En esa nación los hospitales públicos se encuentran saturados y disponen de muy pocas camas y médicos

Por: José David Guevara Muñoz 15 junio
Hay un país en el que los pacientes soportan largas esperas para después recibir un deficiente tratamiento médico. ¿Cuál será?
Hay un país en el que los pacientes soportan largas esperas para después recibir un deficiente tratamiento médico. ¿Cuál será?

Tal y como lo expresa el título, en este blog me refiero a una nación donde el sistema de salud público padece cáncer y, además, no hay síntomas de que el enfermo vaya a mejorar.

A ver si adivina a cuál país me refiero...

Se trata de uno en donde a muchas de las personas enfermas no les queda más que soportar largos períodos de espera para recibir, al final, un tratamiento insuficiente.

¿Le resulta conocido?

Asimismo, a pesar de que en la década de los 70 este Estado brindaba una atención médica digna, hoy día los hospitales públicos se encuentran saturados y disponen de muy pocas camas y médicos para ofrecer el servicio que merecen los ciudadanos.

¿Sospecha cuál nación es?

Como si fuera poco, en aras de asegurarse la asignación de una cita los pacientes empiezan a hacer filas pasada la medianoche. Algunos le compran espacios a revendedores.

¿Será posible que no sepa de cual país se trata?

Tan grave es la situación que los ciudadanos con mayores recursos económicos acuden a hospitales en el extranjero para recibir los tratamientos que no existen en su nación. Uno de ellos, por ejemplo, pagó la suma de $220.000 en el Instituto Oncológico Dana-Farber en Boston.

¿Verdad que es un acertijo fácil de resolver?

Otro caso es el de una mujer de 31 años que llevó a su hija de cinco años al Hospital de la Universidad de Essen, en Alemania, en donde fue sometida a una terapia de protones para atacar un tumor cerebral. ¿La cuenta? $140.000, cantidad que reunió con préstamos de algunos familiares.

¿No es cierto que más claro no puede estar?

La deficitaria atención pública en salud es apenas uno de los casos que ejemplifican la inequidad económica en ese país. Quienes poseen bastante dinero tienen mucho más probabilidades de subsistir que los que no tienen más opción que aceptar lo poco que les da el Estado.

¿Aquí termina el asunto?

Lamentablemente no, los pacientes con sólidas cuentas bancarias viajan una y otra vez al extranjero para adquirir medicamentos cuyo proceso de autorización tarda, en su nación, entre tres y cinco años. ¿Y las demás personas? Lo que haya a mano.

¿Adivina a cuál país me refiero?

Aunque mucho no lo crean, a China. Usted puede profundizar en este tema en la página 30 de la edición en papel de El Financiero que circulará a partir del sábado 17 de junio, bajo el título: "Chinos ricos acuden a hospitales foráneos".

Como dice ese reportaje: "Los casi 1.400 millones de habitantes de China dependen de un sistema de atención médica abrumado y en apuros que contradice el ascenso del país como una potencia mundial".

Sospecho que algunos malpensados pensaron que se trataba de otra nación...