La defunción de la plaza pública... y la política tradicional



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Las concentraciones de fuerza fueron parte las campañas políticas en Costa Rica por años, un pulso para demostrar el vigor de las agrupaciones en vísperas de la elección, entusiasmar a los seguidores propios y desanimar a los contrarios. Toda una declaración. Sin embargo, la actual contienda demostró que las plazas públicas agonizan: ya no tienen razón de ser.

Antes, el elector quería escuchar al candidato. Verlo. Sentirlo cerca. La plaza pública era el lugar donde los simpatizantes se reafirmaban, o los indecisos terminaban de decantar su voto. Por eso los partidos mayoritarios tenían que gastar millones recorriendo el país, llevando al aspirante a las comunidades. Y el cierre en San José era el mensaje final, el ribete de la campaña.

Sin embargo, en estas elecciones solo el PLN programó una concentración de fuerza, en el Paseo Colón. Otras agrupaciones como el Frente Amplio y el PAC cerraron su campaña con reuniones que desde el principio procuraron distanciarse del concepto clásico de manifestación de fuerza, con un mitín mas cercano a un acto cultural de los frenteamplistas en San José, y una cita con mascotas incluidas de los rojiamarillos en Heredia. Así, la oposición declinó el esfuerzo de esta tradición desde el inicio de la campaña.

Al final, incluso la propia dirigencia liberacionista tuvo que bajarle el tono antes de su realización, pasando a un "domingo familiar" con el que se quería maquillar lla diferencia de bulto con actividades anteriores del partido en el mismo terreno en campañas anteriores, como las citas de 1986 y 1994, por citar dos que fueron significativas. A pesar de ser el partido más grande y organizado, declinaron hacer una concentración de fuerza.

Estamos ante el ocaso de una forma tradicional de hacer política. Así como en su momento fenecieron las cabalgatas con las que el candidato presidencial entraba en un pueblo.Y casi se han extinguido otras manifestaciones, como en embanderamiento de viviendas, y las caravanas de vehículos.

Son señales de una fora de hacer política que es cada vez más anacrónica y tiene que dar paso a otras formas de definición. Un repaso que no pretende ser exhaustivo permite identificar algunos de estos procesos que se están modificando.

El candidato ya no se aprecia en la tarima, se aprecia en la pantalla. La televisión cambió el alcance. La mayoría de los debates, opiniones y propuestas ahora se difunden por la pantalla chica, o tienen un fértil campo de batalla en la pantalla de computador. La tecnología cambió la forma de acercarse a quienes disputan y ejercen el poder, y esta ecuación se profundizará cada vez más.

El votante no sale a las calles, se queda en la casa. El proselitismo luce en franca devaluación, las personas están lejos de querer ser convencidas. Cada vez más toman la decisión como un acto de voluntad y no de militancia. Organizar actos masivos es un gasto cada vez más estéril; la política pasa de la masa a la intimidad del hogar.

El votante no quiere el discurso de plaza pública, es más exigente. Quiere cuestionar, no quiere propaganda llanamente. Por esto los debates podrían estar tomando una importancia que antes no alcanzaban.

La fidelidad a los partidos está en un punto bajo. El PLN sigue siendo el partido con mayor respaldo, pero se encuentra en uno de sus niveles más bajos. En una política personalista, como ha sido la costarricense, usualmente el candidato es importante. Pero en los últimos años, el respaldo a los partidos es cada vez más reducido.

El imperio de los indecisos. Los ciudadanos antes proclamaban su decisión con orgullo. Por eso las banderas tenían sentido, las concentraciones donde se identificaban con otros. Ahora, el electorado es arisco. Los ciudadanos deciden hacia el final de la elección, en el último mes, en la recta final. Y cuando lo hacen, no parecieran ser muy contundentes. Esto obliga a variar la estrategia, que es menos para entusiasmar a los seguidores propios, y más para convencer al indeciso duro. Obliga a cambiar la forma de leer las encuestas, que debe ser más técnica y menos con sentido de oráculo.

Son cambios que están en proceso, pero que apuntan en una misma dirección: la forma como se hizo política en Costa Rica durante el siglo XX, está dando paso a nuevas formas de definición. Hay que entender esos nuevos códigos para captarla adecuadamente.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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