El Día del Libro no es solo la fiesta del español Cervantes y el inglés Shakespeare, sino también del afgano Matiullah Wesa

Por: José David Guevara Muñoz 22 abril, 2016

Que corra la tinta, no la sangre. Que el territorio se llene de libros, no de minas explosivas. Que vuelen las hojas impresas, no las viviendas. Que los ojos sean para leer, no para contemplar el odio. Que no se ataque a la gente, sino a la ignorancia. Que el Ingenioso hidalgo le gane la partida a los caballeros de las tristes figuras que deja la guerra, y que el "ser o no ser" derrote al matar o no matar. En fin, que se pasen las páginas de los textos y también las de la violencia.

Me gusta resumir de esta manera la excelente idea que Matiullah Wesa, de 22 años, hace realidad en Afganistán desde que era un adolescente de 14 años: reabrir escuelas clausuradas por los pasados enfrentamientos armados y establecer bibliotecas en los lugares donde las contiendas dejaron las huellas más profundas. Así lo hace por medio de Pen Path, una organización de voluntarios que él mismo fundó.

Una de las bibliotecas opera en Panjwai, un pueblo rural ubicado al sur de ese país asiático. Se trata de un sótano polvoriento que alguna vez fue habitación para invitados, por lo que aún conserva unos cuantos colchones y cobijas que comparten el espacio con dos estantes que contienen 1.600 libros y algunas revistas.

Gracias a ese rincón varios vecinos han podido leer distintas publicaciones. Por ejemplo, Nabi, de 12 años, leyó "The Fires of Hell" y Taher Agha, de 15, "Of Love and the Beloved". Asimismo, un joven pronto a casarse hizo un viaje de 10 kilómetros en su bicicleta para pedir prestado un ejemplar de "Tareas del hogar".

Esta es una de las siete bibliotecas que Matiullah Wesa, estudiante avanzado de ciencias políticas en la India, ha echado a andar —con la ayuda de donaciones producto de campañas en las redes sociales— en las provincias de Helmand, Khost, Wardak, Kandahar y Kunar.

De estos y otros detalles de esta magnífica historia me enteré en una nota publicada por la edición en español de The New York Times. La comparto no solo para festejar con ella el Día del Libro (23 de abril), sino para refrescarnos con un caso que inspira y desafía.