Una nación tan aferrada al ayer que se niega a modernizarse... ¿la conoce?

Por: José David Guevara Muñoz 20 agosto, 2015
El país de adobe aún conserva algunos vestigios del pasado. La pregunta es cuánto tiempo más irá a conservarlos.
El país de adobe aún conserva algunos vestigios del pasado. La pregunta es cuánto tiempo más irá a conservarlos.

Un país de adobe se enamoró del pasado, de aquellos años de barro mezclado con paja, de los tiempos de moldeado en forma de ladrillo, de un antaño de secado al aire y al Sol, y de las épocas en que se afianzaba con cañas y ramas.

Continuamente cierra los ojos y sueña con el período en el que todos sus vecinos eran del mismo material; algo así como un barrio con todas las casas con fachada de arcilla, piso de tierra, techo de tejas, tapia con guarias moradas y paredes olorosas a aguacero y montaña.

Además, estufa de hierro para cocinar con leña, gallinas transitando libres por el vecindario, carreta con bueyes en el solar, el adorno de la Nigüenta en la sala, un pilón para descascarar el café, un escobón de ramas secas, un cabo de candela sobre la mesa del comedor, una cruz de palma en la puerta principal y un Corazón de Jesús en el comedor.

Si, ese país vive aferrado al ayer. Tanto que se niega a ponerse al día.

Por ejemplo, las agrietadas paredes se oponen rotundamente a que las invadan —para reforzarlas— con materiales modernos como varillas de hierro o columnas de piedra. Amenazan con hacerle daño al resto de la estructura en caso de que alguien se atreva a impulsar una reforma de ladrillos y bloques de concreto en sus áreas más deterioradas. Peor aún, advierten que sumirán al país en una profunda crisis de ingobernabilidad si algún vende patrias osa sustituirlas por paredes de maderas importadas o piezas prefabricadas elaboradas en una zona franca.

Las desgastadas puertas no se quedan atrás. Amenazan con utilizar su músculo de llavines, picaportes y bisagras para bloquear a la nación si el Fondo Monetario Internacional recomienda una operación de cepillado y lijado. Afirman que prefieren un ataque de termitas, hormigas y escarabajos que una mano de pintura sugerida por el Banco Mundial. No están dispuestas ni siquiera a negociar una movilidad anticipada que permita la instalación de puertas nuevas. ¡Dios libre mencionar la palabra portón —que asocian con la OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos— o el término pórtico —que vinculan con la Alianza del Pacífico—.

¿Qué decir de las ventanas? Poco a poco fueron perdiendo la capacidad de dejar entrar la luz de las nuevas ideas y las corrientes de aire fresco de otras visiones y perspectivas. Se cerraron de manera tan irracional a las transformaciones necesarias que se llenaron de polvo, huellas, manchas, telarañas e incluso perdió algunos de sus vidrios; cuando les plantearon la posibilidad de renovarlos con persianas y vitrales, se cerraron como cortina metálica pues aquello les olía a corrupción, ¡para ellas todo tiene el tufo de la corrupción!

Uno de los casos más críticos es el del techo. En diversos referendos le dijo no a las láminas de cinc, no al concreto, no a la madera, no a los cristales, no a las tejas de asfalto, no al acero revestido, no al PVC... no permitió ni siquiera clavos o tornillos nuevos... a los paneles solares los calificó de herejía y blasfemia. ¿Resultado?, goteras de todas las formas y tamaños; a través de ellas ingresan las plagas del estancamiento y se esfuman las oportunidades de progreso.

El piso se dejó dominar por el miedo al cambio. Una y otra vez encargó diagnósticos sobre pisos de madera, estudios sobre pisos de mosaico, proyectos sobre pisos de cemento y organizó debates, seminarios y mesas redondas sobre pisos de azulejo, cerámica y baldosas, mas nunca hizo nada al respecto, se volvió puro cuento.

Un país de adobe se enamoró del pasado y ahora contempla, desde su notable deterioro, los procesos de modernización de las casas vecinas.

¿Conoce usted este país?