La Asamblea más quebrada de la historia retará al presidente con menor respaldo en las urnas


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Todavía no sabemos si el próximo presidente será Luis Guillermo Solís (31% de votación) o Johnny Araya (29,6%), pero ya tenemos sobre la mesa claves importantes del futuro Gobierno. Sabemos que el presidente con menos respaldo en las urnas en la historia de Costa Rica, deberá lidiar con la Asamblea Legislativa más quebrada de la historia.

La segunda ronda es un alargue de la votación de febrero, al punto que se usa el mismo padrón electoral. Por eso, es válido considerar que el respaldo real en las urnas es el de la primera ronda; la segunda es una definición a la que se suman los votos "anti", que en principio no son un aval al candidato que los recibe, sino un rechazo al contrario. Por ello es que el respaldo de Solís será al final de un 21,1% del padrón, si se mantiene la tendencia que reportaba con el corte del 90% de las mesas, mientras el de Araya sería de un 20,2%. Es decir, cualquiera que gane en abril, solo recibió en primera instancia el apoyo de dos de cada diez ticos.

El abstencionismo los supera a ambos por casi diez puntos. La cifra de 31,7%, la más elevada desde 1958 si excluímos el 2006, representa un serio revés para cualquiera que resulte vencedor. Son alrededor de 975 mil personas, casi el millón de abstencionistas que mencionamos hace tiempo en otra columna hace un año y que representa, a medio plazo, un peligro para la legitimidad del vencedor. No es que se cuestione la legalidad de quien obtenga la Presidencia, sino que el mandatario no representa, de entrada, a tres de cada diez costarricenses.

Gobernantes como Laura Chinchilla y Miguel Ángel Rodríguez empezaron sin un mandato claro, al recibir apenas un respaldo de un 31% del padrón. Eso les dificultó su maniobrabilidad e hizo que las protestas sociales en contra de su gestión tuvieran terreno abonado. Más complicado fue el panorama de Abel Pacheco y Óscar Arias, con un 26%, lo que les dificultó impulsar su agenda; en el caso de Arias, tuvo que recurrir a un referendo para el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que le dió el "sí" al acuerdo, pero reveló una polarización que imposibilitó otros avances.

Ese 20% de respaldo en la primera ronda, con respecto al padrón para cualquiera que sea Presidente, será la cifra más baja para un mandatario costarricense. Muy lejos están los tiempos de un mandato claro, con un 40% del padrón que recibieron nueve de once mandatarios de 1953 a 1994, con la excepción de Daniel Oduber en 1974 (33,6%) y Mario Echandi en 1958 (29%).

El desafío se incrementa, si se considera que deberá enfrentar la Asamblea Legislativa más partida de la historia. En el último corte antes del conteo manual del TSE, se registraban nueve fracciones, una más que las ocho que se presentaron en los períodos de 2006 y 2010. A eso debemos sumar, de entrada, las divisiones internas que se están gestando, como los conflictos en el Frente Amplio con Jorge Arguedas, o en el PAC con Víctor Morales.

Por si fuera poco, será el Congreso con la fracción mayoritaria más reducida. Los 18 diputados del PLN son menos que los 19 que el PUSC registró en el 2002. Esto obligará a una negociaciones intensas y cruzadas, porque hay temas que provocarán reacciones contrapuestas. Y con una fracción del Movimiento Libertario reducida, pero que está acostumbrada a hacerse sentir y será encabezada por su líder Otto Guevara, y una del Frente Amplio que se estrena como la mayor bancada de izquierda de la historia en el Congreso, las negociaciones deberán cubrir todo el espectro, desde la derecha a la izquierda.

En el caso de una victoria de Araya en segunda ronda, el PLN enfrentará la bancada de gobierno más reducida de toda su trayectoria. La cifra más baja es de 24, justamente con la actual bancada. Ahora, en caso de que Araya pierda, no tendría la menor representación como partido de oposición, porque ese dudoso honor le corresponde al Congreso del 2002, cuando terminaron con 17. Sin embargo, obligaría al PLN a intensos ejercicios.

En el caso de una victoria de Solís en segunda ronda, el primer gobierno del PAC recibiría una bancada oficialista de 14 diputados. No rompería el registro costarricense, ya que el Partido Unión Nacional, en 1958, llegó al poder con apenas 11 diputados como fracción de gobierno. Sin embargo, las complicadas relaciones de ese período entre el presidente Mario Echandi y el Congreso no son un buen augurio. El PAC tiene además el reto de que en sus filas militarán pesos pesados del partido como Ottón Solís y Epsy Campbell, que aportarán experiencia, pero también no temerán enfrentar a Zapote cuando lo consideren necesario.

Un panorama complejo, que requerirá de que el próximo inquilino de Zapote sea un experto ajedrecista, capaz de lograr negociaciones complejas y hasta contradictorias, precarias y volátiles, para enfrentar temas anquilosados como el déficit fiscal y de infraestructura, y reformas postergadas como la energética.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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