Contradicciones que enturbian la renuncia de Araya


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Johnny Araya alegó que su anuncio del pasado miércoles, en el sentido de que clausuraba la campaña del Partido Liberación Nacional (PLN) y en consecuencia, prácticamente reconocía la victoria de Luis Guillermo Solís en la contienda por la Presidencia, era transparente. Sin embargo, la realidad es que hay profundas contradicciones en esta decisión que no pueden ser ignoradas.

La gira política, tras decir no a la política. Araya cierra la campaña, pero anuncia hará una gira que tiene claro tinte proselitista. Agradecerá a la dirigencia que deja huérfana en mitad de un proceso. Si de todas maneras va a realizar esta actividad, ¿no tenía más sentido mantenerse en la contienda, con un presupuesto moderado? ¿O es que todavía tiene aspiraciones presidenciales?

El vocero de la oposición, que no tiene voz. Además, después de ser el primer candidato del PLN en tirar la toalla antes de que finalice la elección nacional, se autoproclama vocero de la fracción del PLN. ¿Cual legitimidad tiene para representar a la oposición, a la bancada, si dejó abandonada la candidatura? Y los futuros diputados del PLN ¿Es esta la imagen que quieren proyectar? ¿Y a quién representa Araya? ¿Sienten los liberacionistas que el candidato los representa, después de arrear la bandera en mitad de la batalla?

El conciliador que se vale del miedo y la desconfianza. También llama la atención su llamado a un gobierno de unidad nacional, luego de una campaña en la que enfatizó el miedo a los otros. En vísperas de la elección, cuando hablaba de encabezar un gobierno de unidad nacional, especificaba que no iba a incluir figuras de los "extremos": el Frente Amplio -del que llegó a decir que era un peligro para la democracia- y el Movimiento Libertario, al que descalificó como creyente de un "capitalismo salvaje", y hacia el final de la campaña incluyó en esta ecuación al PAC, al que su campaña achacó falta de experiencia e incluso la volatilidad en el tipo de cambio. No luce como líder conciliador, que tenga la cualidad de inspirar confianza en los otros, a los que desacreditó en diversas formas y escenarios.

El unificador con la casa dividida. Llama la atención, siguendo con este punto, que se quiera presentar como insipiración para la unidad nacional, cuando enfrenta una fuerte división en el PLN. Más allá de que su anuncio de abandonar la campaña levantó voces de reclamo en la actual fracción del PLN, es evidente que el arismo y el figuerismo no lo perciben como el líder que unifique al PLN. Las críticas del expresidente Óscar Arias, aunque indudablemente matizadas por su rencor a la presidenta Laura Chinchilla, evidencian que habrá pelea por el control del partido.

Defender las convicciones, o solo ir a ganar. En política, el ideal debería ser participar para defender las posiciones y las convicciones. Ganar no es el objetivo en sí, sino una forma de concretar los proyectos y valores. Si una posición no es mayoritaria, se debe tener el coraje de defenderla hasta el final, tratando de convencer a otros, y aceptando la decisión final, si fue legítima. Ya en otro comentario sobre el voto útil, se mencionó que no se debe menospreciar la condición de quedar en minoría. Que la política no se debe concebir como una carrera de caballos, una competencia en la que solo ganar interesa, sino como los procesos mediante los que se toman decisiones que inciden sobre el interés público. Y al final, la lucha debe tener sentido por la causa que se defiende y en la que se cree, y no por las posibilidades de victoria.

La verde insignia del valor. Araya alegó que se requiere de más valor para renunciar que para seguir. Esto es muy relativo. Hay que reconocerle al candidato liberacionista que solo él se encuentra en sus zapatos, y es muy fácil opinar sin tener que arrastrar las obligaciones y responsabilidades de una campaña nacional. Sin embargo, alegar que el valor está en la renuncia y no en la persistencia, puede ser una señal equivocada. Para atletas que prosiguieron mas allá de su resistencia, por ejemplo. Y está muy cerca de parecer una señal de irrespeto. Irrespeto para la dirigencia que estuvo peleando con sus propios recursos, regalando tiempo y esfuerzos por la causa liberacionista. Irrespeto para los partidos minoritarios, que sin deuda política y sin grandes donaciones privadas, dan la lucha hasta el final. Ahora, si se tiene detrás el respaldo de un partido que llegó a representar casi la mitad de la población costarricense, tal vez -solo tal vez- se debería tener el coraje de terminar lo que se empezó. Como lo manda la Constitución Política.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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