La Corte en su laberinto


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La dificultad de la Corte en poder elegir un presidente se está volviendo un conflicto cada vez más grande, que manda un mensaje negativo de un Poder Judicial que más bien requiere mejorar su imagen, dar señales de transformación y unidad, y encontrar un liderazgo sólido.

Los 80 días transcurridos desde la muerte de Luis Paulino Mora sin que los magistrados logren elegir un presidente, acaso pueden considerarse en primera instancia como la asimilación de una situación inesperada. Con 14 años al frente del Poder Judicial, la presidencia de Mora fue la segunda más larga en la historia de este Poder, empatado con Nicolás Oreamuno y solo superados por los 20 años de Fernando Baudrit.

Sin embargo, la fallida sesión de este lunes 6 de mayo para elegir al Presidente no dejó la impresión de una Corte lista para emprender una nueva etapa. Mostró una Corte dividida y casi temerosa de tomar decisiones. El problema no radica en que ni Zarela Villanueva ni José Manuel Arroyo, los dos candidatos visibles, no lograran apoyo, sino en el grupo de al menos ocho magistrados que votó en blanco en las cinco rondas, sin decantar por ninguno de los aspirantes, pero sin tener uno propio, como diciendo que no hay liderazgo que los motive. Además, se envía la señal de una Corte Suprema dividida en tres bloques, que no se movieron de sus posturas.

Por supuesto que esto podría finiquitarse el próximo lunes 13 de mayo, pero ya se ha dejado una señal que provoca interpretaciones: desde divisiones generacionales en los magistrados, por edad, hasta diferencias entre sectores reformistas y conservadores, entre defensores de un status quo y los modernizadores. Interpretaciones que echan más leña al fuego de que la Corte está dividida tras sus muros, de una forma que no trasciende con claridad.

No se trata de un asunto menor. Solo en esta semana, un juez fue detenido, acusado de conspirar para mandar a asesinar a otro juez. Y no es el único asunto que empaña a los tribunales, ante ese tribunal tan susceptible como lo es la opinión pública. Con un Poder Judicial que enfrentó un desafío del Poder Legislativo con la reelección del magistrado Fernando Cruz (en lo que participó calladito el Poder Ejecutivo), con los frentes que abrió la Fiscalía con el allanamiento a la oficina del diputado Walter Céspedes y las peticiones para levantar la inmunidad a otros legisladores como Antonio Calderón y Oscar Alfaro.

Además se evoca el fantasma de la injerencia política. En noviembre, tres meses antes de morir, Mora denunció que existía de pensamiento que buscaba una actitud complaciente de los magistrados, en nombre de una gobernabilidad mal entendida. Y en esta elección, el magistrado Rolando Vega declaró que la Corte evadía elegir al jerarca por cálculos políticos. Con nombramientos de magistrados de Sala IV que en las últimas ocasiones duran en promedio un año, con un año electoral en el que el abstencionismo se presenta como el partido más sólido, que los magistrados resulten contagiados por este germen de la indecisión solo enreda más a la Corte en el laberinto de la opacidad y las dudas de influencias políticas que atentan contra la independencia de este poder.

Laberinto del que solo se saldrá con un liderazgo sólido y con una actitud de buscar una transparencia y una modernización con la que el Poder Judicial ha quedado debiendo, como lo reconocieron los propios candidatos Villanueva y Arroyo en el debate del 6 de mayo. En este campo, los magistrados deben dictar una sentencia clara.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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