Para entrar al club de los ricos, Costa Rica debe cambiar actitudes pobres


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Es innegable que la administración de la presidenta Laura Chinchilla está logrando sus mejores resultados en el ámbito exterior, con la visita de los presidentes Barack Obama de Estados Unidos, y Xi Jinping de China, así como las invitaciones para ingresar a la Alianza del Pacífico y más recientemente, el aval para que a partir del 2015, Costa Rica pueda tocar la puerta a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, (OCDE), el llamado club de los países ricos.

La imagen que se proyecta es muy positiva. Un país pequeño que está llamando la atención de las potencias y de las organizaciones ariete en el comercio mundial, un Estado minúsculo que quiere jugar en grandes ligas. Sin duda, se enviará un mensaje de confianza para inversionistas que complementará la visión del curioso caso de la nación que se negó a tener ejército.

Sin embargo, no hay que lanzar las campanas al vuelo. Ingresar al club de los países ricos no es algo automático y tiene su precio. Bien decía hace algunos años José Figueres Ferrer, en su ensayo "La pobreza de las naciones", que muchos tenemos paladar de champán francés, y bolsillo de cerveza criolla. A todos nos gusta la élite y codearse con grandes niveles, aunque no esté a nuestro alcance. Por ello, el país debe preguntarse por el costo de ingresar a este club.

No se trata únicamente del pago de cuotas, que incluyen, por ejemplo, el pago de 10.600 euros por ser parte de un grupo de trabajo, más el personal que esto requerirá. Se trata de lo que implica ser miembro de este club, que va desde el intercambio de información a la armonización de políticas para maximizar el crecimiento económico. A manera de ejemplo, y sin pretender ser derrotista, sino realista, cito algunos casos donde Costa Rica muestra actitudes pobres que deberían cambiar para aspirar a no desentonar con la OCDE:

Información difusa: No basta con tener estadísticas y cantar loas al libre flujo de la información, se trata de tener información confiable, a la mano y disponible. Pero en el país hay problemas con los datos, como evidenció EF en el 2007. Cuatro años después, la situación era similar: la información del país semeja una Babel moderna. A esto se suman problemas de actitud: en ocasiones, los funcionarios públicos se vuelven la barrera, en lugar de colaborar con la divulgación de los datos. Un caso reciente del periodista Alejandro Fernández lo ilustra.

Política fiscal arcaica: Hay conciencia de que el sistema tributario requiere de una transformación integral y de profundidad, pero los dos últimos intentos, en los gobiernos de Abel Pacheco y la propia administración Chinchilla, naufragaron en errores de trámite torpedeados por la Sala IV. Falta estrategia y actitud, lo que se evidencia en que la evasión fiscal casi es deporte olímpico en el país.

Inversión a prueba: El país muestra importante crecimiento en la captación de inversión externa, pero los dolores de cabeza que generó la inclusión del país en la lista de paraísos fiscales, y el reciente escándalo por el mayor caso de lavado en el mundo, con Liberty Reserch (la acusación habla de $6.000 millones), evidencian que hay tarea pendiente en esta materia.

Corrupción sin castigo ejemplar: El país tiene legislación, pero al final hay pocos casos que se concretan en acusaciones. En el 2011, según las estadísticas del Poder Judicial, solo 8 personas fueron sentenciadas por corrupción agravada. Esto es un 0,008% de las personas sentenciadas en ese año. Y la Fiscalía insiste en que no tiene el personal suficiente para atender las investigaciones de estos casos, complicados y que en los últimos años se han visto teñidos por la polémica, por casos que se han caído por el trámite de la investigación.

Infraestructura herrumbrada: El atraso en este campo es notable, las autoridades hablan de 20 a 30 años de rezago. Se debe encontrar nuevas formas de lograr construir obras, o corregir instrumentos como la ley de concesiones, remendada pero todavía con problemas para ser eficiente.

Toma de decisiones estancada: Quizá el principal problema, la dinámica del mundo actual requiere de naciones que son capaces de percibir las tendencias y actuar en consecuencia. Y Costa Rica se muestra como un país polarizado, en el que el diálogo es un ejercicio olvidado, y en el que el estancamiento es la norma.

Mentalidad, todavía pequeña: No basta con decretar el desarrollo, hay una cuestión de mentalidad que se debe resolver. Si cuando viene un presidente como Xi Jinping se presenta una lista de peticiones gigantesca, si el país se queja de que le recortan la ayuda internacional porque sus indicadores han mejorado, no se está mandando la mejor imagen al mundo.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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