El mayor déficit en 30 años demuestra que Presidenta mantiene vivo el ciclo electoral


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El déficit proyectado del Gobierno Central para el 2014 sería el más grande en tres décadas, justo desde que el Banco Central lleva registro de este resultado de las finanzas públicas: -6,2% del Producto Interno Bruto (PIB). No solo es lo grande que se presenta esta diferencia entre ingresos y gastos, sino cómo la presidenta Laura Chinchilla se matricula con una tradición cuestionada, pero pocas veces ignorada: el aumento del gasto público que coincide con el ciclo electoral.

En este punto hay que hacer algunas reflexiones. El presupuesto es una autorización de gasto, que se puede concretar totalmente o no en la fase de ejecución, por lo que también hay una responsabilidad que se deja para parte de la siguiente administración, que entrará en mayo. Sin embargo, es relevante analizar lo que sugiere desde ahora, al aumentar el peso que se estaría colocando sobre el déficit del Gobierno Central, el más alto porcentualmente y en términos monetarios.

La previsión de este -6,2% supera el -5,5% de 1994, el último que legó la administración de Rafael Ángel Calderón, así como el 5,2% del 2010, que heredó Óscar Arias, y el 5% del 2013, legado de la actual gestión de Laura Chinchilla. Es el más alto en términos porcentuales, pero también en el aspecto monetario.

Por eso no sorprende el llamado de atención de la Contraloría, que en su evaluación del primer semestre del 2013 advirtió que los gastos crecen a niveles superiores a la producción, mientras los ingresos no alcanzan el ritmo de la economía. "El déficit financiero ha aumentado, lo que establece una insostenibilidad de la deuda a mediano plazo", advierte el ente fiscalizador.

Sin embargo, lo que menos sorprende es la tendencia a que la diferencia entre ingresos y gastos del Gobierno Central tienda a aumentar cada cuatro años, coincidiendo con el ciclo electoral. Esto ocurrió en 1990, en 1994, en el 2002, en el 2010 y ahora vuelve a repetirse en lo que sería la autorización de gastos para el 2014. De hecho, los picos de este déficit se han presentado en cuatro de esos cinco años en rojo.

Solo dos de los cinco últimos años que coincidían con elecciones mostraron descensos en lugar de vigorosos aumentos. Las excepciones corresponden a 1998, y acaso tendría alguna relación a la mala relación que tenía el presidente José María Figueres con el candidato oficialista, José Miguel Corrales del PLN, y al 2006, cuando el presidente Abel Pacheco se impuso la meta de reducir el déficit. De hecho, de los últimos ocho gobiernos, fue el único que redujo en casi dos puntos el déficit, que fue de -2,86% en el 2003 y cerró en -1,05% en el 2006.

Es una tendencia problemática. En si el déficit del Gobierno podría tener alguna justificación: es mejor gastar en necesidades, que ahorrar recortando prioridades. Sin embargo, si no hay contención, el problema se vuelve insostenible a mediano o largo plazo. Además, la tentación a ensanchar la brecha entre gastos e ingresos coincidiendo con el clamor de tambores electorales no deja un buen sabor. Sea una administración que desea cerrar con billetera en mano para saldar compromisos en su recta final, un intento de congraciarse con posibles electores ante el aroma de las urnas, o una gestión que arranca sin rigor monetario, el mensaje es que cada cuatro años se afloja la disciplina, para tratar luego de controlar un poco el panorama, y apenas hay cierto margen de estabilidad, volver a soltar las amarras.

¿Qué se requiere para romper este ciclo? Pueden darse varias alternativas, pero hay que dos están pendientes desde hace tiempo. Primero, lograr una revisión de los ingresos, que en los últimos tres períodos ha sido un objetivo complejo: aunque casi todos coinciden en que se requiere una reforma tributaria, los gobiernos de Abel Pacheco y Laura Chinchilla se enredaron en el trámite constitucional y vieron hundirse proyectos aprobados. Y el último período de Óscar Arias, aunque había prometido enfrentar este problema, prefirió al final aumentar el déficit (¡lo subió casi seis puntos porcentuales!). Segundo, debe darse una mejor revisión del gasto, lo que pasa por mejorar datos y presupuestos, otra meta que se posterga año con año.

Asi que no se trata de complicadas fórmulas matemáticas o políticas, sino de voluntad política para impulsar acciones que se han barajado, pero que requieren de más empuje. Y la vocación de no enredarse cada cuatro años en el juego del ciclo electoral.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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