El dilema de Ottón Solís ¿Cuántas veces es válido aspirar a la Presidencia en Costa Rica?


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Aunque Ottón Solís ha sido enfatico en que no aspirará a la Presidencia luego de tres intentos, un grupo de dirigentes está organizándose en el país para tratar de convencer al fundador del PAC de un cuarto lanzamiento, asidos al argumento de que se trata del político con mayor caudal en la oposición, y que no despunta un aspirante con perfil fuerte para enfrentar al PLN. En esta coyuntura, resulta válido preguntarse cuántas veces es válido aspirar a la Silla Presidencial en Costa Rica.

El sistema político del país pasó por un profundo cambio en esta materia en los últimos años: de 1974 a 1998, la norma era "ponerse en la fila", y quienes llegaban a la Presidencia lo hacían, por lo general, luego de varios intentos, lo que les permitía contar con un sistema de colaboradores y una estructura más o menos afinada. Daniel Oduber requirio dos campañas para ganar en 1974, Rodrigo Carazo dos (1978), Luis Alberto Monge dos (1982) y Rafael Ángel Calderón (1990) y Miguel Ángel Rodríguez (1998) tres, si contamos la interna de 1988 para este último. Las excepciones fueron Óscar Arias (1986) y José María Figueres (1994), que llegaron en su primer intento.

Sin embargo, si hacemos un corte de 1986 a la fecha, la tendencia se invirtió. La norma fue llegar en la primer campaña y la excepción, los dirigentes que se ponían en la fila y subían poco a poco. Asi que ganaron en su debut los ya mencionados Arias y Figueres, y a ellos se les sumaron Abel Pacheco (2002) y Laura Chinchilla (2010). Las excepciones fueron Calderón, Rodríguez y Arias en su segunda incursión, en el 2006. Esta nueva tendencia consiste en movimientos que se generan alrededor de un candidato cuya imagen se impulsa con fuerza, en lugar de una trayectoria que madura, y ello parece haber arrojado como consecuencia gobiernos que tienden a tener problemas para conjuntar una estructura y un equipo de colaboradores ya definido, obstáculo que se percibió en las administraciones de Pacheco y Chinchilla.

El tema es si un candidato con muchas campañas ya perdió opciones. En la historia política reciente, podemos recordar a dirigentes como Carlos Manuel Castillo y José Miguel Corrales, que luego de tres campañas decidieron retirarse. ¿los electores se cansan? Sin embargo, Rolando Araya logró recuperarse de una primaria para el olvido en 1993, y quedar a una segunda ronda de la Presidencia en el 2002. Esto nos demuestra que la coyuntura electoral debe analizarse en cada situación concreta.

En el caso de Solís, logró un debut sorpresivo en el 2002 (400 mil votos) y subió en el 2006 (646 mil, cuando estuvo a solo 18 mil votos de Zapote, pero su descenso en el 2010 (cayó a 478 mil votos, Laura Chinchilla casi duplicó su caudal electoral) le hizo declarar que ya no aspiraría más. Ese es su principal problema, ya que gran parte de su activo político es la promesa de una política diferente, donde no se dice una cosa y se hace otra, su desafío a la política tradicional. Esa es la primer pregunta que deben responder quienes impulsan a Solís. ¿Puede una cuarta candidatura suya mantener el brillo, sin opacarse por la declaración tan contundende del propio Solís, de que solo volvería a este ruedo electoral si habla con Dios?

La segunda pregunta tiene que ver con lo que representa Solís. ¿Puede ganar luego de tres incursiones sin éxito? El panorama fragmentado dentro de la oposición y la experiencia de Solís, al frente de su partido, parecen evitar que se pueda archivar rápido esta idea. Es un candidato que ya ha negociado y que es conocido, lo que reduce el margen de sorpresas. Todavía Solís puede alegar que ha sido de los pocos políticos que en campaña decantó por una reforma fiscal, y luego fue consecuente, al negociar en esa dirección. Además, hay una tercer pregunta válida, tanto para el PAC como para la oposición: ¿tienen otra alternativa viable?

En contra de esta cuarta campaña de Solís, está el desgaste después de tres campañas, y el hecho de que parece haber perdido incluso el control dentro del PAC. Si tiene problemas en lograr consensos dentro de su propio partido, ¿qué puede lograr en el más complicado y confuso ámbito nacional?

Y por supuesto, queda el tema de lo que opine Solís, mas allá de la coyuntura político-electoral. ¿Tiene el ánimo para lanzarse a una cuarta y más desgastadora campaña? Enfrentaría el riesgo de no revertir la caída del caudal de votos y casi sepultar al PAC, pero también tiene la posibilidad de presentarse como la figura con más apoyo dentro de una oposición que en caso de no conjuntarse, es casi un seguro tercer mandato para el PLN. Intentar o no intentar ir por la Presidencia es el dilema para Solís. Si lo asume, se contradice. Si no lo hace, deja al partido que se fundó en posición comprometida.

Dentro de los temas por aclararse, está claro que su bandera de la ética de su partido se vio afectada por las denuncias de problemas con el financiamiento electoral del PAC, que deberán esperar su desenlace para ver si el partido puede salir sin mancha de este gran desafío. Pero en conjunto, el dilema de Ottón Solís va más allá de una eventual candidatura que luce complicada. Tiene que ver, además, con la forma en que están cambiando los códigos políticos en Costa Rica, en el cual se está privilegiando cada vez más imagen sobre trayectoria.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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