Choque de poderes se reacomoda tras muerte del presidente de la Corte


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El fallecimiento del presidente de la Corte, Luis Paulino Mora, debería generar reacomodos en el choque entre el Poder Judicial y el Legislativo-Ejecutivo, que se ha venido incrementando en los últimos años y que tuvo su último episodio con el chapucero intento de Zapote de "mandar un mensaje" al no reelegir al magistrado Fernando Cruz.

No es que Mora haya sido instigador de este choque, sino del cambio en lo que representaba este jerarca, que llevaba 14 años al frente del Poder Judicial, el segundo período más largo en los 61 presidentes de la Corte, solo superado por Fernando Baudrit (20 años) y empatado con Nicolás Oreamuno. Es decir, Mora conocía los vericuetos de este pulso.

Además, tuvo una posición privilegiada, porque Mora estuvo en las dos aceras: además de ser magistrado, fue ministro durante el primer gobierno de Óscar Arias. Esta experiencia le facilitaba la relación con los presidentes: tuvo que lidiar con 4 (Miguel Ángel Rodríguez, Abel Pacheco, Óscar Arias y Laura Chinchilla) en diferentes negociaciones, tanto de presupuesto como de independencia de poderes.

Adicionalmente, Mora integró la Sala Constitucional, el epicentro usual en este choque de poderes, por lo que también conocía de cerca los aspectos más sensibles de este pulso, en el que los diputados empezaron a alegar que la Sala les restaba facultades, y los mandatarios a quejarse de que la Sala les impedía concretar acciones. Basta recordar los agitados casos por la reelección presidencial en el 2000 (que se falló en contra) y en el 2003 (que se falló en favor de la reelección), o los dos naufragios de reforma tributaria, la de Abel Pacheco (2006) y la de Laura Chinchilla (2012), por citar solo algunos de los ejemplos más sonados.

Es poco probable que el sucedor tenga esta doble visión. Se tratará de un jerarca con menos experiencia política, que asumirá la Presidencia de un poder que se acostumbró al estilo de Mora, por lo que deberá debutar en condiciones difíciles. No se debe olvidar que en noviembre, Mora denunció que existe una línea de pensamiento que busca una actuación complaciente de los magistrados, en nombre de una gobernabilidad mal entendida o manipulada. Palabras duras que obligan a poner el conflicto de poderes en la perspectiva de la independencia del Poder Judicial. ¿Está invadiendo competencias o simplemente se le quiere limitar, para maquillar las deficiencias y debilidades de los otros poderes? Tema que podría saltar a la palestra como parte de la discusión del informe de la comisión de Notables.

Así, el próximo Presidente de la Corte deberá asumir en un ambiente caldeado por el año electoral, los proyectos de ley para tratar de limitar los alcances de la Sala IV, las presiones de diputados y Zapote para variar la elección de magistrados y acaso las secuelas del caso del magistrado Cruz, que en este momento está bajo la revisión de la Sala Constitucional. Deberá enfrentar la tensión de lograr equilibrios delicados desde el inicio: entre un Poder Judicial más radicalizado en sus posiciones, o menos beligerante al punto de ceder posiciones estratégicas; en un Poder Judicial que debe reacomodar equilibrios internos antes de poder buscar los balances externos; entre impulsar las reformas que requiere la Corte, y evitar que se le limiten funciones esenciales en el proceso.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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