Este bus no es transparente

Esta unidad de transporte público es una enamorada del tráfico... de influencias


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No solo no es transparente, sino que no le interesa serlo. Pretende, así con todas las ventanas polarizadas, que nadie se entere de nada; le encanta circular por las rutas de lo clandestino, lo secreto, lo encubierto.

Por ejemplo, que pasen lo más inadvertidas posible las presiones (siempre en marcha), amenazas (a doble fila) y exigencias (todo el tiempo haciendo fila) que plantea en favor de sus intereses pero en contra de los usuarios.

O bien, ocultar hasta donde sea posible la identidad de los pasajeros políticos que suben, se saltan el trompo y se sientan en primera fila a escuchar sus lamentos y quejas de siempre ("este negocio está malo", "esto solo deja pérdidas" o "uno se mantiene en esto solo para ayudar al país") para luego frenar medidas que puedan perjudicarlo, acelerar nuevos beneficios y dejar fuera de uso la caja de cambios.

De esta manera ha intentado encubrir a los gobiernos que le tienen miedo, los que se toman selfies con él, a aquellos que le deben favores, los que le sirven en bandeja de plata las cabezas que pide o bien a los que prefieren proteger los ingresos de unos pocos en vez de velar por las necesidades de las mayorías. Es decir, mandaderos en vez de mandatarios.

Así, obstruyendo la visibilidad, este bus por todos conocido procura que casi nadie vea que en realidad avanza en primera y frenando —incluso retrocediendo y haciendo presas— hacia la modernización, ordenamiento y eficiencia del transporte público. Él sabe que tarde o temprano logra salirse con la suya, pues rueda (mejor dicho, nos rueda) en un país donde muchas denuncias no pasan de cortinas de humo y bulla de pitoretas.

Lo turbio, lo opaco, le han servido también para que no todos se enteren de cómo se las ingenia para que los estudios, diagnósticos e investigaciones en torno al transporte público se estanquen en semáforos en rojo, señales de Alto, reductores de velocidad y huecos en las vías.

En fin, este bus es un enamorado del tráfico... pero de influencias.

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La vida es sueño José David Guevara Muñoz

Jose David Guevara ejerce el periodismo desde febrero de 1987, siempre en el Grupo Nación. Empezó en el periódico La Nación, donde fue redactor de temas inactuales, económicos y políticos. Se incorporó a El Financiero en setiembre del 2000, primero como editor, posteriormente como jefe de Redacción, y actualmente como director.

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