El calderonismo, el primer gran damnificado de la elección 2014


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Todavía no se concreta la elección del 2014 y ya hay dirigentes y partidos que se ven arrasados por la fuerza del torrente político. Algunos deberán esperar al conteo para verificar si sus estructuras siguen vigentes o si se están debilitando sus bases, pero otros, como el calderonismo, desde ahora pueden considerarse damnificados.

Se veía venir desde que el doctor Rodolfo Hernández renunció a su candidatura presidencial, pero se confirmó cuando el expresidente Rafael Ángel Calderón declaró a los colegas de Repretel que no volvería al Partido Unidad Social Cristiana, el PUSC, el partido que fundó. "Ese partido no es ni la sombra del que fundé, no tiene el espíritu que tenía", expresó. Así, el principal representante del calderonismo oficializa que dejará la casa que ocupó esta corriente política desde 1983.

Las implicaciones de esta decisión pueden ser profundas para una corriente que se nutre del personalismo. El calderonismo nace de la influencia del padre de Calderón, el también expresidente, el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, quien también estuvo más allá de partidos. Inició su incursión en el Partido Republicano, que sería sucedido por el Partido Republicano Nacional, con el cual llegó al poder en 1936, y perdió en las elecciones de 1948 y 1962. Posteriormente, el calderonismo encontró cobijo en la coalición Unificación Nacional.

Con la muerte del doctor Calderón, su hijo fundó el partido Republicano Calderonista, que dio albergue al calderonismo de 1976 a 1983. En ese período participaron en la coalición Unidad, en 1978, que llevó a Rodrigo Carazo al poder, y sobre esta base de partidos, se fundó el PUSC en diciembre de 1983.

En su primera etapa, el calderonismo se nutrió de la figura del doctor Calderón y sus proyectos sociales: las garantías sociales en la Constitución Política, la creación de la CCSS y de la UCR, entre ellos. En su segunda etapa, reivindicó la figura histórica del doctor y se amalgamaron como oposición al Partido Liberación Nacional; sin embargo, en él convivieron tendencias que iban desde conservadores a liberales. El común denominador de ambas fases: el caudillismo como elemento unificador.

Sin embargo, el calderonismo luce debilitado. La figura del doctor luce lejana, más histórica y casi mítica, y la del hijo está erosionada por el caso que lo llevó a los tribunales, justamente por el escándalo en la CCSS, la gran obra del padre. Ya no tienen tampoco el respaldo de un amplio sector de la población, para darle vigencia a sus estructuras: el PUSC pasó de representar un 40% del electorado en 1990, a un 3% en las elecciones del 2006 y 2010, luego de los expedientes que llevaron a los tribunales a sus arcángeles, los expresidentes Calderón y Miguel Ángel Rodríguez.

¿Tiene futuro el PUSC sin el calderonismo? Fue la corriente que le dio unidad en medio de sus conflictos de identidad, le dio un referente histórico que ahora lo abandona: no solo Calderón deja el partido, sino varios dirigentes históricos se han ido alejando, incluyendo la Convergencia Calderonista, pero sin olvidar a los exdirigentes que inscribieron el partido Centro Democrático y Social, o que fueron a otras tiendas, como lo evidenciaron las vicepresidencias en el Movimiento Libertario y el PAC. La impresión es de diáspora.

¿Tiene futuro el calderonismo, sin el PUSC? Hay una clara erosión del capital político de Calderón, otrora ajedrecista capaz de protagonizar procesos como el Pacto Figueres-Calderón, en 1995. Veinte años después, luce incapaz de imponer en su propio partido primero a Rodolfo Méndez en el 2001, ó de mantener el control de la candidatura del doctor Rodolfo Hernández, inspirada por el expresidente haciendo referencia al pasado mítico del calderonismo ("El Doctor") y que terminó en tragicomedia de renuncias que mutiló el proyecto para revitalizar al PUSC,y al calderonismo. Estos fracasos en su propio partido hacen suponer que levantar una nueva casa política para esta corriente, que Calderón funde un partido político por tercera vez, sea una labor dífícil. Lejos de la división por la guerra civil de 1948 que daba sentido al bipartidismo, el calderonismo se muestra como un movimiento cada vez con menos sentido en el contexto político actual. Y sin una estructura que lo albergue, sin un relevo evidente, podría empezar a diluírse.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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