PUSC, el zombie que aún anda tras las urnas


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El Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), que durante 20 años fuera uno de los dos grandes gigantes que protagonizaron el esquema bipartidista en la política nacional, se ha convertido en una especie de zombie: no está muerto, pero está muy lejos de que su corazón vuelva a latir con fuerza.

El anuncio de que un grupo de dirigentes, en su mayoría provenientes de las filas rojiazules, ahora busca fundar un partido de centro, solo confirma que la hemorragia que lo persigue desde hace años está lejos de sanar. En efecto, el PUSC llegó a representar un 40% del electorado en 1990, en su mejor momento, pero desde entonces pasó al tobogán: representó un 37% en 1994, un 31% en 1998 (aun asi le alcanzó para ganar la Presidencia) y un 25% en el 2002 (de nuevo, le resultó suficiente, aunque requirió de ir a una segunda ronda para ganar el sillón de Zapote).

Entonces vino el desplome: en el 2006 y el 2010 ni siquiera alcanzó un 3% del padrón nacional, y en las encuestas de Unimer para La Nación de abril del 2011, se caía de un 8 a un 4,7% de las simpatías.

EL PUSC intenta lo que no ha logrado ningún partido en la historia de Costa Rica:  haber sido mayoritario,  tener que conformarse con raspar las urnas, como minoritarioy volver a ser dominante. Sin embargo, lo tiene difícil, porque superar sus actuales conflictos casi implican una reestructuración total.

Las condenas en los tribunales de los arcángeles, los expresidentes Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez no han logrado ser asimiladas. Ahora, los grupos que pugnan por un socialcristianismo no calderonista se enfrentan con el diliema de querer reconstruir un partido sin una de sus más importantes bases que permitió aglutinar cuatro partidos diferentes en 1983. A su vez, los calderonistas enfrentan el desafío de recuperar una estructura que todavía los percibe como un lastre para tratar de presentar una nueva cara ante el electorado.

No es el único dilema de este partido, que nació en 1983 cuando cuatro partidos se fundieron, luego de dos experiencias electorales, como la desaparecida coalición Unidad. Visiones que iban desde lo liberal al populismo se fundieron también, y no pocas veces generaron contradicciones.

Ahora, el PUSC busca una nueva identidad. Pero para obtenerla, debe rebuscar en un pasado que es su mayor activo, pero también su principal lastre. Un PUSC sin calderonismo, o un calderonismo sin las sombras que se generaron en el PUSC, no parece una ecuación aceptable para la política nacional. Es un partido que perdió sus banderas, desde ser la principal alternativa al PLN, a ser el abanderado del mercado; y que tampoco tiene un caudillo a la vista.

El PUSC luce más muerto que vivo, mientras sigue la huída de simpatizantes que busca nuevo techo. Urge de recuperar el pulso con votos, pero de momento no muestra señales de resurrección y parecierra más bien enfilarse hacia el panteón donde yacen otras organizaciones, que pasaron por el auge y la caída.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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