Consejos de Notables, con fecha de expiración


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Hay que aplaudir la iniciativa de buscar alternativas para mejorar la gobernabilidad del país, y el esfuerzo de la Comisión de Notables nombrada por la presidenta Laura Chinchilla para identificar medidas concretas, algunas de ellas barajadas desde hace tiempo. Sin embargo, considero que las 95 recomendaciones elaboradas por este grupo de trabajo tienen fecha de expiración muy cercana, que les dificultará concretarse.

Primero está el tema del cambio de gobierno. A la gestión Chinchilla solo le queda un año de labores. Ya en el pasado hemos visto lo que ocurre cuando una administración trata de heredar una propuesta de reforma de Estado a otra: simplemente se archiva. Incluso el caso reciente en el que el gobierno de Óscar Arias dejó un trabajo coordinado por el exrector de la UNA, Jorge Mora, a su propia exvicepresidenta Laura Chinchilla una serie de insumos, simplemente los ignoró. Y eso que el ejercicio lo supervisó el entonces ministro Roberto Gallardo, que también participa en el gabinete de Chinchilla. A su vez, esta gestión hizo un ejercicio de Notables para la CCSS, que elaboró 91 recomensaciones, pero luego integrantes de ese grupo se quejaron por la escasa ejecución de sus insumos. Si ella no tomó en cuenta esos procesos, ¿por qué suponer que su sucesor lo hará?

En segundo lugar, se trata de un año electoral. Esto dificultará el avance de proyectos de gran calado, particularmente si requieren votaciones de mayorías calificadas. Es poco probable que temas tan polémicos como aumento de diputados, despido de ministros por censura legislativa y cambios en el reglamento interno de la Asamblea se logren consensuar y votar en un año. Incluso el mismo PLN, la fracción de la mandataria que debería ser su principal bastión, se ha manifestado en contra de varios de los cambios. Esto hace suponer que no serían estos diputados, sino los siguientes, los que deberían avalar los cambios. Es decir, borrón y cuenta nueva, otro gobierno que vaya a negociar con otra Asamblea.

El gobierno, al parecer, estaría pensando también en la posibilidad de un referendo. Esta es una alternativa con mucho menos tiempo por delante. La Constitución Política prohíbe que se hagan consultas con seis meses de antelación a las elecciones, por lo que julio es el límite. Sin embargo, no es el único requisito. La misma Carta Magna estipula que en el caso de reformas constitucionales, se requiere que hayan recibido votación en una legislatura con 38 diputados (artículo 195 de la Constitución, lo que reitera el artículo 14 de la ley del referendo, por lo que no quedan dudas). Dado que gran parte de las reformas requieren reforma constitucional, se requeriría que los diputados logren acuerdos que ni siquieran han podido bosquejar en tres años, en menos de seis meses (el texto votado debería ser publicado antes de ser consultado en el referendo).

A esto se debe agregar problemas vinculados con la gran cantidad de temas barajados por los Notables. La idea del Gobierno es presentar la reforma como un gran paquete de cambios, en el que los rechazos de algunos sectores pueden compensarse con los avances en otras materias. Por ejemplo, si la oposición es recelosa de los recortes en los tiempos para hablar de un tema, recibe la compensación del voto de censura vinculante. En la práctica, la gran cantidad de temas polémicos lo que haría es sumar rechazos, en lugar de apoyos. Los recortes al tiempo resfrían a la oposición, las censuras que hacen caer a ministros al oficialismo, y si se quería el respaldo popular, para un eventual referendo, la idea de aumentar los diputados de 57 a 87 difícilmente será asimilada por la opinión popular.

Asi que parece que en esta materia, el Gobierno actuó muy tarde, y estaría tratando de abarcar muchos aspectos polémicos en una carrera contrarreloj. Y si los mismos Notables tuvieron problemas para lograr acuerdos, imaginen la posibilidad de que los diputados lo logren en tiempo record. Pero ello no quiere decir que este tipo de esfuerzos sean estériles. Plantearlo en la campaña ayudaría a que se retomen estos consejos en la siguiente gestión. ¿Se debe buscar una estrategia menos ambiciosa, buscar reformas puntuales y no una gran reforma? Tema para la discusión.

Por mi parte, quisiera referirme brevemente a varios de ellos. Me gusta la carrera parlamentaria, aunque se debería examinar la posibilidad de que genere estancamientos en curules, donde personas con acceso a recursos y medios logren perpetuarse. Me opongo a la opción populista de oponerse al aumento en la cantidad de diputados, solo porque la imagen de los legisladores no es positiva. Creo que es tema que se debe revisar, con base en lo que queremos que debe ser el Primer Poder de la República. Me gusta que se limiten las mociones de forma en los proyectos que están en el Plenario, pero desconfío del afán de recortar en exceso el debate legislativo, como si el problema de la Asamblea fuera simplemente decir si o no a lo que plantea el Poder Ejecutivo. Y recelo de eliminar o complicar las consultas facultativas a la Sala IV, porque si las leyes están mal formuladas, el problema es la Asamblea y no la Sala IV. Eliminar estas consultas es devaluar los trámites, que tienen sentido para vigilar la correcta formulación de las leyes.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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