Por: Carolina Ruiz Vega 19 noviembre, 2012
Unión neuromuscular
Unión neuromuscular

Todo empezó el día en que no me cerró el botón del pantalón: el peso de más que había acumulado estaba de mi ombligo para abajo.

Me dijeron que la forma más rápida para bajar de peso era correr y yo en esa época con costos subía los tres pisos de la oficina sin que se me saliera el corazón por la boca.

Pero la vanidad pudo más.

Me puse los tenis y seguí los consejos de mi mejor amiga, quien es maratonista. “Trabaje en intervalos de cinco minutos. Empiece caminando tres minutos, corriendo dos; luego aumenta: corre cuatro y camina uno; luego…”

Y así lo hice.

La primera semana fue terrible. Me dolían las piernas, me faltaba el aire, me daba cólico, sentía que el pecho me ardía y que el corazón me iba a explotar. Además, me frustraba ver que, corriendo a la velocidad a la que iba, me habría ganado una tortuga renca. Y lo peor de todo era que, después de un mes, ¡el botón seguía sin alcanzar al ojal!

Pero no me rendí.

Créame, he estado ahí. He sentido que no lo voy a lograr, que eso no es para mí, que no vale la pena tanto esfuerzo si no se ven los resultados. Pero se equivoca: sí lo puede lograr, hacer ejercicio sí es para usted y todo el esfuerzo dará resultados… eso sí, no de un día para otro.

La adaptación requiere tiempo

Imagine que sus fibras musculares, que son las células de los músculos, son como trabajadores de una fábrica.

Hasta ahora, el cuerpo solo tenía en planilla algunas de ellas (las que hacían las actividades cotidianas). Otras fibras musculares estaban ahí en la fábrica pero no trabajaban.

De repente, la primera vez que su cuerpo se ejercita, se da cuenta de que las fibras musculares en planilla no dan abasto con el trabajo y le solicita a las otras que trabajen. Pero, como cree que es una eventualidad, dado que nunca antes se había presentado esta situación, contrata a esas fibras musculares por el día, no en planilla.

Tendrán que presentarse muchas “eventualidades” de este tipo y con una regularidad constante para que el cuerpo se dé cuenta de que la actividad física que está experimentando no es un evento esporádico, sino que es parte de la cotidianidad. Será hasta ese momento en que dejará de contratar a las nuevas fibras vía freenlance y las vuelva parte de la planilla fija.

¿Y cuál es el contrato? El reclutamiento neuromuscular. La primera adaptación que hace el cuerpo es a nivel del sistema nervioso, que recluta a las fibras musculares a las que está conectado para que puedan empezar a realizar los nuevos trabajos que el organismo está demandando.

Por eso, los primeros resultados físicos son casi imperceptibles pero son la base de todo lo que está por venir.

Sea un buen patrón: contrate a esas fibras musculares en planilla y verá los réditos en salud que esto le traerá.