La coalición en Costa Rica, del éxtasis a la agonía


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Coalición o no coalición, este podría ser el dilema clave de la próxima elección del 2014. Una oposición que se muestra fragmentada aparece como víctima propicia para que el Partido Liberación Nacional procure la faena de ganar tres mandatos sucesivos, algo inédito en la historia electoral de Costa Rica desde que se creó el Tribunal Supremo de Elecciones.

¿Una coalición es una idea disparatada? De hecho, nuestra historia nos muestra que pueden ser procesos muy exitosos en la urnas, aunque hoy se trata de una posibilidad devaluada, que debería desempolvarse primero. Desde 1953 se han realizado 15 comicios, en los cuales en casi la mitad (7) se presentaron coaliciones. Fueron cinco proyectos diferentes, que lograron elegir a dos presidentes.

Las coaliciones tardaron cuatro elecciones para aparecer, en 1966, cuando llevaron a José Joaquín Trejos al poder, con la bandera de Unificación Nacional. Después de desaparecer durante dos comicios (Unificación se convirtió en partido), aparecieron de nuevo en 1978, para llevar a Rodrigo Carazo al poder, con la bandera celeste y blanco de la Unidad. En ambos casos, los partidos que se agruparon no tenían posibilidades de derrotar a un PLN con mayor estructura.

Entonces vino la pendiente. Luego de obtener un 40% del padrón en 1966 y un 39% en 1978, las fuerzas coaligadas perdieron su atractivo para las urnas. En 1982, la Unidad solo logró el 25% del padrón, y en las siguientes justas se transformó en el Partido Unidad Social Cristiana. Otras coaliciones no lograron el mismo éxito. Pueblo Unido solo cosechó un 2% en 1978 y 1982, para caer a 0,4% en 1986 y 0,5% en 1990, mientras Cambio 2000 solo capturó un 0,1% en el 2002, y la Izquierda Unida tocó el fondo, con apenas un 0,08% en el 2006.

¿Tiene sentido hoy una coalición? Lo primero que se debe plantear es si hay similitudes entre diferentes fuerzas, más allá de el deseo de conquistar Zapote. Se trata de un ejercicio de madurez política, que en Costa Rica no tiene tantos vericuetos ideológicos. De hecho, la mayoría de los partidos suelen tener problemas para diferenciarse claramente durante la campaña, ya que tienen un origen más personalista que doctrinario.

El ejercicio de la alianza parlamentaria Por Costa Rica arrojó elementos importantes. Primero, demostró que es posible lograr el acuerdo y sentar a partidos diferentes. La Asamblea Legislativa no se derrumbó y las dificultades en el manejo de la agenda parlamentaria fueron similares a las de los partidos oficialistas, con la ventaja de generar espacios de diálogo obligados. Pero también evidenció las limitaciones de estos ejercicios. La alianza no logró acuerdos visibles, mas allá de obtener el control del Directorio por un año, y luego se desmoronó entre reclamos mutuos. El PAC la bombardeó en medio de discrepancias internas, y al final el PASE y el PUSC prefirieron buscar sus propios acuerdos con el Gobierno.

Pese a estas diferencias que impactaron la credibilidad de un proyecto de este tipo, se demostró que podía concretarse. Y aunque faltan dos años para la elección nacional, no hay partido de oposición que luzca vigoroso. En estas condiciones, el atractivo de una coalición, a pesar de sus complicaciones, se mantiene. Debe recordarse que el factor que más ayuda a crecer una opción política es que se muestre como la alternativa, la principal opción frente al resto, y la diferencia. Una oposición dividida fue derrotada, con menos votos, por el PLN en 1974. Solo cuatro años después, una coalición que en principio no era muy atractiva, sin el principal partido de oposición de entonces (Unificación), logró catapultarse al poder.

Empero, el tiempo corre en contra de la posibilidad de reconstruir el ejercicio de la coalición, como ya reportó EF. Los partidos que deseen integrarla deben hacerlo antes de agosto del 2013, y no están decididos a iniciar negociaciones antes de la renovación de sus estructuras. Negociaciones que difícilmente serían rápidas, con lo que uno de los grandes temas del 2014 podría resolverse no por decisiones y análisis, sino simplemente por el calendario.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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