Un PLN al borde de "guerra civil" y huérfano de liderazgo


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Como si no fuera suficiente la inaudita visión de un candidato que en plena batalla final deja sus filas abandonadas y dice: "me rindo", el Partido Liberación Nacional (PLN) muestra ahora una nueva imagen totalmente inédita: la de un partido que, en la recta final de una campaña, en lugar de cerrar filas contra adversarios externos, emprende una lucha interna.

Bandos opuestos en una misma contienda. Por un lado, el candidato Johnny Araya y su comando central toman la decisión de retirarse de la campaña sin consultar con las autoridades formales del partido; por el otro, a la semana siguiente, el Directorio Político decide que el partido se mantendrá y pide al vicepresidente Jorge Pattoni que asuma la vocería de la contienda. Y Pattoni se declara dispuesto a escuchar la propuesta, asiste y luego pide permiso al comando arayista... para terminar rechazando la propuesta.

La lucha sin fin... ¿dentro del PLN? Y mientras tanto, el coordinador económico del comando arayista, Leiner Vargas, sigue tratando de dinamitar la confianza en la propuesta económica de Luis Guillermo Solís, y las autoridades del partido organizan un viaje a la tumba de Pepe Figueres, en la Lucha sin Fin, para realizar una ofrenda y pedir los votos para el PLN, justo una semana después del anuncio de Araya. Todo mientras Araya insiste en que la campaña terminó y se afana en influenciar a la próxima bancada del PLN, para que el próximo Directorio de la Asamblea Legislativa sea del PAC.

Ya no se trata de un asunto de imagen; el partido se está dividiendo entre quienes avalan la decisión del candidato y quienes consideran que afecta la institucionalidad; entre quienes siguen en campaña y quienes la cierran, y piden que el partido la cierre con ellos. Y los que quieren seguir en campaña, tiene partido pero no tienen portaestandarte, mientras los que quieren abandonar el barco en mitad del río, tienen al candidato, pero no tienen al partido. Es una crisis de legitimidad, de institucionalidad, y, en el fondo, de liderazgo. En el mismo PLN no se pueden poner de acuerdo en esta hora crítica.

¿Para donde va el PLN ahora? ¿Quién lo dirige? Huérfana la dirigencia de un líder en plena campaña, no tiene la posibilidad de reorganizarse, como suele ocurrir, tras un resultado electoral: cuando si se gana, queda la tregua del poder, y si se pierde, se puede reagrupar alrededor del candidato que se ha mantenido en la primera línea del combate. Eso no puede ocurrir en esta ocasión.

Es un PLN sin caudillo al frente ¿Quien puede colocarse al frente de la divisa liberacionista? La tradicional transición que se deriva de la unción de las urnas está rota, y tampoco se vislumbra un emergente desde las diferentes tendencias. Johnny Araya, a pesar de que aspira a ser el vocero de la próxima fracción, no luce legitimado. Su renuncia inconsulta con otros órganos lo descalificó ante amplios sectores del partido, como lo revelan las muestras de disgusto y los llamados por continuar la campaña, que por otra parte, es obligación constitucional. Ha actuado como si la candidatura fuera un asunto personal y no institucional, después de personalizar la peor derrota del PLN en la historia, con más de un 80% del padrón electoral en su contra. Y luego, ni siquiera logra crear consensos dentro del porcentaje de minoría que avaló al PLN.

El síndrome de la renuncia verde. El arismo tampoco tiene vigor. Debe recordarse que el exministro Rodrigo Arias, hombre fuerte del gobierno de su hermano Óscar Arias, no tuvo fuerzas siquiera para enfrentar al arayismo, y ante la falta de apoyo económico y de respaldo en las encuestas -mismos elementos, mismo diagnóstico que Araya citó para justificar su retiro- prefirió renunciar en enero, tres meses antes de la convención que se preparaba para abril. ¿Y el Premio Nobel, el expresidente Arias? Ya descartó involucrarse en la crisis del PLN. El figuerismo tampoco escapó de esta tendencia: en noviembre del 2012, fue el expresidente José María Figueres el que tuvo que dar el paso a un costado, luego de sondear el terreno electoral. Y cuando de entrada, uno de cada tres costarricenses declaraban que nunca votarían por él, su decisión de replegarse se comprende.

El PLN es hoy un partido al borde de una "guerra civil", con dirigentes que luchan entre sí y no con las otras papeletas para terminar esta elección, y con una agrupación que está huérfana de liderazgos, sin un nombre para apaciguar ánimos y reordenar las filas verdiblancas. Mucho por resolver internamente, antes de tratar de dar lecciones de unidad, confianza y gobernabilidad al país.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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