Antes de proponerse la meta, pregúntese ¿cuál es el objetivo de esto que quiero hacer? y a la hora de establecer el plan de acción para lograrla, sea sincero con usted mismo, con las posibilidades reales de tiempo y de condición física que posee

Por:  30 diciembre, 2013
gabriela traña
gabriela traña

Es común que para el año nuevo nos pongamos metas nuevas.

“Este año me meto al gym”. “Este año hago dieta”. “Este año voy a bajar de peso”

Lamentablemente, también es común que, al llegar fin de año, veamos que esas metas no se cumplieron.

¿Por qué?

Pueden haber muchas razones pero me voy a enfocar en una: esas metas están mal planteadas.

Las metas deben ser inteligentes. Y aquí, si me disculpan, voy a usar un acróstico en ingles:

Specific (específicas)

Measuarable (medibles)

Action oriented (con un plan de acción establecido)

Realistic (realistas)

Timely (temporalmente viables)

Decir “esta año voy a hacer ejercicio” es como decir al inicio de la semana “voy a comer pollo”.

¿Qué día de la semana? ¿A qué hora? ¿En su casa o en otro lado? ¿Qué parte del pollo? ¿Preparado de qué forma?

Nuestros hábitos y comportamientos son específicos y así de específicas deben ser las metas que nos proponemos a inicio de año para poder convertirlas en comportamientos y hábitos posteriormente.

Por eso, en lugar de decir “esta año voy a hacer ejercicio”, sería mejor “este año, haré como ejercicio caminatas tres veces por semana durante 20 minutos en el parque del condominio, antes de irme al trabajo”.

Sinceras y útiles

Pero las metas no solo deben ser inteligentes; deben ser efectivas también, y para que sean efectivas, hay que ser sincero con uno mismo, con las posibilidades reales de tiempo y de condición física que posee.

Proponernos “caminar 20 minutos tres veces por semana” puede parecer una meta mediocre y autocomplaciente.

Y quizás, para algunos sí lo sea; pero quizás también, para otros no. Quizás eso es lo único que realmente esa persona puede hacer por ahora y no debe sentirse mal por no poder hacer más.

De nada valdría proponerse una meta tan ambiciosa que no sea realizable y que se quede únicamente en buenas intenciones.

También sería un desperdicio y un autoengaño proponerse una meta tan fácil de alcanzar que probablemente no lo lleve a descubrir ni a alcanzar su verdadero potencial.

Las metas tienen que tener una dificultad moderada, suficiente como para que sean un reto y una motivación para superarse pero siempre dentro de un marco realista, factible y realizable.

Y un último consejo: que la meta tenga algún propósito.

Una meta puede estar bien diseñada y ser inteligente, tener el nivel de dificultad idóneo y ser un completo sinsentido.

Antes de proponerse la meta, pregúntese ¿cuál es el objetivo de esto que quiero hacer?

Y cuando le den ganas de romper el compromiso que adquirió con usted mismo a inicios de año, recuérdese esa respuesta y conviértala en su motivación para llegar a la meta y ver su propósito cumplido a fin de año.

Etiquetado como: