Por: José David Guevara Muñoz 19 junio, 2013

Don Trillo es el esposo de doña Corrupción, aquella elegante y "distinguida" dama que a la que me referí el pasado 30 de mayo en este mismo espacio.

La veterana y astuta señora no podía haber escogido un mejor marido, un compañero con quien hacer yunta en sus oscuros negocios, un socio ducho y leal.

Y es que don Trillo es todo un maestro en el cada vez más practicado, depurado y sofisticado arte de encontrar los caminos, veredas y vericuetos que conduzcan de manera clandestina hacia el dinero ilegal.

Este señor posee la inteligencia y la paciencia necesarias para descubrir trillos en las leyes, atajos en los reglamentos, sendas en los contratos, trochas en las concesiones, calzadas en las licitaciones, rondas en los proyectos, laberintos en los programas, alamedas en las donaciones, ramblas en las campañas, pasajes en las oportunidades de negocios, desvíos en los procedimientos, bifurcaciones en los trámites, carriles en los cobros...

No solo eso. Además se cuida de no dejar huellas en su diario caminar. Pero, si por causa de algún descuido, deja algún rastro (por ejemplo,en el cobro de comisiones), de inmediato lo cubre para que tenga apariencia de acto legal, correcto, ético y transparente. En esta labor siempre cuenta con colaboradores o debefavores dispuestos a echarle tierra a las evidencias y barro a las marcas.

Un día de estos les cuento de uno de los hijos de don Trillo y doña Corrupción...