No es esta la primera vez que un roedor sirve de fábula sobre la condición humana; lo mismo ocurre en el cuento clásico "El flautista de Hamelín" y en la novela "La Ratesa", del alemán Günter Grass

Por: José David Guevara Muñoz 17 junio, 2016
Imposible olvidar mi primer y último encuentro con Rita.
Imposible olvidar mi primer y último encuentro con Rita.

Imposible no recordar a Rita, la rata, en una semana marcada por los prejuicios, la violencia y la intolerancia. Sí, me refiero a la masacre del domingo 12 de junio en la discoteca Pulse, en Orlando, Florida.

A Rita la conocí hace algunos años en un bar capitalino al que fui en compañía de un grupo de compañeros de trabajo con la idea de pasarla bien con un colega panameño —Julio César Aizprúa— que estaba de visita en El Financiero.

No teníamos ni media hora de estar en ese local, una vieja casa de madera que luego fue reemplazada por una edificación de concreto, cuando descubrimos que una enorme rata de color pardo brillante caminaba "como Pedro por su casa" por entre las mesas ocupadas por la clientela. De cuando en cuando el roedor salía y entraba del bar sin que nadie lo molestara.

Asombrados y preocupados por lo que ocurría, llamamos a la salonera que nos atendía y le contamos lo que ocurría. Esperábamos que ella reaccionara y tomara cartas en el asunto; sin embargo, con la mayor calma nos dijo: "Ah sí, se trata de Rita, la mascota de este bar. Es mansa y aquí la queremos mucho y cuidamos".

En los días siguientes intenté denunciar ese hecho ante el Ministerio de Salud, pero --como suele sucedernos a los ciudadanos cuando osamos importunar a papá Estado-- me enviaron de una ventanilla a otra, una oficina a otra, un funcionario a otro y una dependencia a otra, hasta que me di por vencido y archivé mi intención.

¿Y qué tiene que ver Rita con una semana marcada por los prejuicios, la violencia y la intolerancia? En que al igual que ocurría con esa rata en aquel bar josefino los seres humanos corremos siempre el riesgo de acostumbrarnos a lo que no está bien; es decir, ver como algo normal, parte del paisaje cotidiano, a los roedores del respeto, la sana convivencia, la tolerancia.

Rita nos recuerda, además, que no solo podemos encariñarnos y cuidar de esos roedores, sino también cruzarnos de brazos y no hacer absolutamente nada para atacar esas plagas que recorren a diario las alcantarillas de los prejuicios y la violencia.

No es esta la primera vez que un roedor sirve de fábula de la condición humana. Lo mismo ocurre, solo para mencionar dos ejemplos, en el cuento clásico "El flautista de Hamelín" y en la novela "La Ratesa", del alemán Günter Grass (1927-2015).

Imposible no recordar a Rita y no leer ambos textos en una semana marcada por los prejuicios, la violencia y la intolerancia. Repito: me refiero a la masacre del domingo 12 de junio en la discoteca Pulse, en Orlando, Florida.