Justo Orozco, ¿modelo a seguir por los diputados... y los votantes?


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Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Y los diputados. Empero, mas allá de las habituales quejas de los ciudadanos contra sus políticos, lo cierto es que detrás de todo político de corta visión, incapaz, cuestionado o silbado, existe un elector que le permitió llegar a ese puesto, por su voto o por su inacción.

Algunos pueden extrañarse de que en la encuesta de Unimer publicada hoy por La Nación, Justo Orozco haya sido mencionado como el diputado que hace el mejor trabajo, con un 19%. Se trata de un diputado que levantó la bandera de la discriminación con orgullo. Es un legislador que ha cambiado su voto a cambio de presidencias en comisiones legislativas. Algunos avalarán sus actos, otros los cuestionarán, no importa. El punto es si queremos que el modelo por imitar en la labor legislativa se acerque más a Fernando Volio o a Juan Guillermo Brenes, conocido como "Cachimbal", que se encargó de mercadear sus votos al gobierno de turno por proyectos. De nuevo, algunos lo consideran realismo, pero ¿esa es la función de un diputado? ¿debería ser el modelo a imitar?

Ahora, de esta medición hay varios aspectos que se deben poner en la balanza. El primero es la enorme cantidad de costarricenses que no pueden siquiera mencionar el nombre de un diputado. Dos de cada tres no pueden evocar el nombre de un diputado. Hubo quien citó como diputados a Johnny Araya y al fallecido José Merino.  Y si no se  recuerda a los diputados, ¿cómo se les puede evaluar realmente? ¿Cómo se puede fiscalizar su labor, valorar qué legislador ó partido contribuye ó obstaculiza la creación o reforma de las leyes nacionales, del control político mínimo? La participación básica en una democracia es informarse. Informarse bien.

Lo segundo es la debilidad de la calificación de los encuestados. Solo uno de cada cuatro consultados puede mencionar a una fracción, sea por su buen trabajo, sea por su desempeño deficiente. No se individualiza la responsabilidad. Este es un mal que crece en nuestro sistema político, y que se le critica al presidente de turno cuando no busca responsabilidades, o sale con la débil excusa de que su estilo no es buscar culpables, sino soluciones. Así que es un mal de todos. Huir de la responsabilidad, de asumir la propia. Este es el cimiento del creciente deterioro en la política nacional, y que empieza en casa. Los ciudadanos no estamos concretando la responsabilidad, no asumimos la propia.

Esto nos lleva al tema de la memoria. No hay recordación, se diluyen las personas. No es ilógico suponer que también se esfuma la memoria de los actos. Si las personas olvidan tan fácil, se fomenta la impunidad. No hay consecuencias por los actos, por lo que si un político se resbala en acciones de difícil justificación, puede ser suficiente con atrincherarse y esperar que pasen los tres días de rigor que suelen durar los escándalos en el país, como decía el tres veces presidente Ricardo Jiménez. Solo los eventos de magnitud mayor anulan esta fórmula.

Después no vale quejarse si los diputados no se ponen de acuerdo, aprueban leyes deficientes que no pasan el control inicial de la Sala IV, se contradicen, no tienen financiamiento, o si el control político se devalúa, si no hay memoria ni responsabilidad en la clase política... Si los ciudadanos no hacen la tarea, no deberían reclamar que los representantes que eligieron sean demasiado parecidos a ellos.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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