Crisis en el Frente por pulso de Villalta y Arguedas: cuando tu diputado es tu enemigo


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Como si los partidos políticos no tuvieran ya suficientes problemas para tratar de lograr la confianza de los ciudadanos y defender su credibilidad, una nueva dolencia los afecta cada vez con más virulencia: se trata de los conflictos con los que deberían ser su primera línea en la búsqueda de respaldo: sus propios diputados.

El caso del pulso entre el candidato a diputado Jorge Arguedas y el candidato a la presidencia José María Villalta evidencia cómo los partidos políticos tienen que andar cada vez más con pies de plomo y llegar a tratar a sus diputados (o candidatos) casi como enemigos.

Este choque entre Villalta y Arguedas pone la credibilidad de todos en el Frente Amplio sobre la mesa. Si Arguedas mantiene su candidatura, la de Villalta se erosiona. Afectará no solo la intención de voto para diputados del Frente, después de años de criticar a los partidos tradicionales, sino la posible votación para Villalta, ya que no logrará mostrarse como líder dentro de su propia agrupación.

También evidencia fisuras dentro de la organización del Frente. Cuando tu candidato presidencial te pide el retiro, a esta altura de la campaña, se impone la disciplina. Arguedas no solo debilita la condición de líder de Villalta, sino que proyecta que la disciplina partidaria en el Frente no es alta. E independientemente de que Arguedas considere injusta la petición, ya Villalta no puede echarse atrás sin un desgaste en su imagen. Asi, se difunde una imagen del Frente movido más por aspiraciones individuales, antes que por trabajo en equipo.

Ahora, no es el único caso que se presenta en esta campaña. En Patria Nueva, la candidatura presidencial de José Miguel Corrales pasó por un pulso con la candidatura a la curul de Álvaro Montero Mejía. Corrales presionó a la Asamblea del partido con su renuncia para que sacaran a Montero de la lista y lo consiguió, solo para que luego el Tribunal Supremo de Elecciones lo reinstalara, dejando debilitado a Corrales.

Tampoco es un problema reducido a partidos pequeños. En 1997, el Partido Liberación Nacional lo enfrentó, cuando el entonces candidato presidencial José Miguel Corrales (ha tenido experiencia en esto de chocar con aspirantes a curules) amenazó con dejar su candidatura si el partido no excluía de las listas a aspirantes con cuestionamientos. Carlos Roverssi y Roberto Sossa prefirieron dejar sus puestos para no afectar al partido, pero Julián Watson se negó y la Asamblea del PLN lo destituyó. El partido se impuso al candidato a diputado. Sin embargo, cuando cuatro años después el PLN volvió a tener un dilema similar, fue la candidatura la que se impuso. El PLN de Rolando Araya exigió la renuncia a la candidata Daisy Serrano y como ella se negó, la Asamblea verdiblanca la destituyó el 10 de octubre del 2001. Empero, el TSE ordenó restituirla el 17 de octubre, por problemas con el debido proceso.

El problema no se termina cuando el aspirante llega a la curul; de hecho, se agrava. En las últimas tres Asambleas Legislativas, el roce es elevado. 24 dirigentes han renegado de los partidos que los llevaron al Congreso y se convirtieron en rivales. Fueron 12 en el período 2002-2006; tres en el 2006-2010 y van nueve en el actual período. Los problemas han sido en el PAC, el PASE, el Movimiento Libertario, el PLN y el PUSC. Incluso el Bloque Patriótico, escisión del PAC, sufrió luego su propia escisión. En promedio, un 14% de quienes han llegado al Congreso terminan por abandonar la trinchera que los llevó a Cuesta de Moras.

Los partidos han tratado de minimizar esta sangría. Han recurrido a compromisos firmados, a cartas de renuncia anticipadas, cursos de capacitación, y el resultado ha sido igual. Nada. En este pulso, los partidos están cediendo cada vez más terreno. Es resultado de una militancia cada vez más diluida y de intereses personales que se superponen a organizaciones que se perciben más como maquinarias electorales, antes que vehículos de pensamiento.

En conclusión, mi visión de la crisis del Frente: está en juego la credibilidad del partido, la imagen de Villalta y la unión del Frente, no solo de cara a las elecciones, sino para definir el futuro del partido. No es un reto menor: otros partidos alternativos en proceso de crecimiento tropezaron en estos conflictos: el PUGEN se diluyó luego de conflictos por la diputación en San José que debía ser compartida en el período 1994-1998; Fuerza Democrática no logró mantener puestos en la Asamblea tras el choque de José Merino y Vladimir de la Cruz por la forma de elegir los aspirantes a diputados en San José en el 2001. Esos roces no fueron la única causa de que estas agrupaciones perdieran terreno en la Asamblea, pero seguramente no ayudó que se mostraran en divididas y en plena guerra interna.

Así que no es un problema de partidos pequeños o mayoritarios, de tradicionales o alternativos, de izquierda o de derecha. Las agrupaciones políticas en Costa Rica no están encontrando la fórmula para que quienes nominan a la Asamblea a ser su primera fila de defensa, bajen esa divisa y se conviertan en su primer enemigo.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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