La guerra subterránea entre Laura Chinchilla y Johnny Araya es de alta intensidad


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La elección de la Presidencia Legislativa, en mayo, se convertirá en el más reciente campo de batalla de la guerra subterránea entre la presidenta Laura Chinchilla y el precandidato liberacionista Johnny Araya.

La relación de estos dirigentes ha pasado del choque a la alianza. En la precampaña del 2009, fueron los principales protagonistas de la lucha por la candidatura presidencial verdiblanca, lo que los llevó a una fuerte disputa, que finalizó con la victoria de Chinchilla. En su campaña, el arayismo lució discreto, por no decir casi invisible.

Sin embargo, ello cambió poco antes de que Araya quedara ungido como nuevo precandidato. Recuérdese el distanciamiento de Chinchilla del arismo, y que más bien fue Rodrigo Arias, el principal oponente de Araya, quien levantó la voz para pedir a la Presidenta que fuera imparcial, luego de la cita que tuvo con Araya en diciembre del 2012 para "comerse un tamalito". Asi, la relación entre Chinchilla y Araya se volvió armoniosa, y su máxima expresión se vivió durante los Juegos Centroamericanos, proyecto consentido de Araya, el alcalde de San José no tuvo empacho en compartir las mieles de esas justas con la Mandataria.

Dos rutas opuestas para viajar a San Ramón. Sin embargo, esa alianza desapareció en los últimos días. Lo más evidente ha sido el distanciamiento de Araya de la concesión de la vía a San Ramón, justo cuando la administración Chinchilla urgía de oxígeno político. No solo no la defendió, sino que abiertamente la cuestionó. Y significativamente, un PLN que se alinea en torno al precandidato ante la cercanía de la contienda electoral, pocos días después emitió un pronunciamiento muy en la línea de lo declarado por Araya, y que fue un golpe para el gobierno.

Las curules de la discordia. La ruptura también podría estar ligada a un asunto de diputaciones. Circula la versión de que la Presidenta habría solicitado diputaciones para tres de sus colaboradores cercanos: los ministros René Castro de Ambiente, Carlos Ricardo Benavides de Presidencia y su asesora Irene Pacheco. Es una tradición relativamente observada: recuérdese que en el pasado, la propia Chinchilla incluyó entre los diputados nacionales al exministro de Hacienda Guillermo Zúñiga, pieza de confianza del arismo. Pero en esta ocasión, la negativa del arayismo a apoyar una curul para estas figuras habría detonado el conflicto.

Ahora, el botín es la Presidencia de la Asamblea. Araya apoyó abiertamente a Luis Gerardo Villanueva, quien fue de los primeros diputados en darle la adhesión, justo antes del colapso de la candidatura arista. La administración Chinchilla, en cambio, impulsa una candidatura que garantice el control del Directorio, por lo que su principal apuesta es por Víctor Emilio Granados, del PASE. En las negociaciones por el poder legislativo, que están en la recta final, podrá apreciarse si es Chinchilla o Araya quien está imponiéndose en este pulso subterráneo.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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