengo, me sirven, pero son unas amigas aprovechadas, pero sinceras. El más mínimo descuido o error lo cobran caro, carísimo. Esa es su principal desventaja. Realmente hay que saber usarlas y yo confieso que a veces no lo logro.

Las razones son simples, las tarjetas saben hacer uso perfecto de las debilidades humanas en el consumo, son hiper fáciles de usar, y en un día ajetreado se puede perder la cuenta de cuántas veces se usó y NO AVISAN.

Aunque algunas tienen sistemas de alertas, que se autoprograman para saber cuándo se está perdiendo el control, lo cierto es que nos damos cuenta siempre después, y seamos sinceros, a veces la alerta que le programamos no es la que funciona en un día como ese. 

Ventajas.

  1. Una se siente respaldada, aunque esto es un arma de doble filo, lo cierto es que en determinado momento cuando simplemente no hay de otra, la tarjeta está allí BRILLANDO la muy vil.
  2. Yo uso el plan de beneficio conocido como cash back (hay otros),y sí, el efectivo viene de vuelta ¡Muy bien! En la entidad bancaria me la han querido sutilmente cambiar por el sistema de millas, pero yo me niego.
  3. Hay periodos en los que pago todo, todo, todo con la tarjeta de crédito (gasolina, supermercado, farmacia, ropa) y eso supone que la tarjeta me devuelve el 1, 2, 3 y hasta el 17% de esas compras. :D Felicidad cuando una en un momento de urgencia sabe que tiene un ahorro sin querer queriendo que simplemente salva.
  4. Las millas igual le funcionan bien a los viajeros (no es mi caso personal) pero, he comprobado de cerca que fácil un viaje familiar puede salir un boleto menos, gracias a las millas acumuladas.
  5. Mi primera tarjeta vino ligada a un viaje al extranjero, y esa sigue siendo la mejor excusa para tener tarjeta de crédito, una marca global te hace ser alguien cualquiera pero con tarjeta en cualquier país del mundo. Eso sirve.
  6. Los seguros, cuando los ofrecen todos suenan muy útiles, seguros contra robo, de emergencia vial, de vida, de emergencia hogar... Aquí el detalle es no olvidar que se compraron, porque en la próxima emergencia seguro que se olvidó y eso no sirve.
  7. Otras tarjetas tienen beneficios simpáticos y útiles como noches de 2X1 en el cine, descuentos para la compra de entradas a espectáculos o conciertos, 50% de descuento en el restaurante favorito y los pagos a plazo sin intereses que son una forma de comprar algo cuando no se tiene la plata sin pagar de más.

La segunda tarjeta la uso para compras en Internet, tiene un monto muy limitado de crédito y es la que está vinculada a mi casillero, además tiene la ventaja que al ser de otra marca puedo beneficiarme de las promos que aplican a esta y no a la otra.

En conclusión, sí las uso, sí me sirven pero hay que saber manejarlas y eso cuesta. No les doy confianza. 

Mi TIP BÁSICO: aprovecho todo lo que ofrecen y si al siguiente mes no puedo hacer el pago de contado (me ganaron ¡XXX@!), la guardo en el fondo y no la uso NUNCA MÁS hasta que pague el total. Durante el tiempo que dure pagando no hay millas ni cash back, ni tasa cero, NADA. Además nunca me conformo con pagar solo el mínimo JAMÁS.

Yo sé que puedo controlar una tarjeta (la misma línea de crédito), no dos y mucho menos tres. Reconozcamos que son instrumentos complejos y además cambiantes... cambian plazos, tasas, beneficios y hay que estar atento. 

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1+1=3 Gabriela Mayorga

Gabriela Mayorga López es parte del 50% de la población de mujeres de Costa Rica, y del 55% que para este tiempo está en edad laboralmente productiva, ¡que así sea!. Es deudora y paga tasas de interés por una hipoteca y también por una tarjeta de crédito por tanto, es masa. Es parte del 40% de empleados del sector privado, del 27% de los ciudadanos que tienen entre 15 y 49 años, y engrosa las filas de graduados universitarios, que cada año suman cerca de 23.000 nuevos profesionales. Es periodista pero, es más importante decir que ha hecho periodismo (casi siempre) en temas económicos y financieros desde hace un buen rato.

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