La Aresep se repliega y los consumidores pagan el precio


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Por segunda vez en tres meses, la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (Aresep) puso la reversa en una rebaja que había anunciado en los precios de los combustibles, justo antes de que los empresarios de las estaciones de gasolina pusieran en práctica medidas de presión.

En ambos casos, las autoridades de la Aresep aclararon que no se cedió ante los reclamos, sino que se trató de rectificaciones. Pero la forma en que se desarrollaron los eventos no ayuda nada. Veamos: el 11 de marzo, la Aresep anunció que en lugar de conceder a los gasolineros un aumento de un 37% en el margen de comercialización, correspondía una rebaja de ¢5 por litro en la gasolina plus. Los gasolineros anunciaron el 18 de marzo que como parte de sus protestas, no iban a aceptar tarjetas de crédito en las estaciones. Solo dos días después, la Aresep anunció que no se aplicaría la rebaja.

El segundo episodio se produjo desde el 14 de junio, cuando la Aresep divulgó que por un cálculo del margen de ganancia, el litro de gasolina super debería bajar ¢6 por litro. En un plazo similar a la primera ocasión, el 21 de junio, los gasolineros anunciaron protestas, entre las que se incluyó no aceptar las tarjeras de crédito en las estaciones. Y cuatro días después, el 25 de junio, la Aresep volvió a poner marcha atrás en la rebaja, y en su lugar anunció un aumento de ¢5 en el margen de ganancia para los gasolineros.

¿Cómo es posible que solo tres meses después de dar la mala impresión de marzo, se repita en forma casi calcada este proceso, en el que Aresep no puede sostener una rebaja? Si hubo un resbalón en marzo, ¿por qué no se tuvo más cuidado en junio, para evitar una segunda pifia? Por más que se aleguen otras razones, ante la opinión pública queda la imagen de una Aresep que anuncia rebajas que no puede mantener, que se retiran apresuradamente cuando los gasolineros golpean la mesa.

Y el mal sabor que esto deja a los consumidores es si al final son el pato de la fiesta, por no tener forma de presionar directamente en las calles. ¿Una sensación exagerada? Veamos qué dice Zapote. Recordemos que el propio gobierno de la presidenta Laura Chinchilla emitió en mayo una directriz para las entidades públicas, con la que pretendía reducir sus costos de operación y que justificó como una forma de frenar el abuso en el aumento de las tarifas de los servicios públicos. Esto, en otras palabras, sugiere que la Aresep estaba permitiendo este abuso y que por ello debía tomar cartas directamente, como indicamos en un post anterior de este blog.

Hay varias secuelas de este panorama. Primero, la pérdida de credibilidad para la Aresep, que dinamita su propia imagen, algo en lo que Casa Presidencial también contribuye con entusiasmo. Segundo, reforzar la impresión de que en este país se está imponiendo no el que tiene mejores argumentos, sino el que más se hace sentir mediante la presión directa, como ocurrió con el marchamo a los motociclistas: el que protesta, gana; y Zapote siempre pierde. Y tercero, la sensación de que los consumidores están totalmente huérfanos, porque no pueden organizar una protesta concreta. Y después en Casa Presidencial no entienden por qué la gente protesta.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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