La defensa pusilánime del voto útil


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El voto útil es un concepto que se debería desterrar de una democracia madura. Es la noción de que el voto se puede perder o desperdiciar si se destina a la urna de un partido o candidato con pocas posibilidades de ganar, por lo que se debe buscar un contendiente con opciones para tratar de "validarlo". Sin embargo, la defensa de esta práctica se nutre de una visión pusilánime.

Este debate tiene más relevancia en la actual coyuntura política, en la que hay electores cada vez mas recelosos, en la que se pasó de un esquema bipartidista a uno multipartidista. La recomposición del sistema político requiere de la mayor transparencia que sea posible de cómo se están reacomodando los apoyos. Para ello, es necesario recalibrar algunos conceptos.

El voto no es una apuesta a ganar. Una parte del concepto de "no perder el voto", se relaciona con no "desperdiciarlo" en partidos o candidatos que no tienen posibilidades visibles de ganar. Es un concepto mas propio de una carrera de caballos, donde la apuesta a un competidor solo ofrecerá dividendos si acierta al ganador. Es cierto, las elecciones son para elegir un puesto público, alguien gana y otros pierden. Pero los votos no son una cábala, un apoyo que solo surtirá efectos en la victoria. Es un mensaje, lo que lleva al siguiente punto.

El voto es una declaración política. Al votar por un candidato o partido, el ciudadano proclama que respalda esa propuesta para gobernar. No dice que sea la mejor opción; simplemente la que más lo representa entre las alternativas disponibles. Pero esto no se debe minimizar. Es un mensaje al partido, a los partidos, al sistema político. Aunque ese candidato no gane, da una señal del respaldo que logra. Es una señal que no se debe menospreciar, para efectos de futuras negociaciones políticas e incluso nominaciones políticas para el futuro. Si ese respaldo no es real, se reduce la transparencia del sistema electoral, se inflan artificialmente otras fuerzas y se resta vigor a la voz del ciudadano.

Integrar una minoría no es una derrota. En una democracia las mayorías deben imponerse en la toma de decisiones, pero hay que visibilizar y respetar a las minorías. El primer paso para ello es, precisamente, que las minorías tomen conciencia de su posición y su responsabilidad. Si una postura lo representa, la mejor forma de tratar de darle voz, es darle apoyo. Y esto tiene más sentido en una Costa Rica en la que se pasa de pocos partidos dominantes, a un modelo multipartidista.

Se puede alegar que cada elector es dueño de su decisión y, si quiere, puede tratar de votar contra un candidato, buscando el rival que tiene más respaldo, en lugar de darle el apoyo al candidato que realmente lo representaría. Por supuesto que es una decisión personal. Sin embargo, ese razonamiento es más propio de una segunda ronda electoral, y no de una primera, donde el voto contra alguien no impedirá que gane, si tiene el respaldo para hacerlo directamente. Esto recuerda el argumento de don Camilo, el célebre cura inventado por el genial Giovanni Guareschi, cuando el alcalde Peponne le reclamaba que con sus argumentos lo había hecho variar su voto´. "¡Pero si perdemos lo mato, porque la culpa es suya!", increpó al cura. "De acuerdo", le respondió don Camilo, "Si el Frente pierde por un voto, me matas. Pero si pierde por dos o tres millones de votos, el asunto de tu voto pasa a segundo orden" ("La gran jornada"). Hay que dejarse de discursos de falso pragmatismo. Un voto no hace ganar o perder a un candidato o partido. Pero si dice mucho, aunque sea solo uno, y esa es la clave: cuando habla la conciencia.

Asi que lo mejor que pueden hacer los electores con el voto es recuperar su voz. Hablar con claridad y no con recovecos. Dejarse de justificaciones insustanciales y abandonar la falsa certeza del voto útil. Al final, la única forma de que el voto sea útil, es si representa en forma auténtica el razonamiento de quien lo emite.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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