Alianzas que buscan sumar, pero pueden restar y dividir


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El ajedrez político costarricense se agita violentamente en estos días, con movimientos que procuran amarrar alianzas y ser la base de una coalición para las próximas elecciones. Sin embargo, en política, la aritmética es diferente, y a veces la suma de partidos y dirigentes, en lugar de aumentar los votos, puede disminuirlos.

Los dos amarres del pasado fin de semana perfilan dos intentos de coalición. Por un lado, un sector del PUSC, Renacer Socialcristiano, el ala distanciada del expresidente Rafael Ángel Calderón, anunció un acuerdo con dirigentes del PAC distanciados del líder del partido Ottón Solís, Juan Carlos Mendoza y Luis Guillermo Solís. Por otro, el grupo calderonista, Convergencia Calderonista, confirmaron que pretenden una convención con el Movimiento Libertario de Otto Guevara.

Caudillismo herido que quiere resucitar. El grupo calderonista quiere retomar protagonismo y espera lograrlo con otra figura que ha sido carismática, como lo es Guevara y su partido, que en la pasada elección quedó en tercer lugar. Conformarían una alianza de centro-derecha, que buscaría presentarse como la alternativa de la oposición ante el PLN. Pero tienen tres problemas de entrada: uno, la condena en los tribunales del expresidente Calderón y las denuncias contra el Libertario por el financiamiento electoral debilitan la confianza, particularmente porque la lucha ética fue una oferta básica del Movimiento Libertario. Dos, la base electoral no se traslada automáticamente. El propio Calderón lo vivió en carne propia, cuando trató de endosar su respaldo a Rodolfo Méndez Mata en la convención del PUSC en el 2001. Tercero, las contradicciones entre calderonismo y movimiento libertario; entre la base populista del calderonismo y la esencia liberal del libertario, sin dejar de lado las diferencias entre los principales líderes de estos grupos, hoy acercados por la coyuntura. Podría ser que la resta de libertarios incómodos con Calderón, o de calderonistas que no se identifiquen con Guevara, al final sea mayor que una eventual suma.

Con vocación parricida. Los sectores del PAC y del PUSC que resienten a sus líderes, intenten proyectarse como fuerza independiente de lo que consideran lastre para la unión. Aquí hay conflictos por resolver. ¿Qué queda de un PAC sin Ottón Solís y de un PUSC sin Calderón? El dilema no es que no tengan la bendición de un líder (ya dijimos que el respaldo no se hereda); el tema es la ausencia de un candidato con proyección nacional o de un proyecto político con raíces. Tanto Mendoza, como Luis Guillermo Solís en las filas rojiamarillas, y Pedro Muñoz Y Roberto Suñol en las rojiazules, tienen poca exposición ante el electorado. Además, ¿cuál es su oferta básica? Aparte de tratar de ser oposición al PLN, hay poco avance en cuanto a un proyecto político cohesionado, con objetivos claros. De entrada, pareciera que falta kilometraje político. De nuevo, lo que se percibe como intento de sumar fuerzas sin figuras que se perciben como lastre, termine por quedarse sin catalizadores de votos.

La clave está en lograr ser considerado por los ciudadanos como la opción. La última coalición exitosa, el PUSC en 1978, surgió de cuatro partidos que en principio no representaban gran caudala electoral, y fueron ignorados por la principal fuerza de oposición del momento, Unificación Nacional. Pero lograron ser identificados como la alternativa, con un candidato carismático, Rodrigo Carazo. Ninguno de estos factores, ser considerados como la alternativa, o disponer de una figura política popular, está sobre la mesa, y son elementos esenciales para una coalición exitosa, como ya comentamos en un post anterior.

Por el contrario, lo que podría ocurrir es una gran división de la oposición. En lugar de sumar, se tendrá a un PAC dividido (el PAC de Ottón Solís, sin coalición, y el PAC no ottonista en coalición); un PUSC dividido ( el calderonista en una coalición de centro derecha, el no calderonista en una coalición de huérfanos de caudillos), y en general una oposición fragmentada entre intentos de coalición que buscan ser "La opción". El único consuelo para la oposición es que el PLN tampoco está compacto, con luchas internas entre el arismo y un figuerismo que todavía juega a tocar el agua electoral para ver si está tibia. Pero de momento, son los verdiblancos los que mejor quedan en este ajedrez de intentos de sumar que, si no se manejan con cuidado, al final pueden restar más de lo que suman.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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