De cómo Noé fracasó en su intento de anclar el arca en un muelle de Costa Rica

Por: José David Guevara Muñoz 12 marzo, 2015

El relato del Génesis no lo dice, pero resulta que el destino original que se había definido para el arca de Noé no era el monte Ararat, donde finalmente encalló, sino alguno de los puertos de Costa Rica. Sin embargo, ocurrió lo mismo de siempre...

Cuando el patriarca bíblico se disponía a atracar en las costas de nuestro país recibió un aviso urgente ordenándole desistir de su intención, debido a que había una huelga de muelleros que podía prolongarse por tiempo indefinido.

El capitán, optimista empedernido, decidió mantenerse a pocas millas náuticas con la esperanza de que el conflicto laboral finalizara pronto. No fue así.

Cuando por fin se resolvió ese diferendo, con arduas negociaciones y gases lacrimógenos de por medio, Noé reemprendió el avance hacia el muelle, pero una vez más tuvo que dar marcha atrás por culpa de un recurso de amparo planteado ante la Sala Constitucional.

Acostumbrado a un Dios que emite fallos con prontitud (recuérdese la expulsión de Adán y Eva del Edén y el veredicto contra Caín), el constructor de aquel navío de 300 codos de longitud, 50 de anchura y 30 de altura pensó que los magistrados resolverían el asunto en cuestión de uno o dos días. Tampoco fue así.

Una vez que hubo humo blanco en esa instancia judicial, Noé y sus hijos Sem, Cam y Jafet festejaron con vino el inminente regreso a tierra. No obstante, surgió un nuevo escollo en el camino: un informe de la Contraloría General de la República cuestionando el permiso de atraque.

Noé empezó a inquietarse y preguntarse cómo era posible que aparecieran tantos obstáculos, mas no perdió la fe pues era un hombre habituado a las pruebas. "Sin duda, este será el último problema a vencer", se dijo. Una vez más, no fue así.

La nueva traba tuvo lugar en la Procuraduría General de la República. El patriarca habló con Dios, le hizo dos reclamos puntuales: que no le hubiera advertido sobre este diluvio de obstrucciones y que demorara tanto en hacerle el milagro de normalizar la situación. "He pasado más tiempo esperando anclar en el puerto que los 40 días de lluvias y los 150 días que tardaron en bajar las aguas. ¡Esto no puede ser! ¡Es irracional!"

No sospechaba este personaje que nuevas barreras se estaban cocinando en la Defensoría de los Habitantes, el Tribunal Ambiental Administrativo, la Asamblea Legislativa, el Ministerio de Transportes...

Se cansó Noé de esperar y después de navegar durante algunos días posó su arca sobre el Ararat, en donde fue recibido de manera expedita.

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