El Movimiento Libertario, la derecha busca su redención o su penitencia


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El Movimiento Libertario ha sido el único partido político de escala nacional con crecimiento sostenido en las últimas cuatro elecciones, pero de cara a su quinta participación deberá resolver un dilema de identidad que podría poner en riesgo este desempeño.

En efecto, a pesar de que en las últimas elecciones han pululado los partidos políticos (de 1982 a 1994 el promedio de partidos en el ámbito nacional fue de 6,5 por comicios, mientras que de 1998 a 2010 fue de 12,25, casi se duplicaron), la existencia de estas agrupaciones no suele ser longeva. De hecho, solo seis han asistido a todas las citas con las urnas presidenciales en las últimas tres ocasiones: PLN, PUSC, PAC, Movimiento Libertario, Renovación Costarricense y Partido Integración Nacional.

El Movimiento Libertario pasó de 5.874 votos para presidente en 1998 (0,2% del padrón) a 399.788 en el 2010 (14,1%). Fue la única agrupación que en los cuatro años mostró mejores rendimientos elección con elección, mientras el PLN registraba un revés en el 2002, el PUSC se desplomaba en el 2006, el PAC cedía terreno en el 2010, el PIN retrocedía en el 2002 y el 2010, y Renovación sistemáticamente reduce su caudal desde el 2002.

Sin embargo, el Movimiento Libertario enfrenta las mayores nubes sobre su futuro en la actualidad, y sus decisiones podrían lograr que el proyecto mantenga su ruta de crecimiento, o deba cumplir un castigo por sus propias decisiones.

En sus inicios, el Movimiento Libertario mostró cualidades poco usuales en los partidos políticos nacionales. Primero, apostó por una vocación ideológica que en Costa Rica es rara: salvo el PLN, la mayoría de las agrupaciones se forjan alrededor de un caudillo y no una ideología. El Movimiento Libertario reivindicó el liberalismo, con su discurso liberal de reducir el papel del Estado y las regulaciones, apostando por los equilibrios del mercado, sintetizado en el slogan de "donde hay permiso, hay chorizo".

Segundo, era inusual un partido de derecha, en un país conservador, al que los extremos le asustan. Partidos y personas prefieren autodefinirse como centristas, para buscar la comodidad de consensos y mayorías.

Tercero, se agregó un enfático discurso contra la corrupción, al que se agregó el carisma de su diputado Otto Guevara, tres veces aspirante a Zapote, y el rechazo tajante a los aumentos de impuestos (de hecho, fueron grandes protagonistas en la lucha ante la Sala IV que terminó por descarrilar las últimas dos reformas fiscales, de Abel Pacheco y Laura Chinchilla), lo que generó la simpatía de algunos sectores opuestos al despilfarro público, aunque provocó que otros los acusaron de meros bloqueadores, atrincherados tras montañas de mociones.

Empero, ahora enfrenta varios dilemas. Desde el 2008, el partido empezó a moverse de la derecha hacia el centro, en una apuesta arriesgada. La derecha les dio identidad, pero podía representar un techo para en un país centrista. Buscar el centro podría aumentar la posibilidad de atraer votantes, pero también implicaba renunciar a una base histórica que consolidó el partido. Incluso Guevara aclaraba en el 2010 que era "un liberal moderado", para distanciarse de la derecha tradicional.

Luego vinieron los acuerdos con el PLN en la Asamblea, lo que permitió que diputados libertarios ocuparan puestos en el Directorio. Se trató de acuerdos que se publicitaron, pero empezaron a minar la imagen del Libertario como partido de oposición. Por si fuera poco, los acuerdos terminaron en agrios divorcios, y el beneficio que se esperaba de estas alianzas, mostrar el ML como fuerza capaz de realizar negociaciones de "primera división", quedó hipotecada: se dejó la sensación de oportunismo electoral.

Ahora, el ML también enfrenta la polémica por el manejo de las finanzas de campaña, una situación que ocurrió como parte de la transformación del partido. En sus orígenes, con gran alerga a lo que sonara a acción estatal, el ML no acudió a la deuda política. Empero, como parte del giro hacia el centro, la agrupación decidió utilizar la deuda política, y así abrió un frente que ahora podría restar credibilidad de lo que fuera uno de sus pilares, mostrarse como cruzados contra la corrupción.

Debe el ML preparase para recuperar su imagen que lo catapultó, o asumir una nueva identidad, en la cual está teniendo dificultades. No es casualidad que esta agrupación, que nació como ideológica, cada vez tienda mas al caudillismo de Otto Guevara. Un Guevara que con tres campañas a cuestas, empieza a dar señales de desgaste. Esta apuesta será clave para que la organización se consolide, o termine pagando una enorme penitencia por abandonar el camino que le permitió despuntar.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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