En un mundo de constante entretenimiento, el tedio se torna en un temido enemigo con el que muchos se obsesionan

Por: Margaret Rose Grigsby 6 noviembre

¿Qué es pues el tedio? Es donde hay demasiado y, al mismo tiempo, no hay suficiente. Insuficiencia porque hay demasiado, demasiado porque no hay suficiente. (La nausea, Jean Paul Sartre)

Mucho se acusa a los jóvenes y niños de padecer de un aburrimiento casi permanente. Lo cierto es que parece ser que la epidemia es igualmente fuerte en la generación anterior. A esto se aúna otro de los miedos creados por las mismas personas: la aversión a estar a solas, que no es lo mismo ni es igual que a sentirse solo.

Mucho se acusa a los jóvenes y niños de padecer de un aburrimiento casi permanente. Lo cierto es que parece ser que la epidemia es igualmente fuerte en la generación anterior.
Mucho se acusa a los jóvenes y niños de padecer de un aburrimiento casi permanente. Lo cierto es que parece ser que la epidemia es igualmente fuerte en la generación anterior.

Decía el escritor ruso León Tolstoy que “el tedio es el deseo por los deseos”, pienso que es eso lo que le sucede a mucha gente hoy en día.

El instante en que el aburrimiento o la sensación de soledad asoman a la mente, la reacción instantánea es extinguirlos activando el dispositivo electrónico. Tal vez ahí radica precisamente parte del aburrimiento, ese mundo variado y emocionante de entretenimiento tiene todo el mismo origen: lo generamos a través de nuestros dedos activando un teclado y una pantalla. Y eso es la misma manera en que pasamos gran parte de nuestra vida laboral o académica, trabajando con nuestro teclado. En lugar de realizar diferentes actividades que estimulen de diferentes maneras, para erradicar el tedio recurrimos a la misma pantalla. Como consecuencia, esos mismos dispositivos se vuelven repetitivos y rutinarios: una fuente de aburrimiento. Ver un vídeo, jugar un videojuego o leer lo que nuestros “amigos” cenaron en Facebook no está creando nada.

Este año ha sido publicado en español el interesante libro “El arte de saber aburrirse” de la psicóloga británica Sandi Mann, quien se pregunta: “¿Por qué hoy, con la cantidad de estímulos que tenemos parece que estemos más aburridos que antes? Nos hemos acostumbrado a una estimulación cada vez mayor. Necesitamos más acción, más novedad, más emoción. Nunca tendremos suficientes estímulos. Intentamos no caer en el aburrimiento, hacer todo tipo de cosas, pero no lo logramos”.

Muy por el contrario, en su opinión “Tenemos que desacelerar. Tomarnos una pausa e intentar paliar la enfermedad de la prisa, de no perder el tiempo. Necesitamos abrazar el tedio y valorar el tiempo de inactividad».

¿Qué perdemos cuando cuando de escapamos del aburrimiento? Una cosa que perdemos es paciencia. Otra es la creatividad, que a menudo nace del aburrimiento. También perdemos la capacidad de interactuar con nuestro entorno, especialmente con los seres humanos que nos rodean.

Decía la poetisa Dorothy Parker “La cura para el aburrimiento es la curiosidad, no hay cura para la curiosidad.” La batalla contra el tedio se libra de adentro hacia fuera y no a la inversa, como quisieran hacerlo muchas personas, buscando que Google, Xiri, Netflix, Alexa, Amazon les sugiera mayor diversión o encontrar inspiración en las redes sociales. Hay que perderle el miedo el miedo al aburrimiento y abrir las compuertas a la curiosidad y a nuevos descubrimientos. Y estimular lo mismo en los niños, que no se acostumbren a que el aburrimiento es malo y que quitarlo es obligación de algo externo o de alguien mas.