Rebelión en las urnas: por qué las elecciones en Costa Rica son cada vez más impredecibles


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Anticipar quién ganará las elecciones en Costa Rica pasó de ser un ejercicio relativamente estable, a un vaticinio de pronóstico muy reservado. No se trata de un asunto de analistas o de encuestas, sino de una sostenida y profunda rebelión de los votantes, que son cada vez más rebeldes, se resisten a ser dóciles activos de partidos políticos o de dirigentes, y hacen que su comportamiento sea difícil de predecir.

Hubo un tiempo en que algunos decían: "mi familia vota por el PLN", o contra él. No se discutía. La profunda huella del 48 y la sombra de los caudillos Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer marcó hondamente la política costarricense, y se reflejó en un sistema bipartidista. Eso se está diluyendo cada vez más, con un comportamiento esquivo. Hay varios factores que lo ilustran.

El hundimiento del bipartidismo: De 1953 a 1998, puede considerarse que hubo un dominio político-electoral de PLN y un antiliberacionsimo que se conjuntó primero en varios partidos, a partir de 1966 con Unificación Nacional y desde 1978 con la coalición Unidad, que daría paso al Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). Este bipartidismo llegó a establecer una oposición/alianza, fruto del control absoluto que tenía. Desde 1978 a 1998, sumaban más del 90% de los votos para Presidente, pero desde el 2002, eso se resquebrajó. La suma de los dos partidos con más votos ya solo alcanza niveles de 70 a 80%, y se trató de partidos menos afines, como PLN y PAC.

El segundo naufragio del bipartidismo. También en el terreno legislativo hubo un control casi absoluto. De 1966 a 1998, la suma de PLN y Unificación/ PUSC permitía concentrar el 90% de las curules de la Asamblea, con la excepción de 1974, donde solo llegó al 74%. Esto permitía un control de la agenda legislativa, con solo un acuerdo en las cúpúlas de los partidos. Pero ese esquema se rompió en el 2002, cuando los dos partidos con más puestos solo representan un 63%, luego un 73% en el 2006 y un 61% en el 2010. Y de nuevo, los dos más grandes fueron partidos con poca afinidad, el PLN y el PAC. Los electores son reacios a darle control legislativo a pocos partidos y reparten curules y poder. A su vez, esto debilita fuertes liderazgos a nivel nacional para la Presidencia.

El ascenso del abstencionismo. Los votantes se deciden cada vez más tarde, requieren mása trabajo para ser convencidos, y es más grande la cantidad que al final prefiere declinar por alguna opción. Son votantes más duros. Lo refleja el aumento del abstencionismo, que osciló entre 18 y 20% de 1962 a 1994, pero dio un salto a un rango de 30 a 35%, de 1998 a la fecha. Esto hace que partidos con menos seguidores pueden ser protagonistas, ya que los porcentajes para ser electo se refieren a votos válidos. Un partido cuyos votos representan un 30% con un abstencionismo de un 20%, sube a un 37% con un abstencionismo de un 35%.

La fidelidad perdida. La base de seguidores de los partidos se está reduciendo. Según el estudio "Respuestas ciudadanas ante el malestar con la política" del TSE, citado en el noticiero de Amelia Rueda, al inicio de la década de los 90, el PLN tenía un 32,9% de votantes fieles, para el 2002 habían bajado a 15,6%. El PUSC, por su parte, pasó de 28% de votantes fieles a solo 2,5%, por debajo de un 3,3% del PAC. Es ese mismo lapso, los votantes volátiles pasaron de 27% a 71%. Es decir, la fidelidad hacia cualquier organización política se desplomó, mientras los electores que varían de criterio se dispararon y pueden derrumbar cualquier pronóstico o derribar los porcentajes de encuestas anteriores en muy corto plazo.

La nueva y rápida forma de llegar a los rincones de Costa Rica. Antes se tenía que construir con más recursos y tiempo la plataforma de un candidato. Había que llevarlo por todo el país, organizar plazas públicas para que la gente lo viera y empezara a conocerlo. Por eso primero se organizaban cabalgatas, luego plazas públicas, y después mensajes por periódicos, radio y televisión. Ahora la presencia física parece devaluada. Redes sociales, medios electrónicos permiten que aspirantes con poca trayectoria política irrumpan con más facilidad. Claro, es más difícil lograr la confianza de cada elector, pero el proceso de darse a conocer por todo el país ya no requiere de años, o varias campañas.

No pretende suponer que se trata de todos los factores. Sin embargo, este repaso ayuda a entender por qué ya no se puede predecir, como antes, cuando prácticamente existía una fila de aspirantes al poder limitada, que permitía vaticinar con relativa certeza quien llegaría a Zapote. Había escalones (trayectoria en partido, diputación, candidatura presidencial, derrota en las elecciones y finalmente victoria) que pocos iban llenando en largos períodos de tiempo (lo hicieron Daniel Oduber, Rodrigo Carazo, Luis Alberto Monge, Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez en los últimos años. Se "saltaron" escalones José Joaquín Trejos, Óscar Arias, José María Figueres y Abel Pacheco). Hoy el panorama puede variar en cuestión de meses. Y la razón principal tiene que ver con una rebelión que se concreta en las urnas, con votantes que son cada vez más desconfiados y difíciles de conquistar.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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