Victoria de Solís representa el entierro formal del bipartidismo


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El más de un millón de votos que dieron la Presidencia a Luis Guillermo Solís también terminaron de demoler y dar entierro a uno de los mitos de la historia reciente de Costa Rica. El bipartidismo, que campeara durante más de 50 años, debe ceder el poder a la agrupación que lo desafió y fracturó su poder.

Se trata del entierro formal, porque el bipartidismo tenía rato de haber perdido el control total del poder que tuvo en sus épocas de gloria. Desde 1953, cuando la bandera verde y blanca del Partido Liberación Nacional (PLN) participó en la contienda por las urnas, se generó un movimiento de oposición, que estuvo buscando consolidarse, a partir de 1966 en el Partido Unificación Nacional, y desde 1978 en la coalición Unidad, que fue la base del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

El poder se alternó entre estas dos grandes fuerzas, y de 1978 a 1998 llegaron a acaparar el 90% de los votos para la Presidencia, y cantidades similares de los votos para las diputaciones y las municipalidades. Con un control casi absoluto, los dos partidos se ponían de acuerdo a nivel de cúpulas para la mayoría de los grandes temas, mientras en la Asamblea Legislativa, se llegó a un juego de equilibrios peculiar: en el poder, un partido debía impulsar proyectos que en la oposición criticaría. En casos de denuncias y actos de corrupción, también se apuntaba a un equilibrio: había que empatar. Un caso de corrupción de un partido, exigía evidenciar otro en la otra acera, y no se buscaría profundizar en la responsabilidad de partidos y dirigentes. La impunidad y el desencanto empezaron a carcomer al gigante de dos cabezas, que tenía cada vez menos diferencias en sus planteamientos.

El esquema también promocionó la idea de que solo el PLN y el PUSC podían acceder al poder, y que otras opciones eran causa perdida. Sin embargo, desde la elección de 1994 el bipartidismo empezó a debilitarse. El aumento del abstencionismo del 20 al 30% evidenció que el electorado empezaba a rechazar ese modelo, y en las siguientes elecciones se empezó a minar el caudal electoral, antaño hermético, del apoyo a las dos agrupaciones dominantes.

Primero organizaciones como el Partido del Progreso (1990, con solo 0,18% de votos) y Fuerza Democrática (1994 con 1,8% de votos, y 3% en 1998) empezaron a mostrar que existía un sentimiento de cansancio con el bipartidismo, que un sector de votantes quería un cambio y que aglutinaban sectores a partir de la crítica al bipartidismo. Pero el nacimiento del Partido Acción Ciudanda (PAC) en el 2000, evidenció que esta corriente podía ser algo más que voto protesta, al obligar en el 2002 a una segunda ronda entre el PLN y el PUSC, al alcanzar un 26% de los votos para la Presidencia, y quedar a unos pocos votos del PLN en el 2006.

Ya para entonces, el bipartidismo había perdido su poder absoluto. En la Asamblea Legislativa, desde el 2002 se impuso el multipartidismo, y era claro que no habría marcha atrás, a pesar de que algunos analistas llegaron a vaticinar que el PAC y el Movimiento Libertario podrían tomar el relevo del PLN y el PUSC, como un bipartidismo reeditado. Una situación que los resultados en las urnas llegaron a desmentir.

Sin embargo, pese a tener un bipartidismo que en la práctica no funciona, se requería de un acto formal para acabar con su mítico imperio. Las creencias que se nutrieron de lo simbólico requieren, a su vez, de situaciones simbólicas para renovarse o variar en la mentalidad colectiva. La victoria de Solís, con la bandera que desafió al bipartidismo desde su primer campaña, marca un hito. No solo es la primer victoria de un partido diferente del PLN y la Unidad-PUSC desde 1966; es que la candidatura de Solís solo puede entenderse como un enorme reclamo de cambio, que le permitió al PAC catapultarse desde niveles relativamente bajos en cada elección.

Y la cifra igualmente simbólica de más de un millón de votantes que alzan su voto contra la última trinchera del bipartidismo cumple igualmente una función mítica. Casi la mitad del electorado se rebeló contra la tradición electoral. Ahora, en el futuro, puede ser que el PLN y el PUSC vuelvan a ganar elecciones. Pero a partir de ahora, todo será diferente. El bipartidismo, como un sistema todopoderoso, ha sido derribado oficialmente.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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