Un espejo muchas miradas: para no dejar de estudiarnos como ticos


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Inicia hoy un blog para mirarnos, con humor, con nostalgia, con frialdad, con cabeza, con corazón. La identidad es un tema que abarca la vida cotidiana, las costumbres, las decisiones colectivas y las individuales. Es una construcción, o muchas, porque la identidad tiene muchos rostros. Más que una identidad, hay identidades. ¿Cuáles son las nuestras como costarricenses? ¿Cómo se han construido a lo largo del tiempo y cómo se construyen hoy? De eso se trata este blog. El material para la reflexión está en todas partes, porque como decía el semiólogo Algirdas Julien Greimas: "el mundo es un lenguaje y no una colección de objetos".

Podemos empezar entonces por cualquier parte: una palabra, un sabor, una costumbre, un lugar, una canción, un libro y, por supuesto, una publicación en facebook, un ritual o una noticia de periódico. Sabemos eso sí que la identidad es una construcción que responde a un interés, y que siempre es un terreno de disputas y conflictos: decir quiénes somos no es inocente, responde a intereses y a una lucha de poder: la definición del mundo a través de los lenguajes. Algo así como Adán y Eva nombrando las cosas, o Aureliano Buendía en el Macondo de la novela Cien Años de Soledad, poniendo rótulos a los chunches para no sucumbir ante la enfermedad del olvido.

Por eso empecemos por ahí, con algo que tenemos todos en la punta de la lengua: las palabras, gustosas, sabrosas, propias, nuestras. La mayoría no son 100 por ciento ticas, sino patrimonio e identidad de toda Hispanoamérica, pero adquieren sabor propio en el uso local. Entonces se convierten en costarriqueñismos, pero también expresiones que no llegan al diccionario de tales vocablos, pero que todos reconocemos como particulares en nuestras conversaciones cotidianas.

Dediquemos pues el blog de hoy a tres palabras que juntas forman una frase que siempre me ha llamado la atención entre el mundo secretarial de las empresas, y que es muy frecuente escucharla cuando uno es periodista y busca a una fuente: fulano está "un poquito ocupadito" y no lo puede atender.

El diminutivo en el costarricense es un sello nacional, pues de ahí viene el nombre "tico". Ya casi no lo usamos, pero el "tico" en el "echale un poquitico de guaro a la salsa" es el recordatorio de nuestro gentilicio popular. Más usada ahora es la versión diminutiva del "ito" del "jale por un yodito", o "vamos un toquecito". En los tres ejemplos mencionados significa que la tarea propuesta no va a requerir una excesiva inversión de energía, tiempo, materia o trabajo. Es un argumento para comprar tiempo, voluntad o la complicidad del otro para hacer una tarea en conjunto o en compañía.

En algunos casos el diminutivo no tiene esa connotación de poco esfuerzo, sino más bien un subrayado de placer: "un yodito", "hoy es día de playita, playita", o "mire qué cosita" son expresiones que se acompañan con una sutil elevación de trompa hacia el frente, casi como dando un beso, y recargando un poco el acento en la i. Si un tico hace esas tres cosas el diminutivo no se refiere a minimizar cantidad sino a aumentar placer.

Pero en el caso que nos ocupa, el de: "fulano está un poquito ocupadito" la cosa cambia. Ahí no hay disminución de esfuerzo ni aumento de placer, sino acumulación de frustración para el que la escucha. Ahí hay un rotundo "no friegue la vida" dicho en bonito, y como pidiendo disculpas. "Un poquito ocupadito" es realmente un "muy ocupado" o "muy desinteresado" en atenderlo, dicho sin perder el glamour y la sonrisa que caracterizan, en el imaginario urbano social, la diplomacia secretarial costarricense, extensible a muchos otros campos comerciales, burocráticos y laborales. Quien lo dice no quiere ofender. Y casi como que disculpa al jefe: "el no quisiera estar tan ocupado, por eso solo se ocupa un poquito, pobrecito...le encantaría atenderlo pero no puede, viera como sufre por eso".

Es como si esperara que uno dijera: "ay pobrecito, ya no lo llamo más. Démele una palmadita en la espalda de mi parte pero sigamos sonriendo todos. Al final de cuentas, estamos en el país más feliz del mundo".

Los diminutivos entonces, tienen al menos tres funciones en boca del costarricense. ¿Encuentra usted alguna más?

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Mirándonos Rodolfo González

Rodolfo González es periodista e investigador histórico. También se desempeña en la narración oral y la actuación. Trabajó 16 años para el Semanario El Financiero, desde su proceso de apertura hasta el 2010. También fue parte del equipo fundador de Capital Financiero en Panamá y colaborador de ADN Radio, en la preparación de guiones y la interpretación del personaje Don Tilinte, un microprograma de humor político.

Como periodista colaboró para las revistas Soho y Perfil. Actualmente hace artículos para Casa Galería. Se ha desempeñado como docente en  la Universidad de Costa Rica en la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva, y en la Universidad Técnica nacional, en la escuela de Tecnología de la Imagen.

Como narrador oral ha desarrollado guiones de comunicación creativa para empresas privadas e instituciones públicas, como Roche, Boston Scientific, el Pani, Kimberly Clark, Walmart entre otros.

Mirándonos es un vistazo a las identidades costarricenses, sus raíces y sus cambiantes manifestaciones, sus contradicciones y sus constantes.  Es un blog para observarnos en nuestras costumbres cotidianas, espacios de convivencia laboral y social. Un momento para mirarnos al espejo cada semana y, sin perder el sentido del humor, revisar nuestras rasgos y preguntarnos ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? Queda eso sí en el lector la pregunta más importante: ¿para dónde vamos?


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