Además, exigen que sus beneficios millonarios no se toquen...

Por: José David Guevara Muñoz 4 noviembre, 2016
¿Cómo no recordar a cierto personaje de la literatura infantil cuando escuchamos los
¿Cómo no recordar a cierto personaje de la literatura infantil cuando escuchamos los "argumentos" que algunos funcionarios públicos esgrimen en favor de que no les reduzcan sus millonarios beneficios?

Cada vez que en este país se habla del eterno tema de la evasión fiscal y del justo y necesario recorte de beneficios millonarios que disfrutan unos pero pagamos todos, recuerdo la irónica y sarcástica historia del poeta que protagoniza el relato breve El paseo, del escritor alemán Robert Walser (1878-1956).

La obra se enfoca en un hombre de letras que un buen día se pone el sombrero y sale a caminar por el pueblo, estimulado por una hermosa mañana.

Después de visitar al sastre, con quien tiene una agria discusión porque no le gusta para nada el traje entero que le encargó, se dirige a la oficina de Hacienda para explicarle su situación financiera al presidente de la comisión de impuestos.

Primero se presenta como un "pobre escritor y plumífero" que apenas sobrevive con unos precarios ingresos. (¡Pobrecito!).

Luego sostiene que carece de patrimonio, lo cual lo induce a desesperarse y llorar. (¡Qué crueldad!).

"Me las voy arreglando, como suele decirse. No practico lujo alguno; eso puede usted verlo con sólo mirarme". (¡Ah vida más injusta!).

En cuanto a su alimentación, la califica de suficiente y escasa. (Apenas para que pida ayuda en el IMAS).

Incluso llega a afirmar que "está cargado de toda clase de pobreza a tal extremo que los primeros días de la semana se ve obligado a permanecer encerrado en casa porque carece de ropa de domingo. (Posiblemente nunca se le ocurrió decirle a la Asamblea Legislativa que su pensión no se toca).

Para colmo de males, asegura —ya podrá usted imaginarse la voz de este personaje— el público ha rechazado algunos de los libros que ha publicado, lo que le ha deparado "consecuencias angustiosas". (En otras palabras, podría ceder a ofrecimientos irregulares).

Le cuenta al funcionario de Hacienda que ocasionalmente recibe donaciones de algunos benefactores. (Claro, apenas unos cuantos cincos).

Finalmente ruega: "estime mi capacidad de pago tan bajo como sea posible". Sin embargo el tasador reaccionó: "¡Pero siempre se le ve paseando!" (Cara de barro el poeta).

La respuesta es de antología: "Pasear me es imprescindible, para animarme y para mantener el contacto con el mundo vivo, sin cuyas sensaciones no podría escribir media letra más ni producir el más leve poema en verso o prosa. Sin pasear estaría muerto, y mi profesión, a la que amo apasionadamente, estaría aniquilada". (Decirle descarado es un piropo).

¿Se le parece este poeta a algunos personajes costarricenses cuando se habla del eterno tema de la evasión fiscal y del justo y necesario recorte de beneficios millonarios?