Siempre hay al menos otra versión... ¡siempre!

Nadie es dueño absoluto de la verdad. El color de la realidad depende del ángulo desde donde se la mira. El mundo, la vida, se construyen con los aportes de distintos puntos de vista


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"Siempre hay dos versiones distintas de la misma historia", dice Sebastián, personaje principal de la novela Persona normal, escrita por el mexicano Benito Taibo. Tiene razón, pero en algunas ocasiones puede quedarse corto pues a veces hay tres, cuatro y hasta más perspectivas en torno a un mismo hecho.

Es decir, nadie es dueño absoluto de la verdad. El color de la realidad depende del ángulo desde donde se la mira. El mundo, la vida, se construyen con los aportes de distintos puntos de vista.

Cenicienta, el clásico cuento infantil, es un ejemplo de esto. El mismo título, el mismo personaje, el mismo padre viudo, la misma madrastra cruel, las mismas hermanastras burlonas, el mismo príncipe, el mismo baile... ¡pero qué historias más diferentes cuando se comparan los relatos del francés Charles Perrault (1628-1703) y el de los hermanos alemanes Jacob y Wilhelm Grimm (1785-1863 y 1786-1859, respectivamente)!

El texto de Perrault, escrito en 1697, es el fiel reflejo de la historia que hemos visto en el cine. En cambio, el de los Grimm, escrito en 1812, incluye escenas muy violentas. En algunos tramos, la crudeza sustituye a la magia.

Las dos historias se refieren a una niña huérfana de madre. Sin embargo, el relato de los hermanos Grimm detalla la agonía y muerte de la mamá, en lo cual Perrault es omiso. De acuerdo con Jacob y Wilhelm, la protagonista del relato iba todos los días a la tumba de su progenitora a llorar. Charles no dice nada al respecto.

El cuento de los alemanes explica el origen del nombre Cenicienta: proviene de ceniza, ese polvo gris que ensuciaba siempre el vestido de esta niña atormentada por sus hermanastras. En tanto, el texto del francés se limita a decir que a la pequeña la apodaban "Culoceniza".

De acuerdo con Perrault, la bella transformación de Cenicienta para ir al baile del príncipe está a cargo de una hada madrina que la dota de carruaje con caballos y cochero a partir de una calabaza y unos ratones. No obstante, en la versión de los hermanos Grimm la metamorfosis es obra de un árbol de avellano plantado a la orilla de la tumba de la madre, y un pájaro; en este caso, además, no hay carruaje, a Cenicienta no le queda más que caminar.

Otra diferencia radica en el hecho de que Jacob y Wilhelm son explícitos en cuanto a las pruebas crueles que le impuso la madrastra a la niña en aras de desanimarla de asistir al baile. Charles alude solo a las burlas de las hermanastras.

Según la historia de los hermanos alemanes, la madrastra ordena a sus dos hijas a amputarse parte de sus pies con tal de que lograran calzar la zapatilla que definiría a la futura reina; la mayor se cortó un dedo y la menos parte del talón, por lo que mancharon con sangre el interior del zapato. Para el francés fue suficiente con explicar que ninguna logró su objetivo.

Para finalizar, Charles Perrault nos cuenta que Cenicienta perdonó a sus hermanastras y las casó con "dos señores muy principales de la corte". En cambio, los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm concluyen hablando de unas palomas que en plena boda de Cenicienta les sacaron los ojos a las hermanastras: "Y así fueron castigadas a estar ciegas el resto de su vida por su maldad y falsedad".

Y hay una tercera versión, muy diferente de las dos anteriores. En ella, Cenicienta no asiste al baile de palacio pues no cree en cuentos de príncipes azules, hadas madrinas y "vivieron felices para siempre"; prefiere quedarse en casa estudiando pues su único sueño es superarse a base de esfuerzo personal. Así, las únicas zapatillas que calza son las que ella misma compra con lo qie ahorra.

¿Y de quién es esa historia? La escribe, a diario, la realidad.

¿De dónde, entonces, ese afán por creernos los dueños de la verdad cuando ni siquiera los cuentos infantiles lo logran? ¿Por qué no construir una versión del mundo con los aportes de todos en lugar de tratar de imponer una de ellas a la fuerza?

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La vida es sueño José David Guevara Muñoz

Jose David Guevara ejerce el periodismo desde febrero de 1987, siempre en el Grupo Nación. Empezó en el periódico La Nación, donde fue redactor de temas inactuales, económicos y políticos. Se incorporó a El Financiero en setiembre del 2000, primero como editor, posteriormente como jefe de Redacción, y actualmente como director.

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