Había una vez dos volcanes

Existía más preocupación por los perjuicios a las carrocería de los carros, las canoas y los techos, y las mascotas que por las serias medidas y advertencias por parte de las calificadoras de riesgo Moody's y Fitch, y el gigante bancario JP Morgan


  • Facebook (Compartir)
  • Tweetea!
  •  
  • Imágenes

Había una vez un país con dos volcanes: uno geológico, llamado Turrialba, montaña de fuego capaz de destruir pueblos, cultivos y carreteras, y otro económico, enorme y creciente cráter del déficit fiscal que atenta contra la estabilidad y el desarrollo.

El segundo, el del faltante en las finanzas públicas, era muchísmo más peligroso, con graves consecuencias de largo plazo para el Estado, las empresas y los hogares. como el encarecimiento del crédito (crecimiento del desempleo), el freno en la inversión pública (incluidos los programas sociales) y el aumento en el costo de la vida (pobreza).

Dicho de otra manera, el primer volcán atentaba contra el presente; el segundo, podía hipotecar el futuro.

Sin embargo, la población en general estaba más preocupada por el primero, el de materiales incadescentes. La gente le prestaba mayor atención a lo que decían la Red Sismológica Nacional, la Comisión Nacional de Emergencias, el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica, y el Área de Amenazas y Auscultación Sismológica y Volcánica del Instituto Costarricense de Electricidad que a las voces de advertencia de economistas que integraban centros de pensamiento como la Academia de Centroamérica, Consejeros Económicos y Financieros S. A. y Ecoanálisis.

No solo eso. Ciudadanos, gobierno y clase política le seguían más la pista a los temblores y retumbos, emanaciones de gases, erupciones de ceniza, lanzamiento de rocas y rastros de lava que a señales más críticas como la promesa electorera e incumplida de no impulsar impuestos durante los dos primeros años de gobierno —sino aprovechar ese tiempo para reducir el déficit fiscal en un 50%—, el aumento salarial del 4% a la base a los empleados públicos, el incremento del 14% en el presupuesto de las universidades públicas para el 2015, y el envío a la Asamblea Legislativa de un presupuesto para el mismo año con un crecimiento del 19% en el gasto. Algo así como echar gasolina en el cráter.

Como si fuera poco, había más preocupación por los perjuicios a las carrocería de los carros, las canoas y los techos, y las mascotas que por las serias medidas y advertencias por parte de las calificadoras de riesgo Moody's y Fitch, y el gigante bancario JP Morgan.

Para colmo de males, los llamados a atender el riesgo de explosión del volcán del déficit fiscal hacían las de Pilatos: se lavaban las manos con la justificación de que fueron los gobiernos anteriores los que dispararon el nivel del magma (gasto) y que aunque ahora ellos sí creían en la necesidad de nuevos impuestos (al fin y al cabo es la administración del cambio), la responsabilidad de las posibles consecuencias era única y exclusivamente de la oposición si no aprobaba los proyectos que enviaría al Congreso. ¿Y el recorte del gasto? ¡Cero! ¿Y la estrategia con los diputados y partidos políticos? Conversar, tomar café y confiar. ¿Y el plan B? No hay.

Así las cosas, ¿cómo irá a terminar esta historia en el país donde interesa y preocupa más el volcán geológico que el económico?

img-title-blogs author-image

La vida es sueño José David Guevara Muñoz

Jose David Guevara ejerce el periodismo desde febrero de 1987, siempre en el Grupo Nación. Empezó en el periódico La Nación, donde fue redactor de temas inactuales, económicos y políticos. Se incorporó a El Financiero en setiembre del 2000, primero como editor, posteriormente como jefe de Redacción, y actualmente como director.

Post por fecha

Agosto 2017
LUN MAR MIE JUE VIE SAB DOM
  1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31