Por:  16 octubre, 2015

Estamos atrapados entre dos bloques sindicales que hacen de las vías públicas su escaparate para medir sus fuerza, una lucha que no por estéril deja de ser muy grave.

Por un lado Bloque Unitario Sindical y Social Costarricense (BUSSCO) compuesto principalmente por el sector educación y trabajadores de la CCSS. En el extremo opuesto Colectivo Sindical Latinoamericanista Patria Justa alzando la voz por los agremiados de diversas instituciones públicas como Japdeva, ICE y Recope.

En esa contienda absurda de poder estamos todos fregados. En lo que va del segundo semestre del 2015 llevamos como mínimo 3 protestas “masivas” organizadas por estos dos grupos sindicales: 27 de julio el turno fue de Patria Justa, el 20 de agosto BUSSCO hizo de las suyas y convocó a sus agremiados, hoy 16 de octubre estos últimos repiten, y ya para finales de mes Patria Justa anunció que se irán a la calle para quedar empatados.

¿Cuál sería el grado de convocatoria si las marchas se organizaran los fines de semana? Probablemente no lo sabremos nunca.

El gobierno sigue dando vueltas al tema esperando que el unicornio del diálogo nacional toque a la puerta de Casa Presidencial y cual realismo mágico desaparezca la voracidad sindical que impide lograr acuerdos. Mientras tanto el tiempo corre.

Las distintas y distantes bancadas sindicales defienden con una miopía que es casi ceguera el mantener al país secuestrado por un régimen de empleo público y un desorden salarial que no está a la altura de la situación actual.

Tumbacocos, pancartas, transporte, comidas… lo que haga falta para justificar un fin de semana largo pagado, un día perdido en la recta final del ciclo lectivo, y la posibilidad de alimentar la ilusión de poder entre los ciudadanos; de todas formas los sindicatos del Magisterio Nacional recaudan alrededor de ¢9.800 millones al año a través de los aportes mensuales de sus agremiados por lo que plata sí hay, y como si fuera poco hasta cuentan con fondos de contingencia dentro de sus presupuestos para cubrir cualquier deducción salarial como consecuencia de la huelga.

Cada vez que un maestro cierra las puertas del aula para protestar en contra del “modelo neoliberal” está adoctrinando a sus estudiantes y todos nos quedamos tan contentos. Es increíble pensar que lo que escandaliza al país no sea esto sino que los docentes enseñen sobre educación sexual.