Por: Carlos Cordero Pérez 29 junio, 2015
Las empresas de cable impulsan sus paquetes premium para hacer frente a la competencia de los servicios streaming.
Las empresas de cable impulsan sus paquetes premium para hacer frente a la competencia de los servicios streaming.

Usted sale tarde del trabajo, llega a la casa, hace todo lo que tiene que hacer y se dispone a ver alguna película con el residuo de fuerzas que le quedan finalmente.

Empieza la odisea y como el Ulises mitológico va de canal en canal, repasa todos lo que tiene su paquete básico, va a los favoritos y luego a los que ve más. Nada de nada.

Era el mismo sentimiento antes de contratar el cable, cuando en las televisoras nacionales encontraba solo novelas; en los noticieros, solo sucesos; en los canales o programas de música -aparte que ya no son para Usted- solo payasadas; en los culturales, solo costumbrismo mal dramatizado.

Y había contratado el cable aprovechando que ofrecía Internet.

Lo que inició con gran novedad –no es que empezó a aburrir de puro hábito– empezó a aburrir porque la programación se volvió abusivamente mala.

Ahora en el cable lo que encuentra son las mismas pésimas películas y los capítulos repetidos de las mismas malas series. En "deportes" los canales dirigidos a los mercados más grandes en español (México y Argentina) llevan al hastío con solo fútbol, programas de comentaristas de radio haciendo tele y tratando de crear polémicas falsas, pocas alternativas de nuevos deportes y nada de sustancia.

El noticiero de CNN se hizo un bostezo y ya ni está Glenda... Los canales de animales se volvieron cuevas de serpientes y nidos de arañas de pavor para alimentar las fobias mas elementales.

Los de historia y de ciencia se pasan reciclando la Segunda Guerra Mundial (digamos que lo más interesante) y llenándose de baratijas, seudo-ciencia sobre catástrofes y alquimia de Nostradamus.

Capítulo aparte, están los canales ahora dedicados a asesinatos sin solución o aniquilaciones entre parejas por adulterio, sexo, dinero, poder o por puro gusto.

¿Adónde llevaron las buenas series, los canales de buen cine, los de arte, y los estrenos de calidad?

¿A los paquetes premium?

¿Y hay alguien que se esté pasando a esos paquetes?

infografia
A su alrededor seguro que conoce gente que se ha pasado a Netflix, que prueba Cuevana, Apple TV, Fire TV, Chromecast o Claro TV. Pero, si ocurre como a mi alrededor, difícilmente encontrara a alguien que haya contratado un paquete premium de alguna de las cableras.

Si uno se atiene a las teorís callejeras de las conspiraciones, da la impresión que la estrategia de las empresas de televisión por cable, de sus proveedores o de la industria que está detrás, es tener una mala programación en los paquetes básicos para obligar a sus audiencias a comprar los premium.

Pero la sensación es que no está dando resultados. Lo que se ve es gente burlándose de los esfuerzos para contener a sus clientes -dicen que ofrecen hasta la Luna si uno llega a desinscribirse- y más y más gente saltando al streaming.

Ya les pasa en Estados Unidos, donde los clientes abandonan las cableras y han huido en masa hacia los servicios streaming. Pero como que no aprenden. Acá pasa -y se incrementará- algo parecido.

Todavía sus números -los veremos este martes cuando Sutel publique los datos del mercado- se verán creciendo, pues todavía hay población a la que no alcanzaban y porque ahora hay otras empresas de televisión satelital que están cubriendo los techos de algunas zonas urbanas y rurales con paquetes y precios de ganga.

Cuando toquen techo y los servicios streaming se hayan difundido más, se verá si esa estrategia de ofrecer paquetes básicos de mala calidad -para que los clientes se pasen a los premium- habrá dado resultado o si solo habrán servido en bandeja a buena parte del mercado al streaming.

¿O todo esto será pura impresión mía?