La tecnología nos ayuda a comunicarnos y también a aislarnos. Estas son siete situaciones –de las muchas que he visto– en las que unos simples audífonos nos libran de malas experiencias en un bus

Por: Carlos Cordero Pérez 16 julio, 2015
En el mercado hay audífonos para todos los gustos.
En el mercado hay audífonos para todos los gustos.

La tecnología nos ayuda a comunicarnos y también a aislarnos. Estas son siete situaciones –de las muchas que he visto– en las que unos simples audífonos nos libran de malas experiencias en un bus:

1- Por el carajo que viene peleando por teléfono con la novia en el bus y que le dice –todo majadero– que no puede hacer esto o aquello y la cuestiona a viva voz por la ropa que usa, por las amigas con que sale, por el maquillaje que se pone, por el peinado que se hizo y que sin él... bla bla bla.

2- Por el que viene silbando como si estuviera en el baño o cantando como si estuviera en concierto en vivo y destruye todo a su paso (la canción, la letra y la música) sin conciencia alguna de lo que hace.

3- Por el predicador que se sube al bus y empieza a hablar del mundo mundano y del Paraíso; el que era drogadicto y cuenta su historia de conversión, que el gobierno no les ayuda para el albergue y que si le pueden comprar lapiceros, chupa-chupas o alguna otra mercadería de a cien pesos; el que sube y enseña el estomago engranguenado y el pie podrido o habla de una extraña enfermedad (con certificado emplasticado) que le impide trabajar.

4- Por el tipo que es todo simpatía y se sienta con toda la intención de hablar de cualquier cosa como si con ello resolviera el mundo o, en el caso de las muchachas, el donjuán que hila una aburrida historia sobre sí mismo, sobre su grandeza, y se despliega con un cuento lleno de piropos y piruetas a ver quien pica el anzuelo.

5- Por el que viene en el último asiento, agarra el celular y se deja decir un ALO! que retumba como si se estallara una llanta, capaz de despertar a quien viniera cabeceando por culpa y responsabilidad de una desvelada y capaz de hacer que la mitad de los pasajeros vuelva la cabeza -al estilo de la del Exorcista- para ver quién hablaba por teléfono como si tuviera megáfono.

6- Por el que viene escuchando música, viendo un video o jugando sin audífonos, a todo volumen y como si el celular no sonara como chicharra desafinada, con pretensiones de que todo eso es digno de admirar y de que es el último grito de la moda cibernética.

7- Por la señora que viene regañando a su hija un sábado de descanso por las flojas calificaciones, la falta de ayuda que le da en el oficio de la casa y hasta por el novio que tiene y que solo la llama para pelear con ella y que le dice –todo majadero– que no puede hacer esto o aquello y la cuestiona a viva voz por la ropa que usa, por las amigas con que sale, por el maquillaje que se pone, por el peinado que se hizo y que sin él... bla bla bla.

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