PAC debe pasar del misticismo al barro


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El Partido Acción Ciudadana (PAC) enfrentará en el 2014 su más dura prueba. Más que participar en una primera elección en el 2002 cuando apenas gateaba, que mostrarse como alternativa real en el 2006 y que no diluirse en el 2010. En el 2014, el partido rojiamarillo deberá pasar del misticismo y la visión idealista que le dieron forma, para mostrarse en el terreno de la política concreta, ensuciarse en el barro de la realidad.

El PAC se gestó en medio de una profunda reacción contra los partidos tradicionales y la política bipartidista, que no habían logrado canalizar diferentes esfuerzos partidistas o de la sociedad civil. Sin embargo, Ottón Solís logró darle una forma concreta, con un mensaje con un fuerte tono ético y nacionalista, enfatizando en hacer política de una manera diferente.

Así, el PAC logró un sorprendente 17,5% de los votos del padrón apenas dos años después de fundado, y casi se cuela en una segunda ronda. Cuatro años después, ascendió a un 25,3% del padrón, y perdió con el expresidente Óscar Arias por apenas 18.000 votos. Sin embargo, en el 2010 obtuvo su peor resultado. Su caudal bajó a un 16,9% del padrón electoral, y a más de 400.000 votos del primer lugar. Nunca estuvo tan lejos del poder.

Parte de este desgaste puede atriburise a la dificultad para traducir un mensaje casi religioso, a lo cotidiano de la política. El poder requiere tener orientaciones, pero cada día debe implementarse en el barro, en la negociación, en el choque de intereses y visiones diferentes. En esto, el PAC ha tenido problemas, empezando en casa.

La divisa rojiamarilla ha visto todas sus fracciones legislativas heridas por disputas internas, desde la ruptura con el grupo que dirigía Humberto Arce -primer secretario general del PAC y hombre de confianza de Solís- a las polémicas que generó luego Andrea Morales, y a las disputas entre los diputados actuales, en el que un grupo desafía los acuerdos de sus actuales autoridades. A su vez, los acuerdos de la fracción con la Alianza opositora fueron minados por la negociación que Solís hizo directamente con la presidenta Laura Chinchilla en el tema fiscal.

Hay problemas evidentes de liderazgo, que en el pasado se disimularon por el peso de Solís, como líder y candidato. Ahora que Solís dió un paso a un costado, el partido se muestra huérfano y confundido, tanto en cuanto al posible aspirante presidencial, como en el control de la agrupación.

A pesar de su corta trayectoria, el PAC tiene problemas recurrentes que resolver: debe curar su alergia a las zonas costeras, donde no ha logrado calar. Tiene que encontrar la forma de cohesionarse internamente y evitar más divisiones, sin que eso impida que se formen los liderazgos que dan vida a una agrupación, particularmente pensando en los relevos de Solís. Y debe encontrar una identidad clara, que sea algo más que ser la oposición al PLN y la política tradicional, porque al cabo de tres campañas, el PAC deja de ser reacción para institucionalizarse.

La actual coyuntura es crítica. El PAC puede estar perdiendo la capacidad de canalizar el voto prestado, y cada vez es menos ilusión y más realidad. Pero eso implica que debe satisfacer a un electorado escéptico con hechos, con haberse metido al barro que tanto le disgustó en su inicio.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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