Los trabajadores tatuados son mejores


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"Se busca Director de Finanzas, con grado mínimo de maestría y 10 años de experiencia,  para ocupar una posición regional en empresa del sector industrial con operaciones en 15 países.

 Se ofrece un competitivo paquete salarial  de acuerdo con el percentil 75 de la encuesta de mercado y un mínimo de 45 días hábiles de vacaciones al año.

 Los interesados deben estar tatuados: enviar fotografía”

 

Si les dijera que esta empresa exige como requisito que los candidatos estén tatuados porque considera que son en su mayoría personas altamente competitivas, con capacidad para manejar adecuadamente entornos laborales exigentes, y habilidad para la solución de problemas complejos,  ¿se sentiría usted discriminado?.

Eso sucede todos los días pero a la inversa.

Discriminar en el empleo porque la persona está tatuada pareciera que se acepta relativamente bien, pero discriminar porque alguien NO tiene tatuajes suena a locura.

¿Cómo un trabajador tatuado, solo por sus tatuajes,  puede ser mejor empleado que uno que no lo está?.  Así planteado no tiene sentido lógico,  como tampoco tiene razón quien tilda a todos los tatuados de vagos, pachucos o irresponsables.

A mi tía le decían en el colegio que si se bañaba en una piscina en la que habían hombres corría el riesgo de quedar embarazada. Tiempo después, tras años de vivir con la angustia de un mito estúpido, decidió lanzarse al agua con el corazón en la mano para demostrarle a las monjas que estaban equivocadas. ¡Cuanta razón tenía mi tía!. 

Los tatuajes son todo un tema catapultado por la constitucionalización del Derecho del Trabajo. La pregunta no es si usted está de acuerdo o no con que la gente se tatúe, o si se ven bien o si son un horror. La cuestión gira en torno a si es legalmente sostenible que los derechos labores puedan quedar afectados por un tatuaje.

La pregunta es si cabe la posibilidad de que pierda el empleo porque el sábado decidí tatuarme un unicornio rojo en la pantorrilla, y el lunes llegué con enagua a la empresa. 

Y debo recurrir a la trillada respuesta: depende. ¿Depende de qué?

  • De las políticas internas que la empresa tenga implementadas.
  • Del tipo de empresa y del puesto de trabajo que sea.
  • Y principalmente, si hay una razón de peso para que el patrono prohíba que sus empleados muestren sus tatuajes,  en función de la defensa de sus intereses empresariales.

Por supuesto que no todo es blanco y negro, y como los tatuajes, este es un tema que debe matizarse en tonos grises.  No se exige la misma apariencia a un diseñador de una agencia de publicidad que al cajero de un banco.  Sin embargo, la compañía que manifieste que los tatuajes en el cuello de un empleado dañan sus intereses estará en la obligación de demostrarlo.

Hoy por hoy jóvenes de ambos sexos, futuros médicos, abogados, administradores e ingenieros ya tienen uno o más tatuajes y aún no han aplicado a su primer trabajo.  ¿Están por ello destinados al desempleo?.

Y siempre está la otra cara de la moneda: ¿qué sucedería si la empresa en lugar de prohibir los tatuajes los promoviera? Una compañía en Nueva York ofreció un aumento salarial para todos aquellos empleados que aceptaran tatuarse el logo, y les cuento que la respuesta fue mejor de la esperada. Es sin duda una iniciativa de retención bastante fuera de la común.

Los tatuajes son una manifestación, como otras, del legítimo derecho a la propia imagen.  El trabajador que ha decidido tatuarse no deja de ser un buen empleado. El tatuaje se lleva en la piel, y algunos incluso afirman que hasta en el alma, pero no destruye las neuronas ni la capacidad para cumplir con las exigencias de un puesto de trabajo con responsabilidad y compromiso.

En una sociedad como la nuestra, en la que Justo Orozco no solo recibe el apoyo de muchos sino que constantemente aparecen nuevos y acérrimos defensores de sus ideas, seguimos cayendo en el error de que la imagen “socialmente aceptada”lo es todo.

Se espera que el trabajador tenga una apariencia “normal” de persona “correcta”, pensando que si se cumple con ese estándar se preservará el buen funcionamiento de la empresa. Pero ¿qué es “normal”? Probablemente dependerá de a quien le preguntemos. Mi abuelo diría que un abogado tiene que usar traje y rasurarse a diario, mi papá es definitivamente menos conservador, y mi hermano tiene en la lengua un arete.

Hay quienes llevan en la billetera una foto del perro -fiel compañero-  que murió recientemente, y otros que prefieren tatuárselo en el muslo de la pierna izquierda.  ¿Cuál es mejor trabajador?. No sé quien pueda tener mejor desempeño, lo cierto es que el derecho laboral aplicará igual para ambos.

 

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Catalejo Laboral Paola Gutiérrez

Paola Gutiérrez es abogada y asesora empresarial con más de 13 años de especialización en Derecho del Trabajo. Es máster en Recursos Humanos de la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, España;  máster en Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Estatal a Distancia en Costa Rica, y tiene una especialización en Derecho del Trabajo y derechos fundamentales de la Fundación General de la Universidad de Salamanca, España. 

Durante su trayectoria profesional ha ocupado puestos gerenciales en Recursos Humanos y actualmente es co-directora de la división Lex Labor del Bufete Lex Counsel. 

Este blog pretende llamar la atención sobre aspectos que podrían estar quedando fuera del radar de observación de ustedes lectores. A través del lente del catalejo es posible “captar de lejos” contingencias laborales, con la posibilidad de realizar cambios estratégicos en el rumbo de las organizaciones empresariales.


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