Para qué autos inteligentes, si en Tiquicia hay carros que andan solos

En este país hay conductores que ni se enteran cómo llegan al trabajo, a la casa o cuándo pasaron frente a un accidente cuyo chofer venía en otra cosa.


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La industria tecnológica está invirtiendo millones de dólares en desarrollar y perfeccionar los autos inteligentes para venderlos como pan caliente en unos cuatro años.

Firmas como Google, Intel, Uber y, por supuesto, Tesla -junto a los grandes fabricantes de carros- están en una carrera a toda velocidad para tener ese tipo de vehículos circulando masivamente lo más pronto posible.

¿Para qué tanta investigación, inversiones, titubeos y mercadotecnia sobre el futuro de los autos, si aquí en Tiquicia ya muchos vehículos "andan solitos"?

Veamos estos casos (si hay más, le invito a compartirlos):

1. El auto cuyo chofer se vuelve a pelear con los hijos que vienen en el asiento de atrás. Tienen una habilidad para doblarse de lado y hacia atrás mientras se sostienen del volante. O vienen peleando con el que tienen al lado o andan agarrados por teléfono con otra persona, gesticulando como si fueran Muhammad Ali o Mano de Piedra Durán y lo que menos hacen es poner atención al camino que tienen por delante.

2. El auto cuyo chofer viene con el celular en ambas manos contestando el WhatsApp, publicando en Facebook, tomando fotos para Instagram, tomándose un selfie para Facebook e Instagram, tuiteando sobre los conductores irresponsables, contestando correos electrónicos, navegando en Internet, revisando las aplicaciones sobre presas para ver si hay choques, escribiendo en el Messenger, en conferencia por el Skype o el Livestream, o hablando por el teléfono con la cabeza doblada o sosteniendo el celular con una mano mientras con la otra llevan el volante, hacen cambios, le bajan el volumen al audio, revisan la gaveta o cierran la puerta de atrás que había quedado media abierta.

3. El auto cuyo chofer viene maquillándose. Con una mano sostienen las pinturas y todos los utencilios. Con la otra se maquillan. Para ver cómo van quedando se fijan en el espejo y estiran el cuello para alcanzarlo. Me he topado casos de estos cuando voy corriendo por el puente que hay sobre el río Virilla incluso, aquí sobre la ruta 32. Ni le temen a los trailers o buses que van de frente, ni a la altura ni al inspector que está al final del puente (normalmente viendo para otro lado).

4. El bus cuyo chofer viene hablando con una amistad que viene sentado atrás, va ligando o está peleándose con la pareja, o que habla por teléfono para que todos se den por enterados. Había uno que iba con un televisor pequeño y pasaba más concentrado en la pantalla que en la carretera. Se dio cuenta cuando el flash de mi celular alumbró desde dos o tres asientos atrás.

5. El camión distribuidor, con la marca de la compañía, cuyo chofer es un troglodita que se sale por la ventanilla para decir vulgaridades a las mujeres, creyendo que son piropos y así las conquista, mientras el camión avanza sin perder el paso por la calle atestada de automóviles o con el semáforo cambiando ya de amarillo a rojo.

6. La moto que no sabe detenerse, se pasa el semáforo, la señal de alto o va de frente contra otro vehículo. En estos días vi por televisión dos accidentes similares. Uno en el cruce de Alajuela frente al aeropuerto: un motociclista ni aminoró la velocidad pese a que el semáforo estaba en rojo, pegó con un automóvil que pasaba con vía y el hombre voló por encima para quedar al otro lado a varios metros. Otro caso (no recuerdo dónde era) fue un motociclista que ni siquiera bajó la velocidad aunque había un camión detenido en media calle: le dio con todo el alma a un costado del contenedor. Un día estoy en el apartamento y escucho un bombazo: simplemente un motociclista se había pasado un alto obligatorio y había sido arrollado por un automóvil. Lo peor es que el motociclista iba con acompañante, momento en que uno piensa que si se quieren matar que lo hagan solos.

7. El auto, camión o bus parqueado en zona amarilla en una vía estrecha y de alto tránsito. Tiene que ser que esos autos, camiones y buses se estacionan solos ahí. No es posible que los choferes no sepan que es una raya amarilla pintada al borde de la acera o que no utilicen el sentido común. Uno no se termina de percatar cómo es que no les ponen ningún parte. A veces hay vehículos parqueados en zonas amarillas a ambos lados de la calle y los camiones o buses que van pasando no pueden hacerlo porque no tienen espacio. Una vez vi a un pickup de Tránsito en esa situación y los oficiales únicamente acataron a encender luces y sirena. Hasta llamaban a los choferes por los altavoces, mientras las cuadras se iban llenando atrás de vehículos.

8. El auto "designado", cuyo dueño ni se sostiene, ni sabe dónde está y tampoco quién es o dónde vive, tras unas horas de birras y tragos. Tampoco hay operativo que los atemorice. Ni el hecho de que llegan a otros sitios sin saber cómo. O que amanecieron en sus camas sin acordarse si llegaron por sus propios medios o los arrastraron. Se levantan y se fijan en sus garages a ver si los vehículos están ahí. Y sí, ahí están. ¿Cómo? Imposible explicarlo. Tampoco recuerdan en que momento se bajaron a abrir y cerrar la entrada de la cochera. Milagro que las puertas y portones no amanecieron de par en par. Milagro que estén ahí, ellos.

9. El auto que avanza en la presa y cuyo chofer cabecea como si se le hubiera desprendido el cuello casi por completo, se le cierran los ojos como cortinas metálicas, se echa un sueñito como si estuviera en modo sofá, babea como recién nacido. Claro que aprovechan los tiempos muertos de las presas, igual que los que se maquillan, peinan, se ponen el desodorante o se hacen la barba. Estos que se duermen tienen el privilegio de la adivinación, pues medio escuchan que el vehículo que va adelante avanzó y su auto hace lo mismo, con buen tino para acercarse lo suficiente...

10. La motocicleta de tránsito que no aparece o está estacionada a un lado de la carretera mientras el oficial de tránsito no hace nada. Como el jueves anterior donde la presa ocasionada por un choque tardó tres horas en despejarse. O como el tráfico que estaba a la entrada del puente Virilla, sobre la 32, a la hora pico, diz que vigilando quién venía haciendo alguna tontera, la moto a un lado, pero que se fijaba solo hacia un sentido o dirección mientras por el otro costado pasaba gente maquillándose o chateando en el WhatsApp de sus celulares.

Que conste, estos vehículos –por supuesto– no tienen nada de inteligentes. Simplemente han aprendido que deben andar a tientas, pues sus dueños pasan en otras y ni se enteran cómo llegaron al trabajo, regresaron a la casa o cuándo pasaron frente a un accidente cuyo conductor venía en otra cosa.

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La Ley de Murphy Carlos Cordero

Aquí hablamos de experiencias, de lo que nos ocurre como usuarios, como clientes de negocios o como ciudadanos que creemos se debería aprovechar más la tecnología en los servicios y en la sociedad, con la idea de aprender, de ser irreverentes para ver si alguien hace algo, y también para reír un poco de los fallos.

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