Muy peligroso dejarse dominar por el berrinche a la hora de votar. Se debe elegir con el cerebro más que con el hígado, y con más neuronas que bilis

Por: José David Guevara 25 noviembre
Ejercer el derecho al sufragio es un acto más de neuronas que de bilis. Dejarse guiar por la hiel y otras secreciones populistas puede resultarle muy caro al país.
Ejercer el derecho al sufragio es un acto más de neuronas que de bilis. Dejarse guiar por la hiel y otras secreciones populistas puede resultarle muy caro al país.

Estoy 100% de acuerdo con el escritor español Javier Marías cuando advierte que la impulsividad, enojo e irreflexión que prevalece en el día a día de las redes sociales no son buenos consejeros a la hora de elegir el presidente de un país.

Apoyo su idea de que es la templanza (entendida como moderación, sobriedad, razonamiento, cabeza fría) la que debe imperar en la cita de los ciudadanos con las urnas electorales.

Costa Rica no está para que nos demos el peligroso lujo de dejarnos arrastrar por pasiones, emociones, arrebatos, odios, rabietas, disparates, experimentos arriesgados, ocurrencias mesiánicas, improvisaciones escalofriantes, conjuras destructivas.

Tenemos por delante problemas que demandan acción, experiencia y seriedad, desafíos que claman por visión, dominio de los temas y propuestas concretas, y oportunidades que requieren valor y negociación política de alto vuelo para tomar decisiones a pesar de los eternos berreos y presiones de quienes pretenden que nada cambie.

No es hora de tragar carbón marca demagogo, morder anzuelos populacheros, creer en cuentos delirantes, engolosinarnos con el odio, caer en la adicción a la retórica hueca, abrirle el portón a los lobos con piel de oveja, atender las voces de profetas que proclaman ofensas, amenazas, intimidaciones y provocaciones.

"Se debe votar con el cerebro más que con el hígado, y con más neuronas que bilis".

"Se vota cada vez más como quien lanza un tuit. El problema estriba en que, así como un tuit detectado y leído puede traer consecuencias a título personal, un voto acarrea consecuencias colectivas e irremediables, a lo largo de cuatro años o más", afirma Marías.

Y agrega: "No solo hay un 'día siguiente' tras unas elecciones o un referéndum, sino que hay decenas de interminables meses siguientes, durante los cuales a los elegidos les da tiempo a propugnar nuevas leyes y liquidar las existentes, a suprimir derechos, a disolver el Parlamento y controlar la prensa y a los jueces, a decidir que ya no habrá separación de poderes".

Le recomiendo imprimir, enmarcar y colocar esta dosis de realismo político en un lugar de la casa u oficina en donde pueda leerla cada día: "En unas elecciones se otorga poder real, y justamente en ellas es donde menos se puede sucumbir al cabreo, a la impulsividad, al mero afán de 'desalojar'. Porque siempre se 'aloja' a otro, quizá aún peor".

Sí, muy peligroso dejarse dominar por el berrinche a la hora de votar. Se debe elegir con el cerebro más que con el hígado, y con más neuronas que bilis. Ejercer el derecho al sufragio debería ser un acto donde pesen más la sensatez, cordura, inteligencia y prudencia.

No es fácil, lo sé, sobre todo porque tenemos muchas razones para sentirnos asqueados, encolerizados, resentidos, estafados, indignados y burlados, pero hay que intentarlo por nuestro país.

De lo contrario podemos caer, como le ha ocurrido a muchas naciones, en Los dominios del lobo y comprender demasiado tarde que Así empieza lo malo, para citar los títulos de dos novelas de Javier Marías, con quien estoy 100% de acuerdo cuando advierte que la impulsividad, enojo e irreflexión que prevalece en las redes sociales no son buenos consejeros a la hora de elegir el presidente de un país.